sábado, julio 16, 2011

Momentos en los que piensas que la vida se equivocó. No hiciste nada para merecer un padre así, una madre así, unos hermanos y hermanas así. Y sin embargo, disfrutas de ellos, y los malgastas siempre que puedes. Sonríes porque habrá más días, más películas por las que ir al cine o más obras por las que aplaudir cuando echen el telón. Sin embargo, esos días se acabarán, y luego no habrá nada más. Cada uno de nosotros piensa en su propio cielo, su propio después, pero no hay nada; solo existe el ahora, solo existen esos pasos por el pasillo, esas manitas que te tiran de la camisa. Caminamos por un sendero de piedras afiladas, pero ese sendero nos depara siempre lo mejor. No pensemos que el camino nos devolverá al punto de partidas, jóvenes y robustos. Pisemos firme sobre los guijarros, sonriamos antes el dolor, y disfrutemos cuando brille el sol, que ya se pondrá. La muerte somos nosotros mismos, estamos muriendo, pero vivamos y bebamos, olvidemos que creamos un mañana, un futuro, un ente invisible que nos devora poco a poco, y que en realidad no existe. Sonríe, sonríe siempre y sin ningún motivo, porque entonces las piedras del camino se convertirán en suaves adoquines, un suelo sobre el que poder tumbarte a contemplar el eterno baile de las nubes. ¿Puedes pedir algo más?

miércoles, julio 13, 2011

Itaca
Konstantino Kavafis


Cuando emprendas el viaje hacia Itaca
ruega que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
A los Lestrigones, a los Cíclopes
o al fiero Poseidón, nunca temas.
No encontrarás trabas en el camino
si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita
la emoción que toca el espíritu y el cuerpo.
Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
ni al feroz Poseidón has de encontrar,
si no los llevas dentro del corazón,
si no los pone ante ti tu corazón.

Ruega que sea largo el camino.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que - ¡con qué placer! ¡con qué alegría! -
entres en puertos nunca antes vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finas mercancías
madreperla y coral, ámbar y ébano,
y voluptuosos perfumes de todo tipo,
tantos perfumes voluptuosos como puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
para que aprendas y aprendas de los sabios.
Siempre en la mente has de tener a Itaca.
Llegar allá es tu destino.
Pero no apresures el viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que ya viejo llegues a la isla,
rico de todo lo que hayas guardado en el camino
sin esperar que Itaca te de riquezas.
Itaca te ha dado el bello viaje.
Sin ella no habrías aprendido el camino.
No tiene otra cosa que darte ya.
Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado
sabio como te has vuelto con tantas experiencias,
habrás comprendido lo que significan las Itacas.

lunes, junio 20, 2011

Morirás. Desaparecerás. No eres nada, nunca serás nada. Siempre habrá alguien mejor que tú, y si no lo hay, te enfrentarás a la historia. Ese abuelo que te decía que aprovecharas la vida cuando la vida empezaba para ti, ese abuelo serás tú. Un día estarás arrugado, un día pasará la orquesta bajo tu ventana y no estarás bailando. Un día se acabará la tinta y te dará igual. No solo mueren los demás; un día serán tus ojos los que alguien tendrá que cerrar por ti. Los amaneceres, los portales, los abrazos y los ojos brillantes, todo eso será pasado, y venderías a toda tu familia por una noche de tu juventud. El tiempo no pasa, tú eres quien pasa y desaparece, mientras el reloj da una vuelta más, siempre. Tu vida no es nada, tus años no son nada. Hoy estudias, mañana beberás para olvidar un despacho que dura ya 20 años. Vivimos y morimos, somos así, ¿por qué? Como dijo una peluquera, no te preguntes nunca por qué, sino para qué. Para que disfrutemos de cada amanecer, de cada portal, de cada pequeña mano que se aferra a tu mano. De cada rizo que cae por una espalda. De cada correo, de cada minuto sentados en los escalones, dejándose salpicar por el futuro. Un día morirás, y vendrán tantos detrás de ti que tú ya no existirás. Pero si el futuro llega, es gracias a ti. Vive cada hoy, para que llegue un mañana.

lunes, mayo 30, 2011

El cuerpo todavía yace en el suelo. Ha sido esta tarde, pero mi mente se ha adueñado de esa mujer, de esa muleta, de ese pelo canoso. Todavía yace en el suelo, inerme; varios brazos la han levantado, pero para mí sigue sin vida. Es un recuerdo estúpido pero con demasiado vida, que me lleva a una vida que no puede quedarse en un recuerdo. Días asegurándote de que no faltara nada, noches saliendo al pasillo para ganar tiempo. Y al día siguiente, otra sonrisa, otra cara de sorpresa cuando alguien te confíe una tontada. Porque lo tuyo siempre serán tonterías, paranoias, solo los demás tienen problemas serios. Y mientras, la mujer sigue en el suelo. Corro hacia ella, intento levantarla, pero no puedo. No tengo fuerza, no sé cómo usarla; me obligan a dar un paso atrás. Ella está perfectamente, doy un paseo por la plaza mientras la observo de lejos. Miro, espero que los problemas se hayan alejado. Luego vienen canciones. Canciones que eran alegres pero te recuerdan momentos pasados y por lo tanto tristes. Favores utilizados, besos para otra, esperar y que nunca aparezcan. Las voces en las canciones y en la vida real son siempre parecidas, siempre hay un hilo que puedes recorrer hasta un momento desagradable, para huir a uno alegre que desaparece y te trae más dolor. No somos viejos, no somos mayores; no somos adolescentes, no somos niños. Hemos vivido y hemos sufrido, pero siempre habrá alguien que haya sufrido más. Nos queda el amor, unos ojos que se empequeñecen al sonreír, alguien que simplemente llega y se sienta contigo en el sofá. Sonrío, pero la mujer todavía yace en el suelo.

jueves, mayo 26, 2011

No pienses en los granos que están cayendo. Piensa en los que cayeron y reíste, en los que cayeron y lloraste y aprendiste y más tarde reíste. No cuentes los 35 días que faltan, porque llegarán y no tendrás nada que contar. Cuenta las gotas que caen hasta que rompe a llover, cuenta los suspiros de tu perro hasta que se duerme tranquilo. No busques en cada atardecer un lugar en el césped para contemplarlo, porque no tienes con quién hacerlo. No memorices cada cifra de un móvil que no te llamará, en el que no existirás. Memoriza las caras de quienes sonríen al verte, de quienes siempre te escuchan cuando hablas. No aprendas a tocar la guitarra, el violín, el piano, solo porque le gusta la música. Si nunca te gustó, ¿por qué tienes que cambiar? Siéntela, y que otros la destrocen tratando de explicarla. No lo llames ahora, no lo busques en cada bar, en cada clase, porque aunque esté, no estará para ti. Déjalo que desaparezca, que cada uno vuelva a su rincón, a su país, a su mundo, y que la vida siga brillando. Detrás de estas nubes se esconde el sol que deseas, conque no llores por él. Solo vive, y deja que la espera muera por sí misma.
 

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