lunes, mayo 20, 2013
Hay una gran delicia escondida en dejar colgar los pies. Asumir que el suelo huyó de nuestras raíces y solo hay aire. Frío vacío. Los tobillos, siempre a noventa grados, deben definirse; ya no vale ser un mártir, asumir esta forma por el resto del cuerpo, sino que te toca vivir. El movimiento ya no es rígido, siempre hacia delante, sino que el tiempo se arremolina como las ondas en el agua. Nuestros apéndices juguetean como dos cerezas hermanas, finalizadas pero sin llegar a su meta. Se golpean entre sí como canicas o, peor aún, simulan una tijera, deseando volver a andar para no tener que pensar. Cuando confiamos nuestras piernas al aire, nos sorprende descubrir que pesan, que tienen volumen y también protestan. No podemos creernos que tenemos que trabajarnos el camino: equilibrio y ritmo no son conceptos filosóficos sino nuestra vida diaria. Y no lo vemos porque solo miramos el horizonte. El paisaje, la compañía o el vacío, la lluvia. Solo cuando surge un problema y perdemos nuestro equilibrio, nuestro ritmo, solo entonces vemos los dedos ridículos, las venas gruesas y los callos. Creamos sonetos de los ríos de oro, los panales de miel y los bosques más espesos. Sin embargo, perdimos el sentido de lo esencial, de lo real, de lo que nos sostiene. Por eso, si vamos caminando nos ciegan los ojos, los labios, las metas. Nunca pensaremos en los pasos que hay que dar, en qué piernas estamos forjando, sino que solo nos preocupa llegar hasta nuestra diosa.
martes, mayo 07, 2013
Cuando te conocí estaba enfermo. Aún lo estoy, pero lo voy llevando. Desde entonces, tengo que añadir una sonrisa a cada frase, para que no me malinterpreten. No digo que esté mal, solo que está de más. Antes me conocían y sabían qué decía. He cambiado un poco, es verdad, pero no más que las montañas. Sois vosotros quienes habéis cambiado. Tampoco es una queja, ojo, ni un reproche; solo trato de constatar lo que es obvio. Antes sudaba y era yo. Solucionaba cosas y era yo. Comprendía y consolaba y era yo. Ahora soy el que tiene que esconderse, callar y obedecer y callar porque no entiende nada. Era el mejor dando abrazos, era sabido por todo el mundo, pero ahora no hago más que recibirlos. Y encima tengo que aceptar con gozo paseos espinosos, regalos de refilón. Y obedecer, porque mis ideas no le gustan a nadie. Y sonreír, siempre sonreír, porque nos lo estamos pasando bien, porque lo que disfrutamos lo hicieron otros y no yo. Mira, es que me canso ya de bufar con cada corte, callar con cada lenta puñalada, jugar solo entre bambalinas. Normal que sea violento si me convertí en la sombra de mi persona, y ahora tengo que seguir sus pasos a desgana. El mundo se movió y yo no probé el chocolate. Y me alegro, porque ni siquiera quiero tocar vuestra comida. Me da igual que despreciéis mis bocadillos, porque son míos y los disfruto pese a vuestras miradas de prepotencia. Reíd si queréis, solo estáis dejando bien claro de qué os alimentáis en realidad.
domingo, abril 28, 2013
Cuando el profesor pregunta, ella es la primera que levanta la mano. Todas las fórmulas, todas las teorías, todo. Es la número 1 de la clase. Todos la miran con envidia porque puede pasarse noches en vela leyendo más sobre el universo. Conoce hasta las anécdotas de los genios, sigue en Facebook y Twitter a gente que hace chistes frikis y los entiende y se ríe. Lucha por la carrera porque le gusta pero en realidad no es así. En realidad no le gusta la física. Sí, tiene ciertas cosas que busca pero son razones equivocadas. Le gusta discutir sobre los pliegues del universo, sobre dimensiones paralelas y las cargas electromagnéticas. Le gusta disertar y defender con entusiasmo cosas que nunca verá, nunca podrán comprobarse si existen fuera de la pizarra. Le encanta memorizar autores y teorías, historias que explican el comportamiento de la naturaleza, aunque muchas de ellas sean contradictorias, aunque muchas solo sean válidas hasta que alguien las supere. Le gusta que los demás la miren con extrañeza, que nadie entienda de lo que habla ni tampoco quiera saberlo. Que la compadezcan por dedicar su vida a algo inútil, nada práctico, en lugar de ser médica, arquitecta, algo serio. Por todo esto cree que le encanta la carrera, pero los rasgos que hacen que la ame son justos los mismos que la literatura, la rama que despreció hace años por razones equivocadas. Estudió física y no literatura por comodidad, por no perder a sus amigos; cuatro detalles estúpidos que la confundieron. Sí, le encanta memorizar autores, pero más escritores; disfruta con las teorías del universo, aunque solo son remedos de las corrientes que estudiaban al ser humano, que diseccionaban sus pasiones y su futuro; le encanta hablar de la explicación de la realidad, aunque acabe siendo lo más ajeno a ella, pero eso no lo encuentra en la física sino en la literatura. Sí, la física podía parecer lo más adecuado para ella, pero eran los detalles los que camuflaban la esencia, totalmente opuesta a su interés. Por eso, aunque parecer ser perfecta, sabe que no es lo que busca ni mucho menos lo que quiere.
miércoles, abril 24, 2013
La realidad mató el sueño, vendimos pelo y uñas por una mentira y la verdad nos apuñaló. Ya no tengo valor para mirar las noticias. Hace tiempo que me río de la actualidad porque tengo miedo del mañana. Pero ahora me da igual. Dejemos que el cielo se caiga, dejemos que las ciudades ardan. Vamos a por una jarra más, un helado más, un libro más. Rompamos el clavel sin miedo, porque otros florecerán en un tiempo totalmente distinto. Nuestros sobrinos, nuestros nietos, todos las regalarán por la misma razón que nosotros: porque han encontrado alguien que merece la pena. Cerveza, sangría, ron, todo es lo mismo: celebrar los días que perdemos, los años que se cargan nuestro pelo y en nuestra tripa. Nada volverá a ser como antes y precisamente por eso será maravilloso, porque seguiremos sin saber absolutamente nada de lo que estamos haciendo. Olvídate del autobús, de trabajar en el extranjero o de pagar el alquiler. Apostaremos por lo mejor para nosotros; seguro pensamos que nos equivocamos pero el tiempo nos dará la razón, porque elegimos nosotros. En cada segundo abrimos nuestro camino a machetazos, con cortes y ampollas, pero la senda es solo nuestra. Sufriremos pero después veremos el patrón, los puntos que había que conectar, lo que quisimos ser. Tenemos miedo, debemos tenerlo. Pero al amanecer nos reímos del estúpido miedo de la noche. Y por el camino nos llevamos abrazos y risas, que es lo único que alarga nuestros días.
domingo, abril 21, 2013
Si algún día tengo un hijo, le prohibiré leer más allá de Marca o de Crepúsculo. No quiero que sea tonto, pero por nada del mundo quiero que piense, que reflexione, que intente comprender. Solo pido que sea despierto y sepa cómo van las cosas, pero que no busque comprenderlas, sentirlas. Al conversar, que entienda qué quiere el otro, solo para convencerlo de su punto de vista. Ojalá tenga unas firmes convicciones, un sistema que le sirva para vivir y que no se cuestione nunca; unas creencias, correctas o erróneas, pero suyas. Si tengo un hijo, quiero que sienta que ciertas cosas son solo suyas, que puede poseerlo para siempre. Sentimientos, dependencia, vulnerabilidad; palabras que solo usará en canciones simples para conseguir chicas. Chicas que solo serán eso para él, y nunca seres completos, superiores y brillantes. Ojalá para mi hijo solo exista él mismo, luego él y por último más de lo mismo. Un egocéntrico convencido, un ególatra carismático que, mediante una buena acción al mes, consigue enamorar al resto de su sociedad. Una persona cuyas pretensiones se pueden contar en carne y no depende de un trabajo que le realice, una relación que tenga que trabajarse. Que ría, beba y duerma bajo las estrellas. Que sufra lo justo para poder contarlo, pero que no cambie su vida. Ojalá mi hijo sea feliz porque nunca se preocupe por buscar la felicidad ni pensar en ella.
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