domingo, junio 09, 2013

Hay cosas que llegan, cosas que llegaron y no las viste, cosas que nunca llegarán y cosas que jamás partirán. La vida es como ese sendero de piedras para cruzar el río, saltando de una a otra para no mojarte. Si te caes, te ahogarás en el sinsentido de la vida con minúsculas: trabajos, amoríos, viajes, regalos, odios, gentes. No puedes mantener el equilibrio sobre una roca: ponerte la lista de reproducción de 6 años atrás y el videojuego de tu adolescencia, y fingir que el tiempo no pasa. El río arrasa con todo. Solo sobreviven los afortunados del lecho, incrustados como ostras tejiendo perlas sobre el dolor de un grano de arena. Sobre esos pilares brotará el sendero que te permitirá cruzar el río, vadear cualquier obstáculo. En el fondo, da igual la edad, la educación o la compañía. Ni el pasado, ni los filósofos ni tu pareja va a vivir tu vida. Solo tu. Por eso tienes que pivotar siempre sobre las rocas, con la vista fija en el horizonte para no marearte. Y beber y llorar y aprobar exámenes y romper corazones y pelear y robar y que te roben y que desees que te roben y reír, siempre reír. Solo podrás llegar hasta la otra orilla si eres siempre consciente de dónde te apoyas, si sientes esa piedra y no deseas estar en la siguiente. Los juguetes partieron a la guardería, la universidad se acabará y un nuevo día brillará. Pero no vives ni el pasado ni el presente, ni un kilómetro al norte o al sur. Cuando te sientas perdido, mira tus manos y valora su trabajo. Recuerda que solo tú las mueves y puedes ponerlas donde quieras. No te cortes, aprende ese acorde y acaricia ese pecho. Solo tú podrás hacerlo.

domingo, junio 02, 2013

Robert Frost tomó mi camino y se arrepintió toda su vida. Los suspiros marcan los caminos, las huellas son los latidos. Callar cuando no debías y hablar en algún momento, nunca es buen momento. Pero el problema no es que el calentamiento global acabase con el hielo, sino que el invierno construyó otro planeta, otra población que en nada se parecía a la real pero que era su única verdad. Como dijo una vez la Maga, da igual el cuadro que seas mientras no seas un espectador. Vale, sí, los visitantes hacen necesarias las pinturas, las esculturas, pero no son parte del museo, no conforman la realidad. Son la horda extranjera que acota y precinta el museo. Y el frío, no contento con ser un simple espectador, se convirtió en el peor público posible: aquel descontento con lo que ve y que decide crear otra lectura, una metáfora mucho más compleja que la primera pero cómoda para él como un guante. Si la modelo era antipática y antipersonal, el hielo creyó ver más allá de la propia realidad para hallar la Verdad, y así plasmó su arte. Los paisajes retorcidos se convertían en retablos barrocos; las aguas insalubres, en mentes líquidas para una nueva sociedad. Se quitó el sombrero y se sentó junto al río para disfrutar, para contemplar su creación y vio que todo era bueno. Pero su vida era una narración sin antagonista, una luz sin oscuridad que le diera sentido, y el frío no podía soportarlo. Él era el bien, el orden de todo, así que no se atrevió a crear el mal pero dejó que floreciese en su interior. Rabia, odio, rencor, angustia. Caballos desbocados que llenaban de mierda los bellos jardines del invierno. Así que el hedor se extendió por donde pudo y el frío no hizo nada. Las modelos reventaron en espuma, los árboles temblaban por el mono, la hache de hola se clavaba en sucesivas oleadas, y el odio... Frost odió a sus musas, a las imágenes que había creado, porque eran todo lo que él siempre había odiado.

viernes, mayo 24, 2013

Viste la luna una noche, no vivas pensando en habitarla.
Hay trenes que nunca pasaron, solo era una farsa.
No cuentes las millas porque nunca mandarás una carta.
Quema los libros, quémalos ya.

Santander es solo un punto en el mapa,
nunca vida ni tiempo ni caras.
Olvídalo, desiste de visitarla.
Solo queda esa bolsa de patatas,
una risa que nunca acaba,
enamorarla con la guitarra,
amarla.

Pero la verdad desagradable asoma;
tus recuerdos son falsos, solo una broma,
y esos árboles solo alimentarán la carcoma.
Diviértete hasta que tu casa arda.


lunes, mayo 20, 2013

Hay una gran delicia escondida en dejar colgar los pies. Asumir que el suelo huyó de nuestras raíces y solo hay aire. Frío vacío. Los tobillos, siempre a noventa grados, deben definirse; ya no vale ser un mártir, asumir esta forma por el resto del cuerpo, sino que te toca vivir. El movimiento ya no es rígido, siempre hacia delante, sino que el tiempo se arremolina como las ondas en el agua. Nuestros apéndices juguetean como dos cerezas hermanas, finalizadas pero sin llegar a su meta. Se golpean entre sí como canicas o, peor aún, simulan una tijera, deseando volver a andar para no tener que pensar. Cuando confiamos nuestras piernas al aire, nos sorprende descubrir que pesan, que tienen volumen y también protestan. No podemos creernos que tenemos que trabajarnos el camino: equilibrio y ritmo no son conceptos filosóficos sino nuestra vida diaria. Y no lo vemos porque solo miramos el horizonte. El paisaje, la compañía o el vacío, la lluvia. Solo cuando surge un problema y perdemos nuestro equilibrio, nuestro ritmo, solo entonces vemos los dedos ridículos, las venas gruesas y los callos. Creamos sonetos de los ríos de oro, los panales de miel y los bosques más espesos. Sin embargo, perdimos el sentido de lo esencial, de lo real, de lo que nos sostiene. Por eso, si vamos caminando nos ciegan los ojos, los labios, las metas. Nunca pensaremos en los pasos que hay que dar, en qué piernas estamos forjando, sino que solo nos preocupa llegar hasta nuestra diosa.

martes, mayo 07, 2013

Cuando te conocí estaba enfermo. Aún lo estoy, pero lo voy llevando. Desde entonces, tengo que añadir una sonrisa a cada frase, para que no me malinterpreten. No digo que esté mal, solo que está de más. Antes me conocían y sabían qué decía. He cambiado un poco, es verdad, pero no más que las montañas. Sois vosotros quienes habéis cambiado. Tampoco es una queja, ojo, ni un reproche; solo trato de constatar lo que es obvio. Antes sudaba y era yo. Solucionaba cosas y era yo. Comprendía y consolaba y era yo. Ahora soy el que tiene que esconderse, callar y obedecer y callar porque no entiende nada. Era el mejor dando abrazos, era sabido por todo el mundo, pero ahora no hago más que recibirlos. Y encima tengo que aceptar con gozo paseos espinosos, regalos de refilón. Y obedecer, porque mis ideas no le gustan a nadie. Y sonreír, siempre sonreír, porque nos lo estamos pasando bien, porque lo que disfrutamos lo hicieron otros y no yo. Mira, es que me canso ya de bufar con cada corte, callar con cada lenta puñalada, jugar solo entre bambalinas. Normal que sea violento si me convertí en la sombra de mi persona, y ahora tengo que seguir sus pasos a desgana. El mundo se movió y yo no probé el chocolate. Y me alegro, porque ni siquiera quiero tocar vuestra comida. Me da igual que despreciéis mis bocadillos, porque son míos y los disfruto pese a vuestras miradas de prepotencia. Reíd si queréis, solo estáis dejando bien claro de qué os alimentáis en realidad.
 

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