martes, marzo 01, 2016

No encuentro el Amberes de Bolaño en ninguna librería. Alguien se me adelanta, retirando el libro de todas las estanterías, relegándolo a donde pertenece: la ensoñación veraniega de libertad. No podemos tocar lo que pensamos porque sería demasiado diferente, lo Real nos mataría. Perfumamos las rosas porque su olor Real no nos parece lo suficientemente real. Insertamos un día más cada cuatro años porque nuestro calendario no funciona. Cambiamos la hora a nuestro antojo, con una excusa más criticada que defendida. El juego se ha convertido en una profesión y el trabajo, en un game over y gastaste todas tus monedas. Las oficinas de empleo no buscan trabajo, solo controlan el paro. Las universidades no imparten conocimiento, solo aptitudes para jóvenes pre-parados y actitudes de sumisión para viejos post-adolescentes, conocedores de que nada es bueno. Preparamos cursos y congresos sin importar el contenido, solo por el diploma que acredite que hemos realizado un trabajo acreditable, un conocimiento mensurable y troceable y equiparable y... Siempre esperamos un y que traiga el último término de la enumeración, la palabra más importante que disfruta su trono sobre el punto final. El Deus Ex Machina que nos recoja de la garita de segurata en un parking de playa de serie B y nos corone en un Olimpo inmortal. No existe corona, los inmortales son bizcos o ciegos y nosotros nunca seremos plural porque nuestras palabras se pierden cada noche en una tormenta de barro. Por eso no encuentro el Amberes de Bolaño, porque no quiero ver los libros de papel sino las palabras del código binario, amor y muerte, en los huecos de las estanterías. Por eso y porque no tendría dinero para pagarlo ni valor para leer lo que nunca sé si existió.

lunes, febrero 22, 2016

Vamos a morir. Tú y yo. No esos que pensamos que seremos en un futuro, esa vaga persona que tantas cosas iba a ser y nunca fue. No. Moriremos tú y yo. Del mismo modo que ahora estás leyendo, un estertor cerrará tus ojos y morirás. Y yo también. No hay mayor seguridad que eso. Y mientras lo esperamos, irá muriendo todo lo demás. Morirán nuestras mascotas, nuestras flores, nuestros seres queridos. Amigos y familiares; los que no mueran antes, morirán después de nosotros. Nosotros moriremos incluso antes de morir. Nuestra relación se irá consumiendo en un lento final, una sucesión de muertes conforme vayamos evolucionando, envejeciendo, muriendo. Todo lo que conocemos va a ir muriendo poco a poco, ya lo está haciendo. Los lugares ya no son como antes. Esos momentos ya no volverán, solo manchan de sangre bancos y paradas de autobús para que recuerdes esas lápidas. Mires donde mires solo hay muerte. Y así será hasta que mueras. Comprobarás que todo lo que disfrutaste murió y fue reemplazado por un nuevo ser que volvió a morir. Y que así sea. No hay nada peor que morir sin sentir que ya moriste. Sufre mucho y muy intenso, porque eso significa que perdiste algo. Muere mucho porque significa que vives mucho.

miércoles, enero 27, 2016

Mira, llega un punto en tu vida en el que descubres que vas a decepcionar a la gente. A poco que te muevas, fallarás a todos los que más o menos te quieren. Será sutil; un día te dirán que hace tiempo hacías cosas grandes y tú no le darás importancia. Pero poco a poco verás que ya no hablan de ti como antes. Te recuerdan, claro que sí, todos lo hacen. Pero recuerdan al niño que fuiste, al líder que eras, la promesa que encarnabas. Viven en el pasado y no te conocen. Ya no. Por eso es mejor que los decepciones pronto, para poder vivir. Ah, toma las patatas.

lunes, enero 18, 2016

Por culpa de Pixar, ahora me siento culpable por cambiar de móvil. No puedo soportar que el viejo sufra y se sienta abandonado. Debe de estar pensando que soy un imbécil y no tengo razones para desmentirlo. Sigo vivo un año más, abandonando cosas a cada paso. No temo a la muerte; temo al tiempo porque lleva años matándome, un poco cada vez. Cualquier mirada atrás es un reguero de sentimientos muertos, de personas distanciadas y dolor miedo angustia rencor... indiferencia. Fría indiferencia. Muerte. Nos esforzamos por ser idiotas, por avanzar hacia nuestros sueños a costa de pisotear lo demás y ni siquiera obtenemos nuestros sueños. Seguimos corriendo para quedarnos solos, para ser un gordo calvo que podría haber conservado todo. Los dientes amarillean y las muelas duelen. Despreciamos la voz que nos suplica, la mano que tira de nosotros. Nos centramos en la conversación de Whatsapp que despreciamos. Leemos los cientos de comentarios y no decimos nada, porque no nos interesa. Somos mejores, no nos debe interesar. Planificamos el calendario para hacer planes con todos; con todos nos sentimos desplazados. Hablamos y las palabras ya no dicen lo que queremos, ya nadie nos escucha al hablar. Demolemos lo que construimos, enterramos lo que sentimos, apartamos aquello a lo que pertenecemos. Buscamos algo más blanco, más rápido, más suave. Tiramos los agujeros porque nos muestran lo que hay debajo, lo que somos y lo que fuimos. Todavía a tiempo de gritar y agarrar una mano, nos regodeamos en nuestra miseria. Jugamos con la costra para que la herida no cierre. Somos la herida. Somos una sombra perdida en el tiempo. Somos la muerte. Joder, no quiero ser un gordo calvo.

miércoles, enero 06, 2016

Ahora.

No pienses, porque el momento pasa.
Vive lo que soñaste,
disfruta y aprende
cuando nada más quede.

Luchaste por el sol y
negociaste la luna;
no dudes más y disfruta
ahora que los puedes abrazar.

Acaricia el miedo,
saborea envidias
y huye de los consejos
que tu Ítaca alejan.

Mójate,
quémate,
equivócate una y otra vez.
Rueda por la nieve
hasta que tu ropa se empape
de risas, pánico y cariño.

Vive el ahora
porque es hijo de todo tu ayer.
Vive hoy
porque es lo que siempre serás
mañana.

 

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