martes, junio 06, 2017
Mucha gente no sabe o tiene miedo a estar sola, a mí me aterroriza estar acompañado. Cuando estoy solo me rodeo de los mejores y me sumerjo en historias milenarias: novelas, videojuegos, cine, las miradas que intercambian desconocidos en la calle o al compartir un café... Cuando estoy con alguien ya no puedo disfrutarlos. Ese alguien rompe la pompa de jabón en la que floto y me obliga a vivir; ya no puedo ser otro sino que soy plenamente consciente de mis límites carnales, de mi mortalidad y de mi vista clavada a dos globos oculares. Cuando estoy acompañado debo ser yo y vivir mi vida. Cuando estoy solo aún puedo ser toda la humanidad.
lunes, mayo 22, 2017
Cuellos de camisa. Mangas por delante y por detrás. Más vapor para hacer menos fuerza. Simples consejos tomados del natural, al observar a la madre que todo lo hizo. Cada uno de sus gestos y detalles sigue siendo reverenciado, cada gusto paladeado con los ojos cerrados, cada canción escuchada muy dentro para sentir la caricia de cada corchea. Son esos pequeños gestos los que me esfuerzo por redescubrir cada noche, antes de dormirme, y atrapar para no olvidarlos nunca más. Las pequeñas cosas, sonrisas y manías, que nos devuelven ese abrazo perdido, que perfilan un retrato que nunca se perderá. Y sin embargo, tantos detalles se han quedado atrás que solo quiero sentarme y llorar por la vida que se sigue yendo cada día, por esa niebla que sepulta tantos gestos... Bailes que se fueron, canciones que nunca volveré a escuchar porque significan demasiado; trato de impregnarlo todo para que nada se pierda. Trabajo, canciones, bondad, llorar...Nunca podremos revivir ni un solo fragmento, y quizás eso nos ayuda a seguir caminando hacia un horizonte que nunca vendrá. Hoy, sonrío al recordar bromas tontas para conseguir una sonrisa tímida cubierta con la mano. Hoy, entre el dolor que implican estos recuerdos, la música me ha traído una pincelada de felicidad y un nuevo retazo para el álbum. Hoy, no me asusta tanto el mañana.
domingo, abril 30, 2017
Nadie, ni siquiera Dios, sabe lo que haría sin ti. Los acordes serían notas desafinadas y las flores, pergaminos descoloridos que esperan convertirse en arena. No puedo hablar de ese supuesto futuro porque sería arrancar una parte de mi vida, una parte de mis entrañas tan inseparable como un pulmón, un ojo, un corazón... Ni siquiera las metáforas más conocidas se pueden acercar a cómo se descuelga mi boca cada vez que tus ojos me sonríen, cómo me convierto todo en un escalofrío al escuchar tu voz cerca de mí. Allá donde voy solo escucho felicitaciones y ni siquiera les presto atención, porque solo han podido conocer la parte más externa de ti; dos años después, disfruto todavía más al explorar todos los recovecos que aún no he cartografiado. Toda una vida me parece poco para conocerte mejor, para memorizar cada poro de tu piel y cada ángulo de tus labios. Como mero aprendiz, me esforzaré cada día por pulir mis fallos y aumentar tu luz, nuestra luz, para que el mundo entero vuelva a descubrir qué es amar y pueda revivir, cada uno, su pequeña llama. Porque si algo tengo claro es que no puedo acaparar una joya como esta, sino que debo mostrarla al mundo; en primer lugar, a la propia ostra que no ve sino un grano de arena.
sábado, abril 08, 2017
Escribir una novela no es difícil; al final y al cabo, solo son palabras. Lo difícil de verdad es darle vida. Si apenas puedo vivir la mía, ¿cómo voy a mover a esos personajes por un mundo que depende de mí? Supongo que en realidad no será así, que todo consistirá en seguir el hilo sin dejarse llevar a cálidos mares de desidia y pereza, de miedo y de arrogancia. Maldecimos en silencio por tener que levantarnos cada día de la cama para seguir labrando nuestro destino, una aguja que debemos encontrar en un pajar ardiendo. Nuestras sólidas creencias se desvanecen en el aire y dejan un férreo rastro de miedo ceniciento, un poso amargo que corroe nuestros corazones. Ya no somos capaces de sonreír por miedo a enseñar los dientes podridos. Ensayamos nuestras risas para no sonar como retrasados. Hemos cortado nuestras vidas hasta encajar en el patrón, de la misma manera que las hermanas de Cenicienta se cercenan los pies para encajar en el zapatito de cristal. Nuestro destino no está escrito en las estrellas ni en el barro, así que ponte las pilas y escribe o vive; tú decides qué se te da mejor o qué es lo único que puedes hacer.
miércoles, marzo 15, 2017
Crece y abandona todo. Venga, sí, cómprate un coche y una hipoteca y la vida que salía en la portada de la semana pasada. Eso es lo que siempre has querido: lo que les gustaba a los demás. Los sueños de la infancia son solo eso, fantasías, pero no tan horribles como las intensas luchas de la adolescencia contra un mundo modelado por cocaína y billetes. Abandona ya ese rollito de oenegés, coches eléctricos o transbordos de autobús. Por favor, ¿quién coño escribe como dice la RAE? Preta los dientes y afronta lo que sea. Trabaja más y más para pagar un par de metros más, un cuarto en vez de un primero; sufre ahora que lo bueno vendrá después. Ella no es el amor de tu vida, pero nadie lo tiene; hasta Busta y la otra se han divorciado. Pero, eh, tú no te olvides de subir fotos a Instagram y celebra tu alegría. Además, la tuya tiene un buen par de tetas y presume de ellas, que es lo más importante. Vende tus recetas y tus bíceps. Humilla a otro para subrayar tu asombroso tórax. Pero no seas superficial y cultiva siempre la cabeza: un peinado rompedor es fundamental para no ser un cualquiera. Quema ya tus poemas de adolescente frustado y pajillero, depura solo tus contestaciones afiladas cuando traten de dirigir tu vida. Venga, asume responsabilidades, invierte tu dinero en los ladrillos que nos estamos comiendo todos y madura de una puta vez. Olvida la alternativa: tu cohete consume mucho combustible y no te va a llevar a ninguna otra parte: tu mesa seguirá anclada en el fango. Vamos a por ese crédito, valiente, que solo entonces serás un hombre.
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