miércoles, enero 27, 2016
Mira, llega un punto en tu vida en el que descubres que vas a decepcionar a la gente. A poco que te muevas, fallarás a todos los que más o menos te quieren. Será sutil; un día te dirán que hace tiempo hacías cosas grandes y tú no le darás importancia. Pero poco a poco verás que ya no hablan de ti como antes. Te recuerdan, claro que sí, todos lo hacen. Pero recuerdan al niño que fuiste, al líder que eras, la promesa que encarnabas. Viven en el pasado y no te conocen. Ya no. Por eso es mejor que los decepciones pronto, para poder vivir. Ah, toma las patatas.
lunes, enero 18, 2016
Por culpa de Pixar, ahora me siento culpable por cambiar de móvil. No puedo soportar que el viejo sufra y se sienta abandonado. Debe de estar pensando que soy un imbécil y no tengo razones para desmentirlo. Sigo vivo un año más, abandonando cosas a cada paso. No temo a la muerte; temo al tiempo porque lleva años matándome, un poco cada vez. Cualquier mirada atrás es un reguero de sentimientos muertos, de personas distanciadas y dolor miedo angustia rencor... indiferencia. Fría indiferencia. Muerte. Nos esforzamos por ser idiotas, por avanzar hacia nuestros sueños a costa de pisotear lo demás y ni siquiera obtenemos nuestros sueños. Seguimos corriendo para quedarnos solos, para ser un gordo calvo que podría haber conservado todo. Los dientes amarillean y las muelas duelen. Despreciamos la voz que nos suplica, la mano que tira de nosotros. Nos centramos en la conversación de Whatsapp que despreciamos. Leemos los cientos de comentarios y no decimos nada, porque no nos interesa. Somos mejores, no nos debe interesar. Planificamos el calendario para hacer planes con todos; con todos nos sentimos desplazados. Hablamos y las palabras ya no dicen lo que queremos, ya nadie nos escucha al hablar. Demolemos lo que construimos, enterramos lo que sentimos, apartamos aquello a lo que pertenecemos. Buscamos algo más blanco, más rápido, más suave. Tiramos los agujeros porque nos muestran lo que hay debajo, lo que somos y lo que fuimos. Todavía a tiempo de gritar y agarrar una mano, nos regodeamos en nuestra miseria. Jugamos con la costra para que la herida no cierre. Somos la herida. Somos una sombra perdida en el tiempo. Somos la muerte. Joder, no quiero ser un gordo calvo.
miércoles, enero 06, 2016
Ahora.
No pienses, porque el momento pasa.
Vive lo que soñaste,
disfruta y aprende
cuando nada más quede.
Luchaste por el sol y
negociaste la luna;
no dudes más y disfruta
ahora que los puedes abrazar.
Acaricia el miedo,
saborea envidias
y huye de los consejos
que tu Ítaca alejan.
Mójate,
quémate,
equivócate una y otra vez.
Rueda por la nieve
hasta que tu ropa se empape
de risas, pánico y cariño.
Vive el ahora
porque es hijo de todo tu ayer.
Vive hoy
porque es lo que siempre serás
mañana.
No pienses, porque el momento pasa.
Vive lo que soñaste,
disfruta y aprende
cuando nada más quede.
Luchaste por el sol y
negociaste la luna;
no dudes más y disfruta
ahora que los puedes abrazar.
Acaricia el miedo,
saborea envidias
y huye de los consejos
que tu Ítaca alejan.
Mójate,
quémate,
equivócate una y otra vez.
Rueda por la nieve
hasta que tu ropa se empape
de risas, pánico y cariño.
Vive el ahora
porque es hijo de todo tu ayer.
Vive hoy
porque es lo que siempre serás
mañana.
lunes, diciembre 07, 2015
Hay un lugar más allá de las palabras, de los sentidos e incluso de la mente. Un lugar que sabes que existe y no sabes explicar por qué, no puedes justificarlo de ninguna manera. Ni siquiera sabes si es necesario, pero tienes la certeza de que está ahí. No puedes comprobarlo porque no tiene efectos sobre nada; tu vida no sufre ninguna alteración con o sin él. Pero está. Es como un grito/susurro/aullido que suena de noche entre las caricias del viento. Nada cambia con él, no existe si tú no crees en él, pero está. Hubo personas que también lo oían y pasaron de él, porque no les aportaba nada sino que les condicionaba sus gestos, creencias y miradas. Sobre todo sus miradas. Siempre hay gente que intenta darle una lectura religiosa a este lugar para adecuarlo a una religión. Personas que fuerzan sus límites para escribir arte. Alguien que decide hacer de su vida un mausoleo, cuando en realidad no hay nada más vivo que esto. Por eso, este espacio se convierte en una vida, los segundos más brillantes de cada minuto. Un reloj en el que luchar por cada tic, para no olvidar el siguiente tac. Un eterno tobogán en el que conservar suficientes objetos como para seguir considerándote tú. Una caída que te mantenga con ella, siempre vivos, siempre abiertos ante cada amanecer para dotarlo del único sentido que hay. Unos ojos que vivan entre la ventisca, un regazo que albergue cariño cuando no hay nada más. Una sonrisa que siempre traiga la vida.
viernes, noviembre 20, 2015
Y el deseo se hizo carne y acampó entre nosotros, lejos de miradas del Duque y de análisis psicoanalíticos. A veces un cigarro es solo un cigarro. A veces lo que miramos es solo lo que hay, los millones de píxeles diminutos que forman la persona al otro lado de la mesa. Sonreímos y disfrutamos del olor a navidad en nuestro café porque es una novedad, una nota que se alza entre la sinfonía de mierda que puebla las calles. Nos forzamos a vivir con miedo, huyendo de ciertos espacios porque hay navajas y/o jeringuillas usadas (o peor, a medio usar). Los misterios nunca nos son desvelados porque no hay culto que lo explique. Nos contentamos con permanecer en parcelas apartadas, lugares seguros donde no discutiremos con el vecino, no tendremos que reconocer que podemos estar equivocados. No hace falta psicología para comprobar que la pérdida es el peor de los miedos, más aún cuando se debe a nuestras acciones. Encadéname, córtame la lengua, cóseme los párpados pero nunca nunca nunca me dejes decir algo que te hiera. Algo que demuestre que estamos vivos y no somos una estampa que espera ser trucada por dinero. No es una necesidad: es el deseo.
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