lunes, febrero 22, 2016
Vamos a morir. Tú y yo. No esos que pensamos que seremos en un futuro, esa vaga persona que tantas cosas iba a ser y nunca fue. No. Moriremos tú y yo. Del mismo modo que ahora estás leyendo, un estertor cerrará tus ojos y morirás. Y yo también. No hay mayor seguridad que eso. Y mientras lo esperamos, irá muriendo todo lo demás. Morirán nuestras mascotas, nuestras flores, nuestros seres queridos. Amigos y familiares; los que no mueran antes, morirán después de nosotros. Nosotros moriremos incluso antes de morir. Nuestra relación se irá consumiendo en un lento final, una sucesión de muertes conforme vayamos evolucionando, envejeciendo, muriendo. Todo lo que conocemos va a ir muriendo poco a poco, ya lo está haciendo. Los lugares ya no son como antes. Esos momentos ya no volverán, solo manchan de sangre bancos y paradas de autobús para que recuerdes esas lápidas. Mires donde mires solo hay muerte. Y así será hasta que mueras. Comprobarás que todo lo que disfrutaste murió y fue reemplazado por un nuevo ser que volvió a morir. Y que así sea. No hay nada peor que morir sin sentir que ya moriste. Sufre mucho y muy intenso, porque eso significa que perdiste algo. Muere mucho porque significa que vives mucho.
miércoles, enero 27, 2016
Mira, llega un punto en tu vida en el que descubres que vas a decepcionar a la gente. A poco que te muevas, fallarás a todos los que más o menos te quieren. Será sutil; un día te dirán que hace tiempo hacías cosas grandes y tú no le darás importancia. Pero poco a poco verás que ya no hablan de ti como antes. Te recuerdan, claro que sí, todos lo hacen. Pero recuerdan al niño que fuiste, al líder que eras, la promesa que encarnabas. Viven en el pasado y no te conocen. Ya no. Por eso es mejor que los decepciones pronto, para poder vivir. Ah, toma las patatas.
lunes, enero 18, 2016
Por culpa de Pixar, ahora me siento culpable por cambiar de móvil. No puedo soportar que el viejo sufra y se sienta abandonado. Debe de estar pensando que soy un imbécil y no tengo razones para desmentirlo. Sigo vivo un año más, abandonando cosas a cada paso. No temo a la muerte; temo al tiempo porque lleva años matándome, un poco cada vez. Cualquier mirada atrás es un reguero de sentimientos muertos, de personas distanciadas y dolor miedo angustia rencor... indiferencia. Fría indiferencia. Muerte. Nos esforzamos por ser idiotas, por avanzar hacia nuestros sueños a costa de pisotear lo demás y ni siquiera obtenemos nuestros sueños. Seguimos corriendo para quedarnos solos, para ser un gordo calvo que podría haber conservado todo. Los dientes amarillean y las muelas duelen. Despreciamos la voz que nos suplica, la mano que tira de nosotros. Nos centramos en la conversación de Whatsapp que despreciamos. Leemos los cientos de comentarios y no decimos nada, porque no nos interesa. Somos mejores, no nos debe interesar. Planificamos el calendario para hacer planes con todos; con todos nos sentimos desplazados. Hablamos y las palabras ya no dicen lo que queremos, ya nadie nos escucha al hablar. Demolemos lo que construimos, enterramos lo que sentimos, apartamos aquello a lo que pertenecemos. Buscamos algo más blanco, más rápido, más suave. Tiramos los agujeros porque nos muestran lo que hay debajo, lo que somos y lo que fuimos. Todavía a tiempo de gritar y agarrar una mano, nos regodeamos en nuestra miseria. Jugamos con la costra para que la herida no cierre. Somos la herida. Somos una sombra perdida en el tiempo. Somos la muerte. Joder, no quiero ser un gordo calvo.
miércoles, enero 06, 2016
Ahora.
No pienses, porque el momento pasa.
Vive lo que soñaste,
disfruta y aprende
cuando nada más quede.
Luchaste por el sol y
negociaste la luna;
no dudes más y disfruta
ahora que los puedes abrazar.
Acaricia el miedo,
saborea envidias
y huye de los consejos
que tu Ítaca alejan.
Mójate,
quémate,
equivócate una y otra vez.
Rueda por la nieve
hasta que tu ropa se empape
de risas, pánico y cariño.
Vive el ahora
porque es hijo de todo tu ayer.
Vive hoy
porque es lo que siempre serás
mañana.
No pienses, porque el momento pasa.
Vive lo que soñaste,
disfruta y aprende
cuando nada más quede.
Luchaste por el sol y
negociaste la luna;
no dudes más y disfruta
ahora que los puedes abrazar.
Acaricia el miedo,
saborea envidias
y huye de los consejos
que tu Ítaca alejan.
Mójate,
quémate,
equivócate una y otra vez.
Rueda por la nieve
hasta que tu ropa se empape
de risas, pánico y cariño.
Vive el ahora
porque es hijo de todo tu ayer.
Vive hoy
porque es lo que siempre serás
mañana.
lunes, diciembre 07, 2015
Hay un lugar más allá de las palabras, de los sentidos e incluso de la mente. Un lugar que sabes que existe y no sabes explicar por qué, no puedes justificarlo de ninguna manera. Ni siquiera sabes si es necesario, pero tienes la certeza de que está ahí. No puedes comprobarlo porque no tiene efectos sobre nada; tu vida no sufre ninguna alteración con o sin él. Pero está. Es como un grito/susurro/aullido que suena de noche entre las caricias del viento. Nada cambia con él, no existe si tú no crees en él, pero está. Hubo personas que también lo oían y pasaron de él, porque no les aportaba nada sino que les condicionaba sus gestos, creencias y miradas. Sobre todo sus miradas. Siempre hay gente que intenta darle una lectura religiosa a este lugar para adecuarlo a una religión. Personas que fuerzan sus límites para escribir arte. Alguien que decide hacer de su vida un mausoleo, cuando en realidad no hay nada más vivo que esto. Por eso, este espacio se convierte en una vida, los segundos más brillantes de cada minuto. Un reloj en el que luchar por cada tic, para no olvidar el siguiente tac. Un eterno tobogán en el que conservar suficientes objetos como para seguir considerándote tú. Una caída que te mantenga con ella, siempre vivos, siempre abiertos ante cada amanecer para dotarlo del único sentido que hay. Unos ojos que vivan entre la ventisca, un regazo que albergue cariño cuando no hay nada más. Una sonrisa que siempre traiga la vida.
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