jueves, agosto 14, 2014

Sentarse delante del ordenador y llorar. Por todas las ideas que tenías, la gran pirotecnia que iban a formar. El primer esquema ya poda tus desvaríos hasta dejarlos en una simple bombeta. Pero bueno, eso aún podría sobrellevarse si te pusieses a escribir de una puta vez. Las lágrimas, los golpes sobre la mesa y el odio negro latente en las entrañas. El miedo a hibernar sin control, vivir en sueños, razonar lógicamente para no actuar. Lo que hay que hacer está jodidamente claro, el universo no conspira en tu contra, pero tú sí. El suave veneno serigrafía el epitafio esperado, que no deseado: "podría haber sido tantas cosas". Lo aterrador es que no hay un enemigo contra el que luchar, pruebas que superar ni princesas que rescatar o dejar que te rescaten. Esto es la vida, chaval, y no puedes huir de ella. No puedes pulsar el botón de pausa, ni cerrar el libro durante unos minutos. Estás viviendo tu huida, tallando tu preciosa soga que te arropa cuando todo te causa frío. El frío sale de ti, ya tienes que saberlo después de tantos años. Pero da igual, porque sonríes después de esta breve escapada, legitimada porque escribes. Pero, por favor, no seas tan hipócrita de colocar un punto porque nunca has sido capaz de ello.

martes, agosto 05, 2014

Cuando más fuertes nos hacemos/creemos, ese momento en que sonreímos porque por fin hemos probado que nuestro brazo sirve para algo más que para darnos amor, entonces llega la ironía y muestra la fuerza de su derechazo. Crecer implica moverse en un piélago de responsabilidad y elecciones y, por tanto, pérdidas. El jardín acota sus senderos hasta que ya no se bifurcan, somos uno con la palabra y el tiempo. Color adecuado, día reservado y muebles apartados para domar los 24 caballos que galopan sobre mí. El orgullo de creerse fuerte se revela lo que es: buen bastón y muleta. Ahora que se me cae el pelo vuelvo hasta cuando todavía salía, cuando mi cuerpo conquistaba el mundo con dientes, pies y ego expandiéndose continuamente. Ya se ha glosado el poder de los jardineros (si bien nunca suficiente), pero es que aparecen detrás de cada brochazo, en cada vibración de una buena pedorreta. Viste las mejores camisas, cultiva los mejores latinajos y sonríe a las mujeres como no saben que quieren. Pero detrás de todo eso siempre quedan retazos, pedazos de papel que envuelven la vida como el regalo envenenado particular que es. Nada empieza ni acaba contigo, asúmelo; aparca tu titánica misión de mediocridad para tomar conciencia de ella, de ti, de todo, de todos. El tiempo es una hilera de cajas en un supermercado, moviéndote de una a otra esperando pagar por lo que has tomado, demorando el saludo con la fría mujer. Pues bien, no eres el comprador sino el carrito, no eliges ni tu mercancía ni el destino; solo puedes torcerte con mal genio hacia un lado del pasillo. Hagas lo que hagas, pintes o robes o mientas o conduzcas, solo puedes dejarte llevar y sonreír, porque nunca vas a conseguir lo que quieres. Más te vale conseguir lo que está ante ti para dejar de pensar en el camino no tomado, congelado por el miedo y el tedio.

lunes, agosto 04, 2014

Esto lleva funcionando siete años. Como todo lo que funciona, no siempre lo hace bien ni como se espera que lo haga. El tiempo salta y las palabras avergüenzan. Incluso la música, esa broma que alguno leerá también, rara vez es un punto de orgullo. Hubo un tiempo en que jugaba con código y pintura, haikus y otros hermanos. Aquí he vomitado y he esculpido hormigón con una navaja oxidada. También sajar, siempre he amado esa palabra. No sé cuánto habrá vivido en estos siete años, en estos veinticuatro años; mucho y poco, depende del observador. Todo ha cambiado una y otra vez, el olor a pintura fresca y los billetes de autobús son constantes de una obra en perpetuo borrador. Excepto una fase, un nivel superado de este juego, nunca he escrito para que me leyeran, sino para mí mismo. Escribir significa entenderme, escribirme es cómo miro al mundo. Una mirada egocéntrica con las inseguridades que solo puede tener un ególatra a tiempo parcial. No voy a pedir(me) perdón ni a dar(a nadie) las gracias. Realidad o ficción, los golpes duelen. Hombre o animal o color o nota musical, siempre hay una flor en la que sumergirse, un pétalo que nunca llega a la boca. Que corran el vino y las palabras secretas por más tiempo, una nueva carretera y el viaje en avión. Que corran las burbujas sobre tu cuerpo y tu piel florezca bajo mis labios. Que haya siempre un futuro al que volver. Y

lunes, julio 28, 2014

Los regalos nunca son los átomos que lo conforman, el dinero que cuestan, sino el sentimiento que existe detrás. Solo unos pocos idiotas nos fijamos en lo material. Lo que mueve el corazón, lo que te hace sonreír cada noche, mañana y tarde es que hay alguien que quiere hacer algo que te guste. Aunque no te lo merezcas, aunque nunca des la talla, el regalo está ahí como una foto para aquellos momentos en que dudas de todo. Por eso, los mejores regalos nunca son objetos muertos sino promesas de futuro. Risas y abrazos y hacer lo que nunca hiciste. Y querer volver a hacerlo, una y otra vez: jugar una mano interminable al mentiroso, beber chupitos sin temor al dinero y salud que cuesten, viajar cada fin de semana a un proyecto distinto, sea playa o montaña, para encontrarte con lo mismo. Dar gracias a Dios porque sigue lo mismo a pesar de que todo sigue cambiando. La vida es cruel y horrenda, de eso no hay duda, pero cuando el carrusel está en alto piensas que, de tan irónica, es tremendamente poética. Dejemos las metáforas y los hipérbatos; aquí son las epanadiplosis las que cierran los ciclos y los símbolos, las vigas maestras sobre las que descansa la continuidad de la obra. Los personajes no siempre son completamente redondos; un protagonista plano es la peor de las lacras, pero no me interesa. Lo épico se redefine: mientras que las celebraciones de gol acaban en caídas compartidas, los héroes de verdad muestran el corazón sin aparatajes retóricos o estéticos. Since 1990, busco una historia que contar. No tengo prisa porque sufro mis tramas con los mejores compañeros, protagonismo repartido desde 10 meses a 69 años, de España hasta Canadá. Eso sí, no sabes las ganas que tengo que seguir leyendo(os).

miércoles, julio 23, 2014

Mira, estoy harto de que trates de dirigirme y pretendas conocer mi vida mejor que yo cuando apenas puedes organizar tus sentimientos. No quiero levantarme y engancharme a unos raíles hasta la noche, aunque sus estaciones sean justo los lugares que quiero visitar. Aunque sean los sitios donde debo parar. Es muy fácil aparecer con tu voz desde las alturas cibernéticas para dictar los salmos y los mandamientos, los castigos y las loas eternas a tu inabarcable inteligencia. Tu boca no solo esculpe mi vida; moldea la opinión pública y dictamina lo bueno y lo gracioso. Solo tú rescatas bromas del olvido y fragmentas recuerdos que nunca pasaron. Tiene que resultar muy fácil jugar con las vidas de los demás cuando ves que Ron y Hermione secundan todo lo que dices. La próxima vez que hables de tus actos terriblemente lógicos o de mis reflexiones absolutamente absurdas, mastica con calma tus barrotes en lugar de imponer otros al resto de personas vivas. Si quieres un consejo (de esos que tanto te gusta dar bajo la forma de observaciones inapelables a tu séquito) piensa en la vida que podrías tener si aceptases tu carne y puntos negros. Hasta Freud señalaría con saña este desplazamiento, el vivir en otros sin tener la responsabilidad de vivir. Si hay alguien irracional aquí, esa eres tú.
 

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