lunes, febrero 08, 2021

 Hace más el que quiere que el que puede. Yo puedo y no hago nada. Soy plomo, cadmio cada vez que me levanto para empezar una tarea. Incluso comer cuesta cuando antes deber salir de esta laguna. Cada gesto abre nuevos universos en los que acabo fallando. ¿Para qué crear vida condenada a una muerte absurda? Deja que el virus devore la tierra y las estrellas se consuman, renuncia a tus sueños para dormir tranquilo y vivir inerte. Cada día es una batalla que no se celebra, una victoria pírrica que arrincona el alma. Leo razones, busco sentido, nada creo. Esto no es nihilismo, demasiado noble, ni un poso punk, que se abandona con los últimos granos. Solo viene a mis labios un regusto amargo con la vida conforme palpo las dimensiones del teatro: ni actor, ni tramoyista, ni público. Quizás solo soy la voz que suena de fondo mientras tú decides qué ir a ver este fin de semana. Ojalá ese eco te anime a superarte, a mejorar el mundo, a sumar felicidad. Nací viejo y cansado, con excusas para todos tus fallos y críticas para todas mis acciones, pero sigo alimentando la misma llama: yo soy los demás.

martes, junio 04, 2019

Le dolía que los hechos pasasen con esa facilidad a ser recuerdos; notar la sensación de que nada, nada de lo pasado, podría reproducirse.

Las estelas en el mar son efímeras; no podemos ver el futuro, pero es que el propio pasado se desvanece en una efervescencia de amargo aroma. La tierra que seremos es la tierra que abandonamos, aquella que recogió nuestras lágrimas albergará un día el resto de nuestros líquidos. Y nada de esto importa, porque nada seremos entonces; lo verdaderamente extraño es nuestra lucha constante por apartar la mirada de la masa madre, de nuestras raíces y savia. No podemos ser nada sin lo que fuimos, ¿por qué renegar entonces del terruño, del pueblo, del barrio?

Volver a unas páginas amarillas tras un año, cuarenta, setenta... Descifrar a Joyce, perseguir a Yardbird, psiconalizar a Tarkovsky, todo para volver al camino despreciado. Y ahora, cuando tiemblas al escuchar una despedida apresurada desde la ventana, piensas en los escalofríos de aquellos que te antecedieron y lloras. No es tristeza, es alegría de saberte humano, un eslabón más labrado en la cadena más fina. Porque leer, ante todo, es vivir y aprender a vivir. Escribir... quién sabe.

sábado, junio 02, 2018


Cuando fuiste elegido
El mundo lloró de alegría
Pensamos que habíamos dado el poder
Al emisario que diría la verdad

Ahora las noticias dicen que espías
Ejecutas sin juicio
Traicionando las virtudes
Haciendo cicatrizar los cielos

Castigando a los denunciantes
Aquellos que dicen la verdad
¿Reconoces la cobardía que te devuelve la mirada?

Obama

Toda esperanza se ha secado en tu rostro
Te creímos como niños

martes, mayo 01, 2018

Ya no te quiero.

Querer es distancia entre dos sujetos:
un agente que busca y un objeto que es deseado.

Tú y yo ya somos uno.
¿Qué somos? No lo sé
porque no puedo explicar nada de esto.

Rebusco palabras que me hagan sentir
especial y
recorto frases sin sentido
ni puntos ni un orden
fuera de mí.

Porque así eres tú:

sintaxis fuera del orden

vanos en una catedral sin muros

una melodía sin tema ni voces
pero un ritmo palpitante en las yemas.

Nunca existió algo así. Quien lo probó, lo sabe.

martes, abril 24, 2018

El dolor más hondo no tiene por qué brotar de una herida, sino que puede tomarse lentamente de un aire cada vez más cargado de denso cianuro. Matar a alguien no significa aniquilarlo; la existencia humana es mucho más compleja que simples células. Una persona puede vivir durante milenios en los corazones del pueblo o estar ya muerto en una monotonía aislada de otras almas. No somos nada si no habitamos en los demás, por eso nos aterra acabar una relación. Cuando nos despedimos de alguien empezamos a morir un poquito, se desvanece esa parte de nosotros que fuimos solo para esa persona. Las pequeñas cosas se confunden con las grandes, quedando una amalgama de anécdotas, vivencias y cosas que nunca pasaron pero a las que nuestra mente por fin dotó de forma. Y sin embargo, la relación se sigue moviendo hacia terrenos desconocidos que nos explorarán y nos cambiarán por completo. No sabemos las consecuencias de nuestros actos, no conocemos la medida real del tiempo, no tenemos ni idea de cómo suenan nuestras palabras en otros oídos. No nos conocemos como nos conocen los demás; aun encima, acribillamos esa existencia con la imagen que nosotros atesoramos porque creemos que es más real. Una mentira que nos hemos creído para crear la muralla frente al otro y dominar el yo. Una farsa que se paga muy caro cuando un amigo se va y la gangrena avanza hacia la rodilla.
 

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