viernes, mayo 21, 2010
El ser humano debe saber que es débil. Tiene que mirar sus brazos, observar asombrado sus vacilantes músculos, sus escuálidos huesos. Verá su vientre, su ombligo lleno de miseria, y caerá de rodillas sobre el polvo. La piel, la robusta piel que antaño protegiera entrañas, sangre y alma, arderá como una fina capa de plástico, arrancada como envoltorio de caramelo por un niño sin piedad, ni edad. Delante del espejo pueden besar sus ojos, acariciar su pelo, pero el espejo se desvanecerá, las máscaras se fundirán mientras languidecen en la pared. El fuego todo lo quemará, por no mudar en su costumbre. Se rajarán las lápidas, la tierra se lanzará en olas sobre las ciudades que vivieron y bebieron. Pero sobre todo, el ser humano tiene que creer que está solo, para que así este destino pueda cumplirse, y no sea solo el sueño de un loco, ardiendo en la eternidad.
domingo, mayo 09, 2010
Nunca quise ir a LA, el que se va y crece es un traidor, pero el que se queda es un falso dios, otro traidor. Billete azul, billete rojo, dinero que se derrite entre flores azules. Siempre intenté gritar del otro lado, sentir cómo mis dientes quedaban bonitos en el espejo, pero nunca me abrazaste, ni siquiera cuando te hablaba de esa canción. Caras tristes, caras que se dejan llevar, depresión es la palabra que todos quieren decir. Quizás todos tienen que escuchar, tienen que sentarse y mirar cómo les hablo en una lengua que no conocen, y darme cuenta de que sus oídos giran hasta centrarse en el interior. Almas con ojeras, almas que durante un segundo arrugan la nariz, es horrible el miedo incontenible. Iván Ferreiro tiene nombre de dolor, es mejor, ya lo entiendo. ¿Para qué escribir esto? ¿Por qué no soplarlo lejos? Porque los demás lo quieren, y necesito satisfacer a los demás. Los juguetes se aburren contigo, prefieren al hermano de ojos azules, que sí es divertido. Qué caras más tristes. Un toque de campana, un murmullo de gente que se deja ahogar poco a poco, que sienten el frescor del agua subir por el cuello. Ojos rojos de un dibujo de Mingote. Y otros ojos, que brillan, pero no están.
martes, abril 20, 2010
El torno gira lentamente, a mi control. Mi pie sube y baja rítmicamente, una y otra vez, me gusta sentir el aire subiendo por mi pierna. Las manos se deslizan sobre las paredes de barro, la masa informe suelta trozos que caen al suelo, asas de jarrones o brazos de bailarinas, vidas que nunca llegarán a nada. Poco a poco las manos se van cerrando, el jarrón va tomando forma, mi creación se va izando hacia el cielo, poco a poco, muy poco a poco. Un dedo meñique tiembla, un simple dedo meñique que no sirve para nada tiembla, y corta el jarrón por la mitad. El barro salta por todas partes, el jarrón llora porque nunca existirá. Tengo que agacharme hasta el suelo, hundirme para recoger los pedazos de mi fracaso, y volver a montar el jarrón. Miro por la ventana, miro el mar, miro la sal que flota en el ambiente, miro toda la vida que se escapa mientras yo permanezco aquí, con este engendro, algo que nunca quiso existir y nunca deberá existir. Vuelvo a tirar el barro contra el torno, me lavo las manos, que todo vuelva al punto de partida. El torno gira, el pie sube y baja, pero no puedo sentir el ritmo, mi control no existe. Ninguno de mis movimientos me pertenece, nada es mío menos esta sensación de que fuera el sol brilla, y yo trato de crear un punto de luz en este cuarto cerrado.
jueves, abril 15, 2010
martes, abril 13, 2010
Sonríeles. No hagas que la semana sea una sucesión de discusiones en un vía crucis eterno. Sonríeles, pero que no se crean que son accesorios. Hazles pensar que estás ahí porque quieres, intenta hacer ver que apruebas todo lo que hacen, por qué susurras todo lo dicen. Miénteles, pero no les hagas creer que para ti son los reyes del mambo, que morirías simplemente por tener sus ojos. Miénteles, pero no les dejes que se adueñen de ti, de tus días, de tu alegría. Sonríe por encima del barro y del hedor, de las conversaciones vacías y las miradas huecas. Si estás ahí es porque tienes que estar, pero recuerda que tienes que estar porque quieres tener que hacerlo. Recuerda los días azules pasados y futuros, los fuegos artificiales que todavía no han ardido, las borracheras que todavía no han acabado en resaca. Piensa en tus hijos, en tus nietos, y recuerda que tendrás que mirarlos a los ojos, y ser un guía hasta que los defraudes. No te puedes permitir no creer en ti mismo. Pasa de todos, sonríe y deja que sigan viviendo su mundo de mentira. Miénteles, pero nunca dejes que la mentira se convierta en realidad.
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