Famous blue raincoat - Leonard Cohen
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miércoles, marzo 11, 2009
Hoy caminaba por el paseo Independencia, y al llegar a la plaza Aragón he mirado los bancos. Chicas criticando el vestido de otra quinceañera, chicos hablando del regate de Torres. Y en un banco, escondido junto a un árbol, una pareja de ancianos. Yo seguía andando, seguía mi camino. Él la coge de la mano. La mira a los ojos. Le besa la mano, la vuelve a besar. Se la acerca a su cara, la acaricia con su mejilla, cortada por la edad. Sigue hablando. "Te quiero". Yo sigo andando, no sé siquiera si ha sido real. Sigo andando, pero sigo anclado a ese banco. Sigo pensando en la pareja de ancianos que se quieren, que se aman. Clase, café, autobús. Cuando llego a casa oigo un comentario. "Hoy es 11-M." Cinco años. 191 luces que se apagaron. Y hoy en los homenajes volvemos a estar divididos, volvemos a defender unos intereses particulares por encima de los universales. El monumento a las víctimas no se limpia. Paladas y paladas de olvido que entierran miles de vidas rasgadas por el atentado. Vuelvo a acordarme de los ancianos. Ellos son los únicos que rinden un sentido homenaje.
miércoles, febrero 18, 2009
Para celebrar el fin de exámenes, y sobre todo el fantástico fin de semana (aún estoy recuperándome) os dejo con uno de mis propósitos: aprender a bailar tango. Sé que algunos de mis amigos me han visto intentar bailar, pero era una tabla con patas y alcohol. Hoy os dejo la mejor escena de un gran película, Perfume de mujer, con el siempre genial Al Pacino, que ganó el Oscar por esta película. Esta escena consiste en el que el protagonista, un veterano de guerra ciego y deprimido, saca a bailar a una mujer, y qué baile puede ser sino el tango. Sé que estaréis hasta las narices de vídeos del omnipresente Youtube, pero esta entrada se la debía a los periodistas, por esos bailes. Espero que os guste.
jueves, julio 17, 2008
Aunque quizás solo sea un último estertor de este blog, hoy os dejo con una canción que me ha emocionado como hacía tiempo que ninguna lo lograba: Hurt, de Johnny Cash.
No sé si la habréis oído alguna vez, imagino que sí, pero por favor, teneis que ver el vídeo. Sin palabras.
No sé si la habréis oído alguna vez, imagino que sí, pero por favor, teneis que ver el vídeo. Sin palabras.
viernes, febrero 29, 2008
Los peces de la burbuja lo saben. También los caballos del cuadro están al tanto de la noticia. El único que todavía no está al corriente es el gran caballo de plástico. Antaño envidiado por todos, ahora languidece en un rincón del trastero, donde la lepra amarillea su piel de suave y corto pelaje. Su silla que albergó siglos atrás al gran héroe nacional es roída por los ratones, que nada saben de indios ni de honor. Sus crines que antaño avergonzaban al mismo sol ahora se han cubierto de mugre y polvo, y entre las recias hebras pequeños ácaros juegan a fútbol. El gran corcel que relinchaba cada mañana cuando corría hacia el amanecer tose; la bronquitis invade sus pulmones y el reuma, sus patas. A veces en sueños estira las patas, y los soldaditos se ríen de él; galopa por verdes praderas, y el viento limpia sus canas. Pero siempre despierta, y por la ventana, amenazante, sonríe el contenedor. La escalera de antigua madera cruje bajo los pies del mismo muchacho que un día lo quiso. Una mano que antaño acariciaba abre la puerta a la escalera y a la fatalidad. Una bicicleta reluciente descansa contra la amarillenta pared; ha estado galopando con él. Los gritos de alegría llegan hasta el purgatorio de Rocinante, de Babieca, de Lucero. Los padres sonríen abrazados en la puerta al ver a su hijo que se cae. Típica escena familiar, si no fuera por el hermano feo que espera la muerte en su cárcel, futuro taller. El niño, sin respeto hacia la reliquia que tiene delante, deja la nueva amante en el rincón de la antigua, y esta es llevada lejos de él, a los brazos de Perséfone, la única que cuidará de él. Sin embargo, el gran caballo no piensa en otra cosa que en su jinete, que ahora le sirve de montura hasta el contenedor, y en el latido de su corazón. Sabe que aunque ahora no comprenda, llegará un día en que pensará en él, y llorará en silencio. El caballo llega a su parada, con la sonrisa del que ve la muerte, pero no la teme.
lunes, agosto 20, 2007
Son las 8 de la tarde, y corro hacia la parada para no perder el bús. Tras reponerme (uno no es Paquillo Fernández), miro por rutina si conozco a alguien del bús, y en vez del sempiterno pesado descubro una pareja que, fundidos en un inmóvil abrazo, contemplan el pasar de los peatones, ajetreados en su ir y venir de una jaula a otra. Alguno devuelve la mirada, y no puede sino sonreír al percibir el amor que destila ese abrazo, esa unión que no necesita de palabras, que durante más de medio siglo se ha cimentado sobre el respeto y la confianza. Cuando bajo del bús los miro, y veo sus caras asimétricas que irradian cariño. No necesito oler ninguna feromona para saber que eso es amor; llamadme romántico si queréis.
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