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viernes, julio 24, 2009

Los árboles se suceden rápidos, como un trilero engañando a la realidad. La línea discontinúa renuncia a su ser y se emborrona hasta el infinito, una sola raya imposible de dominar. En la radio gente intenta hablar, vocalizar, pero las palabras se pierden en la garganta, la verdad no puede ser nombrada. Mi frente reposa sobre el cristal, mi sudor empavona el cristal, y el cristal me separa del resto del mundo. De ti. No es solo distancia externa, sino también interna. Cada vez te siento más lejos, cada vez tus fotos me recuerdan menos tu perfume, y cada vez menos horas se llenan con tu mirada. La vida pasa, el dolor mitiga (aunque nunca se olvida), pero los sentimientos quedan. No temblaré cuando te vea, pero tampoco esperes que caiga de rodillas y dé gracias al cielo por haberte traído a mi vida. No es resignación, tampoco desilusión, es solo hibernación.

sábado, abril 04, 2009

Hoy volvemos a uno de los pilares de este blog: vídeos del Youtube. En esta ocasión tenemos una canción escuchada hasta la saciedad, Every breath you take, de The Police. Sin embargo, llevo una semana canturreándola, y hoy me han mandado un correo con esta canción, así que tengo que ponerla. Por favor, disfrutadla. Un abrazo.


sábado, noviembre 29, 2008

O eso es lo que nos hacen creer las grandes superficies. A 27 de noviembre ya se oía la típica melodía supuestamente navideña, que suena una y otra vez, condenada a sonar sin que nadie le preste atención. En la televisión ya se ven anuncios de créditos para comprar los juguetes del anuncio siguiente, juguetes que irán a para irremediablemente al armario más oscuro o, si los padres tienen cierto sentido común, a beneficencia. Sin embargo, lo peor no es esto. Lo peor son los anuncios de familias unidas por Navidad, felices y unidas como solo Hollywood puede hacerlo. La abuela, el tío, el nieto, todos unidos y contentos cantando villancicos bajo el árbol de Navidad, tragando uvas en Nochevieja y viendo pasar la carroza de Reyes. 7 de Enero. Cada uno a su casa, y hasta el año que viene. Alguna llamada para algún cumpleaños, alguna visita porque estaba por ahí. Pero nunca se está ahí cuando se necesita. La gran mesa de noble madera se aletarga bajo una capa de mugre, ya que solo se utiliza una vez al año. Los niños aprenden a amar la Navidad y a sus tíos, ya que la unión de ambos implica regalo seguro. Esa es la Navidad que cada vez más ven los niños. Ya no hablo de que tengamos que rezar al lado del belén, pero sí pensar un poco antes de comer turrón, aunque solo sea para darnos cuenta de la suerte que tenemos al comer un año más el turrón blandurrio (que era el duro del año anterior) en casa de la abuela. Un abrazo.

domingo, octubre 26, 2008

El tiempo impresiona. No nos damos cuenta de que existe, de que nos devora; solo vemos sus efectos. Más allá de arrugas o estrías, afecta a lo que dijimos que duraría siempre, que siempre estaría allí: las relaciones con los demás. Resulta doloroso ver cómo con el paso del tiempo hay personas que se distancian, que se envuelven en la tibia niebla de la indiferencia, y ya no compartes esos momentos que daban sentido a la vida, sólo hablas. No me refiero a esos amigos que parten hacia tierras lejanas, sino precisamente de los que permanecen a tu lado, de los que viven en la casa de al lado, pero por una razón u otra no ves como antaño. Las promesas arrojadas al viento, los sueños en común, todo desaparece. Crecemos, dicen algunos. Yo digo que perdemos. ¿Hay algo más valioso que un amigo? Puedes perder el trabajo, el coche, pero un amigo... Un amigo no lo encuentras en un concesionario, o echando un currículum. Es más complejo que todo eso.
Pero el tiempo también cambia las relaciones en otro sentido. Resulta gratificante ver cómo gente que no veías desde hace años te recuerda y te quiere como el primer día que os conocisteis. Compartes las mismas bromas, las mismas discusiones. Nada ha cambiado. ¿Por qué? Porque en esa relación el tiempo no ha roído los lazos, ha sido la distancia. Y esa distancia puede recorrerse a la inversa, al contrario que el tiempo. Si fuimos a estudiar a Salamanca, sabemos que un día volveremos a nuestra ciudad, y encontraremos todo lo que añoramos. Sin embargo, el amigo de al lado no añora nada, porque lo tiene. Sin embargo, poco a poco va perdiendo esa conexión con su hermano del alma, sólo porque no lo aprecia (creo yo). Volvemos al viejo dicho de que solo se quiere algo no se tiene. En nuestro pensamiento, las relaciones permanecen igual, pero si vives esas relaciones, estas van cambiando, y generalmente este cambio nos disgusta.
Por todo esto, resulta más fácil tener un amigo en la Cochinchina que al lado, porque el de al lado existe, mientras que del otro solo conoces lo que tú quieres imaginar. Eso sí, los amigos de lejos, igual que los nuevos, pueden ser mejores que los anteriores, pero recordemos que un amigo, aunque no sea un amigo, siempre es alguien importante para ti. Un abrazo.

miércoles, agosto 13, 2008

Sí, está vivo. Ha habido que hacerle el boca a boca y hacerle más de una transfusión de sangre, pero sigue entre nosotros. El blog se va recuperando poco a poco de esta traumática experiencia, y pronto volveremos a la marcha cotidiana, si no se nos cruza el carnet de conducir por en medio. Por ahora, seguimos adelante, intentando cambiar la conciencia de las mejorables personas. Un abrazo.

viernes, febrero 29, 2008

Los peces de la burbuja lo saben. También los caballos del cuadro están al tanto de la noticia. El único que todavía no está al corriente es el gran caballo de plástico. Antaño envidiado por todos, ahora languidece en un rincón del trastero, donde la lepra amarillea su piel de suave y corto pelaje. Su silla que albergó siglos atrás al gran héroe nacional es roída por los ratones, que nada saben de indios ni de honor. Sus crines que antaño avergonzaban al mismo sol ahora se han cubierto de mugre y polvo, y entre las recias hebras pequeños ácaros juegan a fútbol. El gran corcel que relinchaba cada mañana cuando corría hacia el amanecer tose; la bronquitis invade sus pulmones y el reuma, sus patas. A veces en sueños estira las patas, y los soldaditos se ríen de él; galopa por verdes praderas, y el viento limpia sus canas. Pero siempre despierta, y por la ventana, amenazante, sonríe el contenedor. La escalera de antigua madera cruje bajo los pies del mismo muchacho que un día lo quiso. Una mano que antaño acariciaba abre la puerta a la escalera y a la fatalidad. Una bicicleta reluciente descansa contra la amarillenta pared; ha estado galopando con él. Los gritos de alegría llegan hasta el purgatorio de Rocinante, de Babieca, de Lucero. Los padres sonríen abrazados en la puerta al ver a su hijo que se cae. Típica escena familiar, si no fuera por el hermano feo que espera la muerte en su cárcel, futuro taller. El niño, sin respeto hacia la reliquia que tiene delante, deja la nueva amante en el rincón de la antigua, y esta es llevada lejos de él, a los brazos de Perséfone, la única que cuidará de él. Sin embargo, el gran caballo no piensa en otra cosa que en su jinete, que ahora le sirve de montura hasta el contenedor, y en el latido de su corazón. Sabe que aunque ahora no comprenda, llegará un día en que pensará en él, y llorará en silencio. El caballo llega a su parada, con la sonrisa del que ve la muerte, pero no la teme.

jueves, enero 31, 2008

Por favor, mirad este vídeo:



Hoy me he dado cuenta de que soy como el perro: espero, pero sé que nunca llegará. Un abrazo.

PS: El enlace ya está rreglado. Gracias Pakillo ;)
 

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