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viernes, febrero 19, 2010
Quiero ser bandido y traidor, quiero que los niños se duerman con el miedo a encontrarme. Quiero que las cicatrices crucen mi cara, quiero que mi respiración se confunda con la niebla en un callejón oscuro. Quiero hacer daño, quiero cosechar lágrimas y suspiros. Quiero escupir, golpear, para que piensen que hay un alma sensible en mi gruesa piel. Quiero reírme de defectos, fumar en baños y despachos, robar móviles de taquillas y que todo eso provoque una risilla de complicidad, de aceptación. No quiero poner una tirita en cada rodilla pelada, quiero que alguien sople en mi dedo quemado. No quiero dormirme rezando para que alguien sonría mientras miles de personas arden en la hoguera por no haberse comprometido con la vida. No quiero querer, pero siempre acabo queriendo que alguien me quiera.
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viernes, febrero 05, 2010
Odio a las hormigas. Me parecen el animal más estúpido, sus patas largas se mueven como brazos estúpidos que jalean a un cantante drogadicto. Caminan siempre en fila, unas detrás de otras, aducen que así llegan más lejos, que así se aprovechan de sus conocimientos. ¡Mentira! Lo único que hacen es pisar su mierda, tragarse sus mentiras. Degustan vómito en copa de plata, paladean sangre seropositiva, todo pensando que es la esencia del ser, cuando todos sabemos que la esencia no existe, que la importamos. Todo lo importamos, nada creamos. No somos capaces ni de hablar en español, porque parecemos ignorantes; el inglés es cool y acortar palabras mola. Míranos, todos consumimos lo mismo, todo es evaluable, todo es seriado, todo es igual. Incluso amar y odiar son conceptos que son iguales para todos, con una serie de normas: no puedes amar a tu hermana, no puedes odiar sin motivo. ¿Y quién cojones me lo impone? ¿Quién es el que define cómo tenemos que ser? Nunca lo sabremos, porque no queremos, pero los únicos responsables somos nosotros. Nosotros somos la mierda, pensando que somos la hierba. Nosotros contaminamos nuestra sangre, pensando que aspiramos a ser reyes. Nosotros nos contenemos, no gritamos, no pegamos, porque pensamos que así solo nos haríamos daño a nosotros mismos. Y sí, al pegar un puñetazo te duele la mano. Pero al otro le faltan varios dientes.
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jueves, enero 28, 2010
El pez da vueltas sobre sí mismo, revolcándose en su propia mierda. Sus escamas de antiguo oro, ahora se cuartean con el movimiento, bajo roña y resto de comida. La pecera, de hecho, está cubierta por una chaqueta tirada al azar, sin preocuparse de lo que hay debajo. Antes, su cara permanecía horas y horas frente a la burbuja de vida, le cantaba, le regalaba castillos y submarinistas. Ahora, ya no le sonríe, ya no le mira. Él se esfuerza, intenta limpiar sus escamas, intenta hacer piruetas que atraigan su atención, pero no lo consigue. Está indiferente, apática, eso dice a su madre cuando la regaña por el agua turbia de la pecera. Pero sale corriendo en cuanto oye tocar el timbre, en cuanto escucha que comienza su programa, en cuanto ocurre cualquier cosa. Todo merece su atención, menos el pez.
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miércoles, enero 20, 2010
No, no soy el espejo que te devolverá más guapa y más delgada. Necesito ver una carita sonriente por las mañanas, necesito que alguien me diga algo bonito, solo para seguir adelante. No se trata de que me recibas con abrazos y besos en los pies. Solo que me preguntes qué tal, que te intereses de verdad por escucharme, y que de tu boca no salga nunca más un "yo" mientras hablo. Que no sonrías a todos menos a mí, que no repartas rosas a los transeúntes, y me guardes espinas envueltas en finas palabras y gestos de etiqueta. Tienes problemas, me parece perfecto; todos los tenemos. Unos más y otros menos, creo que en eso no te puedes quejar. Guarda tus hachas, tus cuchillos y tu guerra fría. Todo es distinto a como lo imaginas, y si en algo se parece es porque tú hiciste que fuera así.
sábado, marzo 14, 2009
El jueves y el viernes estuve en Huesca, en un congreso de periodismo. Cubríamos el evento para contar todo en otro blog, y lo hacíamos en grupos de cuatro. Cómo no, surgieron roces que tenían que surgir por nuestro bien, porque llevábamos unos días que las cosas no iban bien. Nos enfadamos y nos reconciliamos, como ocurre entre amigos, pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de las consecuencias, de otra chica que ni siquiera estaba en el ajo. Cuando discutimos, ella también se enfadó, y cuando lo arreglamos ella solo me dijo una cosa: Me has fallado. Típico en mí, me eché a reír y luego me enfadé. Pero este es un problema que viene de lejos. Desde hace unos meses hay gente que me tiene en un pedestal que yo no pedí, me adoran como un Dios que no quise ser. Para ellas soy el mejor, o al menos eso me dicen. Y ahora le he decepcionando. Otra periodista, a la que conozco desde hace más tiempo, me dijo que a ella no le había fallado. Ya te conozco. ¡Y esa es la verdad! No soy un héroe, ni pretendo serlo. Desde que comenzaron los piropos trato de rebajar esa imagen, de manchar la luz, pero la gente sigue pensando que soy superior, y ahora por fin se ha demostrado que no. En cierta forma, me alegro de haber tenido ese roce (solo por la desilusión, no por otra cosa). Sé que estamos es un mundo que necesita héroes, pero si construimos alguno ha de ser alguien que conozcamos poco, para que no nos enteremos de sus fallos. Por muy bueno que sea, el vecino nunca será un santo. Tiene fallos y aciertos, y nos esforzamos en ver solo lo bueno. Dejemos de ser niños, y comencemos a apreciar los fallos de cada uno. Un abrazo.
jueves, febrero 19, 2009
Hoy iba a escribir sobre algo triste, algún problema que se me cruzara por la cabeza, pero no he podido. Con este sol debería ser un delito ponerse triste. He escrito igual veinte líneas, y las acabo de borrar. No me gustaban, no era yo. A decir verdad, tenía en la cabeza lo que me dirían al día siguiente, cuando me encontrara con los que habitualmente leen este blog. Por favor, si tenéis un blog y queréis escribir sobre vosotros mismos, no se lo digáis a quienes veis a menudo. Gusta que te digan que escriben bien, que tienes un trasfondo oculto, pero solo gusta al principio. Pronto empiezas a escribir condicionado por tus lectores, solo que en este caso los lectores son de carne y hueso, y los ves cada día. No sé si los periodistas o escritores sentirán algo parecido con sus escritos. Quizás esto es aprender día tras día. Yo pienso que es venderse, prostituirse. Yo empecé a escribir con 6 o 7 años, creaba historias para sentirme mejor. No volvía a escribir hasta los 16, cuando emborronaba papel con los típicos comecocos de los adolescentes, solo que entonces ya había leído mucho, y empecé a escribir algo menos visceral y más elaborado. Poco después comencé a escribir relatos que ganaron los premios literarios del instituto, y era feliz. Miraba los escritos de mis 16 años y me ponía colorado, todo era arrebatador, extremo, total. Amor o muerte. Ha pasado el tiempo, tengo un blog y ahora encuentro auténticos esos poemillas, y trato de convencerme de que lo demás no es falso. No puedo leer poesía, porque me parece falsa. No puedo escuchar baladas, porque me parecen falsas. ¿Y qué coño es lo verdadero, lo que solo puedo leer yo? ¿Eso es el arte? No, eso es desahogo, y es algo diferente del arte. Ambos son emociones en estado puro, pero el arte es transmitir esas sensaciones, y el desahogo es escribirlas y tirarlas por el retrete. O al menos eso es lo que quiero pensar. Por mi bien. Un abrazo
domingo, octubre 26, 2008
El tiempo impresiona. No nos damos cuenta de que existe, de que nos devora; solo vemos sus efectos. Más allá de arrugas o estrías, afecta a lo que dijimos que duraría siempre, que siempre estaría allí: las relaciones con los demás. Resulta doloroso ver cómo con el paso del tiempo hay personas que se distancian, que se envuelven en la tibia niebla de la indiferencia, y ya no compartes esos momentos que daban sentido a la vida, sólo hablas. No me refiero a esos amigos que parten hacia tierras lejanas, sino precisamente de los que permanecen a tu lado, de los que viven en la casa de al lado, pero por una razón u otra no ves como antaño. Las promesas arrojadas al viento, los sueños en común, todo desaparece. Crecemos, dicen algunos. Yo digo que perdemos. ¿Hay algo más valioso que un amigo? Puedes perder el trabajo, el coche, pero un amigo... Un amigo no lo encuentras en un concesionario, o echando un currículum. Es más complejo que todo eso.
Pero el tiempo también cambia las relaciones en otro sentido. Resulta gratificante ver cómo gente que no veías desde hace años te recuerda y te quiere como el primer día que os conocisteis. Compartes las mismas bromas, las mismas discusiones. Nada ha cambiado. ¿Por qué? Porque en esa relación el tiempo no ha roído los lazos, ha sido la distancia. Y esa distancia puede recorrerse a la inversa, al contrario que el tiempo. Si fuimos a estudiar a Salamanca, sabemos que un día volveremos a nuestra ciudad, y encontraremos todo lo que añoramos. Sin embargo, el amigo de al lado no añora nada, porque lo tiene. Sin embargo, poco a poco va perdiendo esa conexión con su hermano del alma, sólo porque no lo aprecia (creo yo). Volvemos al viejo dicho de que solo se quiere algo no se tiene. En nuestro pensamiento, las relaciones permanecen igual, pero si vives esas relaciones, estas van cambiando, y generalmente este cambio nos disgusta.
Por todo esto, resulta más fácil tener un amigo en la Cochinchina que al lado, porque el de al lado existe, mientras que del otro solo conoces lo que tú quieres imaginar. Eso sí, los amigos de lejos, igual que los nuevos, pueden ser mejores que los anteriores, pero recordemos que un amigo, aunque no sea un amigo, siempre es alguien importante para ti. Un abrazo.
Pero el tiempo también cambia las relaciones en otro sentido. Resulta gratificante ver cómo gente que no veías desde hace años te recuerda y te quiere como el primer día que os conocisteis. Compartes las mismas bromas, las mismas discusiones. Nada ha cambiado. ¿Por qué? Porque en esa relación el tiempo no ha roído los lazos, ha sido la distancia. Y esa distancia puede recorrerse a la inversa, al contrario que el tiempo. Si fuimos a estudiar a Salamanca, sabemos que un día volveremos a nuestra ciudad, y encontraremos todo lo que añoramos. Sin embargo, el amigo de al lado no añora nada, porque lo tiene. Sin embargo, poco a poco va perdiendo esa conexión con su hermano del alma, sólo porque no lo aprecia (creo yo). Volvemos al viejo dicho de que solo se quiere algo no se tiene. En nuestro pensamiento, las relaciones permanecen igual, pero si vives esas relaciones, estas van cambiando, y generalmente este cambio nos disgusta.
Por todo esto, resulta más fácil tener un amigo en la Cochinchina que al lado, porque el de al lado existe, mientras que del otro solo conoces lo que tú quieres imaginar. Eso sí, los amigos de lejos, igual que los nuevos, pueden ser mejores que los anteriores, pero recordemos que un amigo, aunque no sea un amigo, siempre es alguien importante para ti. Un abrazo.
lunes, octubre 20, 2008
Volvimos a la calma, y ahora volvemos al estrés, al no tener tiempo ni para comernos los mocos, al salir de un examen para caer en un trabajo, y así pasa mi vida. Entre una cosa y otra intento dejar huella en los que me rodean, ya que no sé si algún día dejaré huella en el mundo entero (no os creáis que no lo intento) Aunque me esfuerce en negarlo, me encanta que la gente me aplauda, me dé las gracias por haber dado sentido a su vida. Por eso, los egoísmos son lo que más odio en el mundo; no hay nadie más egoísta que yo, pero trato de controlarme y disimularlo. Un profesor que tengo, argentino, dijo el otro día que los argentinos para suicidarse se suben a su ego y se tiran. Pues bien, me merezco ser argentino. No vengo ahora con racismo ni leches en vinagre, solo digo que necesito saberme especial, alguien que el mundo necesita, alguien que será la salvación de algo, aunque todavía no sé el qué. No sé (me estoy dando cuenta de que no sé muchas cosas) a qué viene esta entrada, pero le acabo de encontrar una utilidad: como no me conoceréis, por favor, abrazad a quien tengáis al lado, tratadlo bien, y adoradlo todo lo que el sentido común os permita. Y como regalo, una canción: Guaranteed, de Eddie Vedder (banda sonora de Into the wild). Por supuesto, recibid todos vosotros también un abrazo.
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miércoles, octubre 24, 2007
Como todo en este blog, os voy a contar algo que realmente me ha sucedido, y no es para suscitar admiración, sino para poder vivir tranquilo. Como dijo Roger Wolfe: "Quien es feliz vive, quien no, se hace pajas y escribe" Pero bueno, a lo que íbamos. Se habla mucho de amores rotos trágicamente por la fuerza del destino, capaces de llenar hojas y hojas de novelas folletinescas, pero ¿qué ocurre cuando el amor que antaño rompió barreras y fabricó puentes se esfuma poco a poco, como las nubes se disipan tras la tormenta? ¿Acaso eso significa que has amado menos? No, simplemente ha desaparecido. Otros amoríos se marchan de golpe, al ver que el ídolo que adoramos tiene los pies de barro, que se fractura con un pequeño temblor. Sin embargo, este amor que hasta hace nada abrazabas al irte a dormir, y por el que suspirabas al peinarte, se ha desvanecido. Ahora, haciendo un poco de retrospectiva, uno se ríe de esos escalofríos que sacudían todo tu cuerpo cuando por accidente tu mano rozaba sus dedos, ahora feos y rechonchos. La cara en la que pensabas cuando te hablaban de un ángel ha vuelto opaca, haciendo que te preguntes dónde fue a parar esa luz que iluminaba a través de la niebla más densa. Sus ojos ya no son dos soles, sino que parecen dos píxeles, y gracias. Pero tú tampoco eres el mismo. Tu cara ya no desprende una luz tranquilizante, tus ojos ya no relucen. Los que te rodean se preguntan si te ocurre algo, pero sabes que se pasará, y sabes cuándo. Por muy duro que suene, esa herida abierta al arrancarse la flecha de Cupido sólo la tapará otra flecha, que Dios sabe qué efecto tendrá sobre ti. La vida es una sucesión de personas y acontecimientos, y hay que saber quedarse con lo bueno y aprender de lo no tan bueno. Como de costumbre, sonrío tras descubrir qué me pasa. La escritura es lo que tiene.
lunes, agosto 06, 2007
No llevo casi escribiendo este blog y casi estoy por dejarlo. Sé que nadie leerá esto, pero aún así quería publicitarlo un poco, que pareciese que por lo menos intento atraer a alguien. Me pongo a buscar algo, y encuentro un blog con una serie de consejos para atraer a alguien a mi blog para comérmelo después. Pues bien, hago amistad con el come-gatos, empiezo a leer y pienso bien, vale, a por ellos tigre, y todo ese rollo. Voy cumpliendo esos pasos hasta que me encuentro con 3 letras que han cambiado mi vida: RSS. Como Caperucita Roja antes de conocer al lobo feroz, busco inocentemente en Google esas siglas, ahora más temidas por mí que CIA o Mossad, y me dispongo a crear una cosa de esas para mi blog, aunque hubieran sido más útil unos huevos fritos. Después de media hora leyendo una sola línea, mi garganta reseca de emitir tantas injurias lanza un rotundo ¡A cascala!, cierro el puto (euro pa' la fundación Gomaespuma) internet explorer, añoro los tiempos de la plumilla y el papel reseco y echo un buscaminas. Más calmado, me meto en el blog para desahogarme, aunque si ya esto le evitara un problema a un mono del Amazonas profundo sería fenomenal. Bueno, ya vale de largar que si no me cierran mi casa.
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