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jueves, marzo 11, 2010
Y correr y mirar a todos y sonreír y levantarlos del fango y limpiarles el polvo de las rodillas y ponerles una tirita en las rodillas peladas y mecerlos en mis brazos mientras les canto nanas y seguir corriendo y descubrir que llego tarde y tengo que saltar más y correr más rápido para llegar a lo mismo pero al final acabo llegando pero resoplando y recuerdo que tengo que seguir más allá y superar esa otra montaña y cargarme con el sherpa moribundo y decirle que se curará que su pierna está bien que su familia tendrá comida porque él es el mejor sherpa del mundo y volver a la civilización y descubrir que todo ha cambiado porque ha llegado el médico y advierte que al llevarlo en brazos le he destrozado la cadera y que ya nunca podrá cargar esos inmensos paquetes y seguir corriendo seguir saltando seguir volando porque hay otra meta porque siempre hay otro sendero que recorrer hasta llegar a un valle en el que hay una escalera y muchas cosas más pero solo recuerdas que hay una escalera y tus brazos ya no soportan ni el reloj.
viernes, febrero 05, 2010
Odio a las hormigas. Me parecen el animal más estúpido, sus patas largas se mueven como brazos estúpidos que jalean a un cantante drogadicto. Caminan siempre en fila, unas detrás de otras, aducen que así llegan más lejos, que así se aprovechan de sus conocimientos. ¡Mentira! Lo único que hacen es pisar su mierda, tragarse sus mentiras. Degustan vómito en copa de plata, paladean sangre seropositiva, todo pensando que es la esencia del ser, cuando todos sabemos que la esencia no existe, que la importamos. Todo lo importamos, nada creamos. No somos capaces ni de hablar en español, porque parecemos ignorantes; el inglés es cool y acortar palabras mola. Míranos, todos consumimos lo mismo, todo es evaluable, todo es seriado, todo es igual. Incluso amar y odiar son conceptos que son iguales para todos, con una serie de normas: no puedes amar a tu hermana, no puedes odiar sin motivo. ¿Y quién cojones me lo impone? ¿Quién es el que define cómo tenemos que ser? Nunca lo sabremos, porque no queremos, pero los únicos responsables somos nosotros. Nosotros somos la mierda, pensando que somos la hierba. Nosotros contaminamos nuestra sangre, pensando que aspiramos a ser reyes. Nosotros nos contenemos, no gritamos, no pegamos, porque pensamos que así solo nos haríamos daño a nosotros mismos. Y sí, al pegar un puñetazo te duele la mano. Pero al otro le faltan varios dientes.
Etiquetas:
desilusión,
errores,
estudios,
orgullo
martes, marzo 31, 2009
Cultura era una puta de cabaret
que todos nos deberíamos haber ido tirando
hasta que nos hiciera llegar al orgasmo.
¡Con lo bien que lo hacía!
Antes solías encontrarla en las bibliotecas,
en determinados bares y tabernas,
incluso en cines, teatros y conciertos.
Últimamente cuentan que la han visto por las iglesias
yendo al confesionario.
Se ha vuelto casta y viste
de luto riguroso.
Nacho Tajahuerce
sábado, marzo 14, 2009
El jueves y el viernes estuve en Huesca, en un congreso de periodismo. Cubríamos el evento para contar todo en otro blog, y lo hacíamos en grupos de cuatro. Cómo no, surgieron roces que tenían que surgir por nuestro bien, porque llevábamos unos días que las cosas no iban bien. Nos enfadamos y nos reconciliamos, como ocurre entre amigos, pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de las consecuencias, de otra chica que ni siquiera estaba en el ajo. Cuando discutimos, ella también se enfadó, y cuando lo arreglamos ella solo me dijo una cosa: Me has fallado. Típico en mí, me eché a reír y luego me enfadé. Pero este es un problema que viene de lejos. Desde hace unos meses hay gente que me tiene en un pedestal que yo no pedí, me adoran como un Dios que no quise ser. Para ellas soy el mejor, o al menos eso me dicen. Y ahora le he decepcionando. Otra periodista, a la que conozco desde hace más tiempo, me dijo que a ella no le había fallado. Ya te conozco. ¡Y esa es la verdad! No soy un héroe, ni pretendo serlo. Desde que comenzaron los piropos trato de rebajar esa imagen, de manchar la luz, pero la gente sigue pensando que soy superior, y ahora por fin se ha demostrado que no. En cierta forma, me alegro de haber tenido ese roce (solo por la desilusión, no por otra cosa). Sé que estamos es un mundo que necesita héroes, pero si construimos alguno ha de ser alguien que conozcamos poco, para que no nos enteremos de sus fallos. Por muy bueno que sea, el vecino nunca será un santo. Tiene fallos y aciertos, y nos esforzamos en ver solo lo bueno. Dejemos de ser niños, y comencemos a apreciar los fallos de cada uno. Un abrazo.
lunes, febrero 23, 2009
Este es el artículo que escribimos unos cuantos alumnos al profesor que tuvimos en 3º y 4º de Primaria, cuando teníamos 9 y10 años y todo era ilusión. José María transformó esa ilusión, esa vitalidad propia de la infancia en interés, en curiosidad, en amor por todo lo que nos rodea. Por eso este homenaje, por eso todo lo que hago.
Cuando nos pidieron que escribiéramos sobre José María lo primero que pensamos fue que era nuestra oportunidad de darle las gracias por todo lo que ha hecho por nosotros. Si hemos llegado a ser algo, y si nos hemos esforzado cada día por seguir adelante, fue gracias a él. José María era un profesor diferente, que nos enseñó algo más que datos y fechas, o lo que es lo mismo, sólo aprender. Nos enseñó a relacionarnos con el mundo, nos enseñó valores que podemos aplicar a nuestro día a día, nos enseñó incluso una profesión (agricultura), y sobretodo, que aprender es comprender.
Si hoy nos acordamos de José María, es porque hizo del estudio algo divertido. Todos íbamos a clase con ganas de aprender algo nuevo, porque cada clase era una aventura. El conocimiento no estaba sólo en los libros, sino que todo lo que nos rodeaba era fuente de sabiduría. José María hizo de cada materia un juego: jugando a componer palabras con letras sueltas aprendimos a no cometer faltas de ortografía; con cartas de las provincias españolas aprendimos geografía; con operaciones de cálculo mental aprendimos matemáticas; cantando una canción, aprendimos el orden de los planetas; gracias a una buena comprensión lectora, hemos aprendido algo más que leer, aprendimos a leer entre líneas; con una colleja bien dada, aprendimos educación y respeto en todo momento; y gracias al concurso de la letra más pequeña aprendimos a hacer chuletas. Pero recordamos, sobretodo, las “luchas” donde nos divertíamos compitiendo por contestar el primero.
Si hoy nos acordamos de José María, es porque desarrolló nuestra imaginación, nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos. Gracias a las miles de redacciones que nos mandaba, no sólo aprendíamos a redactar, sino también a crear, a imaginar mundos donde todo es posible, como vacas volando. Mundos donde volcábamos nuestras fantasías y expectativas. Gracias a las clases de plástica aprendimos a convertir un simple folio en blanco en un mural de muchos colores, trabajando juntos, algo que no podíamos hacer solos.
Si hoy nos acordamos de José María, es porque nos enseñó a trabajar en grupo, nos enseñó que juntos podemos llegar donde no podíamos llegar solos, quién iba a decir que seríamos capaces de fabricar una depuradora con simples piedras y algodones, quién iba a decir que haríamos un mural que todavía hoy decora nuestra escuela, quién iba a decir que juntos haríamos el belén más grande que se ha hecho en la escuela, hecho de simple plastilina, pero repleto de ilusión. La clase entera era un grupo, que si trabajaban juntos conseguían un “récord” que adornaba la clase. Pero el mayor ejemplo fue el huerto, mantenido prácticamente por él, en el que trabajábamos todos y en el que disfrutábamos todos.
Cada año los esfuerzos de José María se han visto recompensados con los generosos regalos de los padres y de sus queridos alumnos. Hasta ahora todos los regalos que ha recibido no han sido suficientes, y este artículo no recompensará tampoco todo lo que hizo por nosotros. Pero José María, si queremos decir todo lo que hemos vivido contigo, necesitaríamos reunirnos y volver a disfrutar todo lo que compartimos.
Gracias por todo lo que hemos vivido contigo y las alegrías que nos has dado durante los dos cursos, para nosotros eres como un segundo padre.
Cuando nos pidieron que escribiéramos sobre José María lo primero que pensamos fue que era nuestra oportunidad de darle las gracias por todo lo que ha hecho por nosotros. Si hemos llegado a ser algo, y si nos hemos esforzado cada día por seguir adelante, fue gracias a él. José María era un profesor diferente, que nos enseñó algo más que datos y fechas, o lo que es lo mismo, sólo aprender. Nos enseñó a relacionarnos con el mundo, nos enseñó valores que podemos aplicar a nuestro día a día, nos enseñó incluso una profesión (agricultura), y sobretodo, que aprender es comprender.
Si hoy nos acordamos de José María, es porque hizo del estudio algo divertido. Todos íbamos a clase con ganas de aprender algo nuevo, porque cada clase era una aventura. El conocimiento no estaba sólo en los libros, sino que todo lo que nos rodeaba era fuente de sabiduría. José María hizo de cada materia un juego: jugando a componer palabras con letras sueltas aprendimos a no cometer faltas de ortografía; con cartas de las provincias españolas aprendimos geografía; con operaciones de cálculo mental aprendimos matemáticas; cantando una canción, aprendimos el orden de los planetas; gracias a una buena comprensión lectora, hemos aprendido algo más que leer, aprendimos a leer entre líneas; con una colleja bien dada, aprendimos educación y respeto en todo momento; y gracias al concurso de la letra más pequeña aprendimos a hacer chuletas. Pero recordamos, sobretodo, las “luchas” donde nos divertíamos compitiendo por contestar el primero.
Si hoy nos acordamos de José María, es porque desarrolló nuestra imaginación, nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos. Gracias a las miles de redacciones que nos mandaba, no sólo aprendíamos a redactar, sino también a crear, a imaginar mundos donde todo es posible, como vacas volando. Mundos donde volcábamos nuestras fantasías y expectativas. Gracias a las clases de plástica aprendimos a convertir un simple folio en blanco en un mural de muchos colores, trabajando juntos, algo que no podíamos hacer solos.
Si hoy nos acordamos de José María, es porque nos enseñó a trabajar en grupo, nos enseñó que juntos podemos llegar donde no podíamos llegar solos, quién iba a decir que seríamos capaces de fabricar una depuradora con simples piedras y algodones, quién iba a decir que haríamos un mural que todavía hoy decora nuestra escuela, quién iba a decir que juntos haríamos el belén más grande que se ha hecho en la escuela, hecho de simple plastilina, pero repleto de ilusión. La clase entera era un grupo, que si trabajaban juntos conseguían un “récord” que adornaba la clase. Pero el mayor ejemplo fue el huerto, mantenido prácticamente por él, en el que trabajábamos todos y en el que disfrutábamos todos.
Cada año los esfuerzos de José María se han visto recompensados con los generosos regalos de los padres y de sus queridos alumnos. Hasta ahora todos los regalos que ha recibido no han sido suficientes, y este artículo no recompensará tampoco todo lo que hizo por nosotros. Pero José María, si queremos decir todo lo que hemos vivido contigo, necesitaríamos reunirnos y volver a disfrutar todo lo que compartimos.
Gracias por todo lo que hemos vivido contigo y las alegrías que nos has dado durante los dos cursos, para nosotros eres como un segundo padre.
Tus ex-alumnos de la generación del 90
lunes, febrero 02, 2009
Dejad el bolígrafo, cerrad el libro, recoged los apuntes, y descansad un rato. Reíd, saltad, corred, haced todo lo que queráis durante al menos media hora. El estudio seguirá esperándoos. Si necesitáis un impulso, aquí tenéis 1234, de Feist. ¡Abrazad, besad, amad!
Os prometo que no vuelvo a repetir el numerito de telepredicador, mi próxima entrada será un poco más seria.
Os prometo que no vuelvo a repetir el numerito de telepredicador, mi próxima entrada será un poco más seria.
lunes, noviembre 24, 2008
Para conseguir cierto dinero a fin de mes doy clases particulares a una chica de 2º de la ESO (13 años más o menos). Le ayudo un poco con todas las asignaturas, pero este año no tiene música, y en su lugar tiene más horas de plástica. Estas clases las recuperará al año que viene, cuando no dé plástica. Desde mi punto de vista se pierde más que se gana, pero esa no es la cuestión. La cuestión es que pienso que la música es de lo más valioso de este mundo, y he decidido educar un poco sus oídos, hacer que escuche todo tipo de música, desde rap hasta clásica. Sin embargo, no le gusta este último género, y me he propuesto hacer que, aunque no la ame, al menos sepa apreciarla. Para ello he pensado en empezar con poesía (no es un caso perdido, le gusta leer) y a partir de allí ir avanzando poco a poco hasta la música clásica. El problema surge cuando pienso qué elegir. Siento en mis hombros una pesada carga, ya que soy el canal de toda la música que ha existido hasta ahora. Gracias a mí aparecerán en su cabeza Bizet, Beethoven, los Rolling, todo. No puedo sacar las cosas así como así; si lo presento mal es muy probable que no le guste ya nunca, o que la música no la llene. Sé que es imposible conseguir que sienta lo que siento yo, pero me gustaría intentarlo. Había pensado en empezar con este poema de Bécquer para luego pasar al Canon de Pachabel, y a partir de ahí seguir con Carmina Burana o algún pasaje melódico. Como todos tenemos algo de profesores, me gustaría que diérais vuestra opinión, aunque solo sea para criticarme. Como siempre, un abrazo.
jueves, junio 19, 2008
Sé que he hablado del tema una y otra vez, pero tengo que seguir hablando, seguir cantando, por la música. Ya sabréis a estas alturas que hacemos un concierto y que la profesora, Juani, murió. Pues bien, ayer hice mi último concierto, y hoy me he despedido de todos. Ahora mismo mi cara está desfigurada por el llanto, pero tengo que seguir cantando. Después de todos los malos momentos, las peleas contra todo, hemos seguido adelante, y hemos hecho un año más el concierto. Ahora me voy, y el concierto pasa a ser de otros, pero siempre será mío. Siempre llevaré en mi corazón todos los recreos con mi xilófono, todos los conciertos, todos mis hermanos. Siempre ha sido algo excepcional, pero hoy me he dado cuenta de que ha sido uno de los pilares de mi vida: a cada momento he estado pensando en el concierto, en el repertorio, en todo. Hoy me he dado cuenta de que quiero a las pequeñas que han hecho posible el sueño de Juani, y también el mío: la música sigue viva. No sé lo que pasará, pero sé que le debo a Juani más de lo que podré pagar en toda mi vida. La música ya no es un mero sonido, sino mi corazón, mi alma, mi respirar, todo. Lo he aprendido gracias a mis chicas, a mis ángeles que han luchado contra viento y marea para tocar, y han comprendido lo que es la música. No sé si algún día volveré a visitar el instituto, pero siempre veré el aula de música, mi corazón. No sé lo que escribo, ni me importa, sólo quiero dar las gracias a todos: Laura, Alicia, Laura, Beatriz, Ana, Carlos, y por qué no también a Sara, Vicky, María, Jorge, Marta y Carlos. Más allá de las palabras puedo escuchar una frase, mítica en el concierto: sois mis chicas, y siempre os daré las gracias. Como discurso vale una mierda, pero me da igual; nunca estaré solo.
jueves, junio 12, 2008
lunes, junio 09, 2008
Hace tiempo que no escribo aquí, y mucho más que no digo nada de mi vida. Pues bien, hoy me voy a explayar a gusto. Mañana empiezo los exámenes de selectividad, que deciden qué carrera puedes estudiar. Veo en la televisión gente sin dormir, bebiendo litros de café, y no puedo sentir lástima; yo estoy en mi casa escribiendo tontadas. Pero yo también sufro, no nervios, sino nostalgia. Con estos exámenes digo adiós al instituto, en el que he pasado 6 años de mi vida, realmente buenos. Me han aportado abono suficiente como para seguir creciendo, y este último año he intentado devolver un poco de ese regalo a las nuevas generaciones (me siento viejo al decir esto) Es por eso por lo que he dedicado todos mis recreos al concierto de música, enseñando y hablando con mis chicas, tratando de transmitir todo lo que un día me enseñaron de la música, no como notas, sino como vida. Pero más importante que eso, es el sentimiento de pertenecer a un grupo de personas de diferentes edades y gustos, unidos por su pasión por la música. Eso es lo verdaderamente enriquecedor del concierto: salir de tus grupitos endogámicos de niños y recibir la sabiduría, las bromas de gente mayor que tú, que siempre tienen una sonrisa, una frase cariñosa para ti. Esa es la razón de que defendiera el concierto cuando estaba a punto de morir, y que intente captar nuevas mentes para el año que viene, para que la música siga sonando, que la voz de Juani siga viva.
lunes, septiembre 24, 2007
Antes de decir nada quiero pediros perdón por haberos dejado casi una semana sin disfrutar de mi grata compañía (ni siquiera yo me lo trago, pero qué le vamos a hacer) Dicho esto, ya podemos proseguir con nuestro tema. Como decíamos ayer, la vuelta al cole es más estresante que nunca si clase tras clase todos y cada uno de los profesores te recuerdan que el fin de este curso no es aprender, como se supone ha sido hasta ahora (mal que les pese a los que creen que lo importante son los resultados), sino que estamos en clase para preparar los contenidos de un solo examen. No se si también hay gente de otros países que se mete aquí por error, pero les voy a explicar que la selectividad, el dichoso examen, es un conjunto de pruebas de 6 asignaturas a realizar en 2 días. Teniendo a cuenta que el temario que se maneja ya es bastante completo, se decidió que el alumno tuviera 2 horas y 3 folios para realizar cada prueba, ya que si no se extendería demasiado. Ahora bien, el problema es, y me temo que soy el único alumno que piensa esto, el miedo que se le mete al alumno. Sé que quizá lo hacen para motivarnos a estudiar, pero desde mi punto de vista lo único que se consigue con esto es que el alumno esté al borde del colapso nervioso, y si a esto le unimos el uso abusivo del café que hacen tres cuartas partes, tenemos desmayos y crisis de nervios a tutiplé. Nadie me ha tenido que decir que el examen es fácil; simplemente he hojeado tranquilamente algunos examenes de convocatorias pasadas, y creo que no necesitaré más drogas que mi tableta de chocolate (sí, lo sé). Os vuelvo a mandar el saludo que ya ha recorrido medio mundo, y prometo escribir con más frecuencia.
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