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jueves, marzo 11, 2010
Y correr y mirar a todos y sonreír y levantarlos del fango y limpiarles el polvo de las rodillas y ponerles una tirita en las rodillas peladas y mecerlos en mis brazos mientras les canto nanas y seguir corriendo y descubrir que llego tarde y tengo que saltar más y correr más rápido para llegar a lo mismo pero al final acabo llegando pero resoplando y recuerdo que tengo que seguir más allá y superar esa otra montaña y cargarme con el sherpa moribundo y decirle que se curará que su pierna está bien que su familia tendrá comida porque él es el mejor sherpa del mundo y volver a la civilización y descubrir que todo ha cambiado porque ha llegado el médico y advierte que al llevarlo en brazos le he destrozado la cadera y que ya nunca podrá cargar esos inmensos paquetes y seguir corriendo seguir saltando seguir volando porque hay otra meta porque siempre hay otro sendero que recorrer hasta llegar a un valle en el que hay una escalera y muchas cosas más pero solo recuerdas que hay una escalera y tus brazos ya no soportan ni el reloj.
domingo, diciembre 20, 2009
Clávate ese cuchillo, puedes estar tranquila de que yo te curaré. Salta, bebe, vive, deslízate por todos los toboganes que te brinde la vida. Siempre podrás contar con la ayuda de tus amigos, siempre habrá un cinturón que te sostenga, una manta donde acurrucarte y dormir sonriendo, sabiendo que hace frío, pero tú no lo sientes. Desafina en los karaokes, escupe a la cara de los que pasan, ponte el mundo por sombrero y luego arrójalo al primer banco que veas. No te preocupes de nada, porque tienes amigos, y tus amigos serán la luz que veas cuando cierres los ojos, la mano que te busca entre el fango y los cadáveres. Las palabras surgen, las conversaciones duran, y todo simplemente porque son tus amigos, y son partes de tu vida, partes de tu alma encarnadas en otros cuerpos, otros cuerpos que te dejaron partes de sus almas. Un diamante que contiene retazos de gema y rubí, de incienso y de literatura. Un diamante forjado en las entrañas del dragón, que relucirá por siempre en el más oscuro temor. Porque los diamantes se forman tras demasiados años como para comprobar el proceso. Porque los diamantes son los más duros, pero también los más hermosos.
jueves, noviembre 19, 2009
sábado, febrero 28, 2009
No quiero que me cuentes nada, no quiero que vuelvas a sufrir recordándolo todo. Solo abrázame, y llora. Llora por ti, llora por mí, llora por el dolor. Llora por todos los que no pueden llorar, llora por todos los que ahogan su llanto en la almohada, y salen de su cuarto con una sonrisa. Llora por todos los que no pudieron llorar, por todos los que secaron sus ojos. Tú llora, que yo estaré aquí, yo siempre estaré a tu lado, esperando a que te levantes del dolor, y me ames. Tú duerme, prometo que este dolor se irá, que mañana solo me verás a mí, solo verás a un amigo, pero un amigo que te ama. No, no intentaré tocarte. Solo quiero que seas feliz, y para que seas feliz tienes que llorar. Llora, que yo estaré aquí para recoger tus lágrimas.
jueves, octubre 18, 2007
Hablando con unas buenas amigas que ayer tuvieron la desgracia de leer los apuntes de este loco, me dijeron que uno de mis artículos les había hecho pensar acerca de la condición humana (no lo dijo así, pero yo lo dramatizo un poco) Pensando yo también (esto va a ser mi enfermedad) me he dado cuenta de que lo que dije en un principio que iba a ser este rincón se ha cumplido: un lugar donde las cosas adquieren su importancia. Las cosas cotidianas, que no reciben la importancia que se merecen van creciendo. Esto me condujo a otro pensamiento: el poder que cada uno de nosotros tenemos, sin apenas darnos cuenta. Sólo por haber alzado la voz, alguien dudó de si era correcto lo que pasaba. No os creáis que tengo poder por escribir en internet; hubiese pasado lo mismo si lo hubiera dicho a la cara, pero no tuve el valor. Pero bueno, a lo que íbamos. Ese letargo que nos impulsa siempre a seguir la corriente puede ser aprovechado para el bien, por mucho que esto suene a novela. Los seres humanos somos muy influenciables, y sólo que alguien diga que eso está mal sirve para plantar la semilla de la duda, gracias a la cual llegamos a la verdad (esto no es mío, sino de Descartes). Así que ya sabéis: gritad a los 4 vientos lo que pensáis, que en algún lugar habrá alguien escuchando. Recibid un saludo, susurrado al oído o gritado por unos altavoces. Vosotros elegís.
viernes, septiembre 14, 2007
Hoy pretendía escribir un post normalito, intranscendental, sobre mi vuelta al instituto, pero al leer la siguiente noticia me he visto obligado a hablar de ella. Una joven negra ha sido secuestrada y vejada de todas las maneras inimaginables por un grupo de blancos que no merecen siquiera ser llamados personas (noticia completa aquí) Cuando escuché esta noticia me di cuenta de que el mundo no es como yo lo imaginaba, con personas de todos los colores y formas trabajando juntas para lograr un objetivo común, sino todo lo contrario. Nada importan los sentimientos de los demás; si quieres hacer algo, just do it, sin pensar siquiera en lo que está mal. No somos seres perfectos; nuestra vida es una sucesión de fallos y mentiras para justificarlos, pero ante casos así deberíamos reaccionar, y preguntar, no a la sociedad en general, sino a cada uno de nosotros en nuestro fuero interno, qué es lo que estamos haciendo mal. Como oí hace mucho tiempo en una película malísima (como no, algo bueno debía tener): no debemos preguntarnos qué es lo que tiene que hacer el pueblo, sino qué tenemos que hacer nosotros por la sociedad. Espero que esto haya podido servir a alguno de los que por error se introducen en este sucio mundo que es la realidad, más allá de programas o chicas. Hoy no os mando un saludo, sino un caluroso abrazo, sólo por tener la valentía, la osadía de intentar ver qué es lo que pasa realmente; por haber elegido la turbadora pastilla roja, en vez del apacible cielo azul que promete la incultura. Hace bastante que quiero acabar esta entrada, y lo voy a hacer simplemente con 2 palabras: seguid así.
jueves, agosto 23, 2007
No sé qué escribir. Me limito a dejar libre mi mano, y que ella decida qué crear sobre el vacío porque yo no tengo la menor idea. Dejaré que ella decida si es un hombre o una mujer, si está alegre o está triste. Que ella se ocupe del lugar; un bar estaría bien, pero yo no tengo nada que decir: he delegado completamente en ella. Que sea ella quien decida el porvenir de los protagonistas, sus amores y desamores, si comen o pasan hambre. En su mano está (nunca mejor dicho) que vivan o mueran; yo no quiero saber nada de ellos. No quiero volver a pasar por la asfixiante presión de tener la titánica tarea de poblar el mundo vacío delante de ti, y no saber cómo hacerlo, ni con qué. Si la gente supiera estos problemas, seguro que no querría ser Dios. Yo quiero ser normal, con mi alienante trabajo que no me exige demasiado. Así no tengo que enfrentarme a mí mismo, sumergirme en mi interior buscando algo para plasmarlo sobre algo ajeno y con esta nueva perspectiva ver todo con mayor claridad. De esta forma no tengo que enfrentarme a mí mismo, descubrir mis miedos y mis virtudes, mis fallos y mis secretos. Dejaré que los músculos guíen al cerebro, contradiciendo los principios de la ciencia. Liberaré a mi mano del despotismo de la razón; yo no sé qué escribir.
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