Mostrando entradas con la etiqueta mito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mito. Mostrar todas las entradas
viernes, septiembre 11, 2009
Hay canciones que son más de lo que dicen, más de lo que cuentan, aunque muchas veces ni siquiera lo sepamos ver. Un ejemplo de esas canciones es With or without you, de la que ya hablé. Hoy voy a hablar de otra gran canción que tiene para mí otro gran significado: Bohemian Rhapsody, de Queen. Evidentemente, no soy tan estúpido como para creer que este es el concepto en el que pensaban los autores, pero es el concepto en el que pienso yo. Bohemian Rhapsody, para mí, trata sobre la vida. Todos los cambios de ritmo, de intensidad, marcan cambios en la vida. La canción arranca con los 4 miembros (Freddie Mercury, Brian May, John Deacon y Roger Taylor) cantando a coro, a capella, muy lentamente. Como el niño que todavía no ha nacido, que vive en sintonía total con su madre, se pregunta sobre lo que ve, lo que siente: ¿Es esta realmente la vida, es pura fantasía? Poco a poco se une un piano, las voces se desdoblan, se contestan: el niño nace. El piano, como una nana que duerme al niño, sirve de acompañamiento a Freddie, que canta suavemente sobre el dolor, sobre la muerte, como la madre que alerte al niño, pero siempre con dulzura. Aparece la batería, el niño crece y sale de casa, tiene amigos. Suenan unas campanillas, el niño quizás se enamora de su amiga, de su vecina. Brian May a la guitarra, la fuerza del niño supera el cariño de la madre, se transforma de repente en un adolescente. Cambia la música, es la parte más caótica, más extraña. El piano, antes suave, ahora es cómico, extraño. El adolescente no tiene a nadie, pero todo el mundo le asombra, le defrauda. Todo el mundo es su guía, durante dos días. Miles de voces, pero sin sentido, necesita un referente. Rayos y truenos, sombras de hombres. No hay luz. Pero el chico es fuerte, y aprende del dolor. La batería, la guitarra, el sufrimiento, todo se convierte en su apoyo, en su fuerza para afrontar el mundo, y madura. Se hace un hombre, se enfrenta a los que le oprimieron. Tiene fuerza, tiene valor para enfrentarse a todos: Así que pensaste que podías apedrearme sin más. Pero el tiempo pasa, las fuerzas se van, y poco a poco envejece, aunque cuando comienza a darse cuenta sus dientes ya duermen en un vaso. La guitarra pierde su fuerza arrebatadora, se acerca a una melodía de misa. Vuelve el piano, pero esta vez como el bastón que acompaña al anciano hasta su tumba. Nada me importa en realidad. Las notas son cada vez más lentas, los latidos son cada vez menos, hasta que desaparecen. Al final, el legado es siempre el mismo. El viento, que aparecía al nacer, vuelve a aparecer al morir. La canción, como la vida, es siempre el último suspiro, el último mensaje: Anyway the wind blows. El viento sopla, se lleva las cenizas del anciano y acaricia el pelo del recién nacido. Un círculo cerrado, que comienza y acaba con la muerte, y que comienza y acaba con Mercury, May, Deacon y Taylor cantando a la vez: el dolor y la alegría unen al hombre y marcan la vida.
martes, junio 30, 2009
Hablaba con un amigo sobre los blogs, sobre cómo nos atan y cómo nos cambian, pero comentamos un asunto de pasada que me parece demasiado importante como para olvidarlo: la realidad. Parece sensato preguntarse qué hay de realidad en los escritos de los locos, que eso son precisamente los blogs. En mi caso, bastante, pero no todo. Me han preguntado miles de veces de dónde saco la inspiración para escribir, y mi respuesta es siempre la misma: de la vida. Sin embargo, el problema surge al escribir, y es que los sentimientos aparecen desbordantes, arrebatadores, totales. Cuando hablo de una mujer, no puedo decir que es guapa, tengo que decir que es la más guapa. Cuando hablo de una mujer, no puedo decir que me gusta, no puedo decir que quiero estar con ella; no. Tengo que afirmar que la quiero, aunque solo me guste. En el blog, creo una realidad a partir de un detalle, de un sentimiento, que igualmente está ahí, pero no tan exhuberante. La realidad está ahí, pero con tacones y peluca, aunque sus ojos siguen brillando igual.
martes, mayo 19, 2009
Hoy he tenido una gran clase de historia: Rosa Parks, Martin Luther King Jr., y el atentado a la iglesia batista de Luther King. Con los pelos de punta, solo escuchaba una frase: "¿Cuántos oídos debe tener un hombre para poder oir a la gente llorar?" Esta perla viene de Bob Dylan, Blowing in the wind. Os dejo con ella. Un abrazo.
How many roads must a man walk down
Before you call him a man?
Yes, 'n' how many seas must a white dove sail
Before she sleeps in the sand?
Yes, 'n' how many times must the cannon balls fly
Before they're forever banned?
The answer, my friend, is blowin' in the wind,
The answer is blowin' in the wind.
How many times must a man look up
Before he can see the sky?
Yes, 'n' how many ears must one man have
Before he can hear people cry?
Yes, 'n' how many deaths will it take till he knows
That too many people have died?
The answer, my friend, is blowin' in the wind,
The answer is blowin' in the wind.
How many years can a mountain exist
Before it's washed to the sea?
Yes, 'n' how many years can some people exist
Before they're allowed to be free?
Yes, 'n' how many times can a man turn his head,
Pretending he just doesn't see?
The answer, my friend, is blowin' in the wind,
The answer is blowin' in the wind.
sábado, marzo 14, 2009
El jueves y el viernes estuve en Huesca, en un congreso de periodismo. Cubríamos el evento para contar todo en otro blog, y lo hacíamos en grupos de cuatro. Cómo no, surgieron roces que tenían que surgir por nuestro bien, porque llevábamos unos días que las cosas no iban bien. Nos enfadamos y nos reconciliamos, como ocurre entre amigos, pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de las consecuencias, de otra chica que ni siquiera estaba en el ajo. Cuando discutimos, ella también se enfadó, y cuando lo arreglamos ella solo me dijo una cosa: Me has fallado. Típico en mí, me eché a reír y luego me enfadé. Pero este es un problema que viene de lejos. Desde hace unos meses hay gente que me tiene en un pedestal que yo no pedí, me adoran como un Dios que no quise ser. Para ellas soy el mejor, o al menos eso me dicen. Y ahora le he decepcionando. Otra periodista, a la que conozco desde hace más tiempo, me dijo que a ella no le había fallado. Ya te conozco. ¡Y esa es la verdad! No soy un héroe, ni pretendo serlo. Desde que comenzaron los piropos trato de rebajar esa imagen, de manchar la luz, pero la gente sigue pensando que soy superior, y ahora por fin se ha demostrado que no. En cierta forma, me alegro de haber tenido ese roce (solo por la desilusión, no por otra cosa). Sé que estamos es un mundo que necesita héroes, pero si construimos alguno ha de ser alguien que conozcamos poco, para que no nos enteremos de sus fallos. Por muy bueno que sea, el vecino nunca será un santo. Tiene fallos y aciertos, y nos esforzamos en ver solo lo bueno. Dejemos de ser niños, y comencemos a apreciar los fallos de cada uno. Un abrazo.
lunes, marzo 09, 2009
Hoy iba a escribir sobre el amor, para convencer a alguien de que el amor es grandioso, de que la vida no merece la pena sin él. Hoy iba a escribir una entrada de las que hacen historia, una entrada que sería recordada más allá de mañana. Pero me he dado cuenta de que no hay sitio, de que se queda corto. El amor no es un sentimiento, sino todos los sentimientos llevados a la perfección, refinados y mejorados. Por eso, no voy a tratar de convencerla en una entrada, sino que le voy a dar un consejo. Lee todas las entradas con la etiqueta "amor", y cuando te canses (porque no te las leerás todas) sal y mira el mundo. Sal y mira a los demás. Sal y mira todos los avances de la ciencia, todas las grandes obras. Todas han sido hechas por amor, todas por querer vivir un minuto más el amor junto a nuestra mitad. Todo es amor. Lee, escucha, mira, todo lo creado, empezando por la tierra y acabando por esta entrada, es amor. Si necesitas una canción, escucha Amie, de Damien Rice (ninguna versión decente en la red; emule). No habla de amor, pero también es de amor. Un abrazo.
lunes, febrero 23, 2009
Este es el artículo que escribimos unos cuantos alumnos al profesor que tuvimos en 3º y 4º de Primaria, cuando teníamos 9 y10 años y todo era ilusión. José María transformó esa ilusión, esa vitalidad propia de la infancia en interés, en curiosidad, en amor por todo lo que nos rodea. Por eso este homenaje, por eso todo lo que hago.
Cuando nos pidieron que escribiéramos sobre José María lo primero que pensamos fue que era nuestra oportunidad de darle las gracias por todo lo que ha hecho por nosotros. Si hemos llegado a ser algo, y si nos hemos esforzado cada día por seguir adelante, fue gracias a él. José María era un profesor diferente, que nos enseñó algo más que datos y fechas, o lo que es lo mismo, sólo aprender. Nos enseñó a relacionarnos con el mundo, nos enseñó valores que podemos aplicar a nuestro día a día, nos enseñó incluso una profesión (agricultura), y sobretodo, que aprender es comprender.
Si hoy nos acordamos de José María, es porque hizo del estudio algo divertido. Todos íbamos a clase con ganas de aprender algo nuevo, porque cada clase era una aventura. El conocimiento no estaba sólo en los libros, sino que todo lo que nos rodeaba era fuente de sabiduría. José María hizo de cada materia un juego: jugando a componer palabras con letras sueltas aprendimos a no cometer faltas de ortografía; con cartas de las provincias españolas aprendimos geografía; con operaciones de cálculo mental aprendimos matemáticas; cantando una canción, aprendimos el orden de los planetas; gracias a una buena comprensión lectora, hemos aprendido algo más que leer, aprendimos a leer entre líneas; con una colleja bien dada, aprendimos educación y respeto en todo momento; y gracias al concurso de la letra más pequeña aprendimos a hacer chuletas. Pero recordamos, sobretodo, las “luchas” donde nos divertíamos compitiendo por contestar el primero.
Si hoy nos acordamos de José María, es porque desarrolló nuestra imaginación, nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos. Gracias a las miles de redacciones que nos mandaba, no sólo aprendíamos a redactar, sino también a crear, a imaginar mundos donde todo es posible, como vacas volando. Mundos donde volcábamos nuestras fantasías y expectativas. Gracias a las clases de plástica aprendimos a convertir un simple folio en blanco en un mural de muchos colores, trabajando juntos, algo que no podíamos hacer solos.
Si hoy nos acordamos de José María, es porque nos enseñó a trabajar en grupo, nos enseñó que juntos podemos llegar donde no podíamos llegar solos, quién iba a decir que seríamos capaces de fabricar una depuradora con simples piedras y algodones, quién iba a decir que haríamos un mural que todavía hoy decora nuestra escuela, quién iba a decir que juntos haríamos el belén más grande que se ha hecho en la escuela, hecho de simple plastilina, pero repleto de ilusión. La clase entera era un grupo, que si trabajaban juntos conseguían un “récord” que adornaba la clase. Pero el mayor ejemplo fue el huerto, mantenido prácticamente por él, en el que trabajábamos todos y en el que disfrutábamos todos.
Cada año los esfuerzos de José María se han visto recompensados con los generosos regalos de los padres y de sus queridos alumnos. Hasta ahora todos los regalos que ha recibido no han sido suficientes, y este artículo no recompensará tampoco todo lo que hizo por nosotros. Pero José María, si queremos decir todo lo que hemos vivido contigo, necesitaríamos reunirnos y volver a disfrutar todo lo que compartimos.
Gracias por todo lo que hemos vivido contigo y las alegrías que nos has dado durante los dos cursos, para nosotros eres como un segundo padre.
Cuando nos pidieron que escribiéramos sobre José María lo primero que pensamos fue que era nuestra oportunidad de darle las gracias por todo lo que ha hecho por nosotros. Si hemos llegado a ser algo, y si nos hemos esforzado cada día por seguir adelante, fue gracias a él. José María era un profesor diferente, que nos enseñó algo más que datos y fechas, o lo que es lo mismo, sólo aprender. Nos enseñó a relacionarnos con el mundo, nos enseñó valores que podemos aplicar a nuestro día a día, nos enseñó incluso una profesión (agricultura), y sobretodo, que aprender es comprender.
Si hoy nos acordamos de José María, es porque hizo del estudio algo divertido. Todos íbamos a clase con ganas de aprender algo nuevo, porque cada clase era una aventura. El conocimiento no estaba sólo en los libros, sino que todo lo que nos rodeaba era fuente de sabiduría. José María hizo de cada materia un juego: jugando a componer palabras con letras sueltas aprendimos a no cometer faltas de ortografía; con cartas de las provincias españolas aprendimos geografía; con operaciones de cálculo mental aprendimos matemáticas; cantando una canción, aprendimos el orden de los planetas; gracias a una buena comprensión lectora, hemos aprendido algo más que leer, aprendimos a leer entre líneas; con una colleja bien dada, aprendimos educación y respeto en todo momento; y gracias al concurso de la letra más pequeña aprendimos a hacer chuletas. Pero recordamos, sobretodo, las “luchas” donde nos divertíamos compitiendo por contestar el primero.
Si hoy nos acordamos de José María, es porque desarrolló nuestra imaginación, nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos. Gracias a las miles de redacciones que nos mandaba, no sólo aprendíamos a redactar, sino también a crear, a imaginar mundos donde todo es posible, como vacas volando. Mundos donde volcábamos nuestras fantasías y expectativas. Gracias a las clases de plástica aprendimos a convertir un simple folio en blanco en un mural de muchos colores, trabajando juntos, algo que no podíamos hacer solos.
Si hoy nos acordamos de José María, es porque nos enseñó a trabajar en grupo, nos enseñó que juntos podemos llegar donde no podíamos llegar solos, quién iba a decir que seríamos capaces de fabricar una depuradora con simples piedras y algodones, quién iba a decir que haríamos un mural que todavía hoy decora nuestra escuela, quién iba a decir que juntos haríamos el belén más grande que se ha hecho en la escuela, hecho de simple plastilina, pero repleto de ilusión. La clase entera era un grupo, que si trabajaban juntos conseguían un “récord” que adornaba la clase. Pero el mayor ejemplo fue el huerto, mantenido prácticamente por él, en el que trabajábamos todos y en el que disfrutábamos todos.
Cada año los esfuerzos de José María se han visto recompensados con los generosos regalos de los padres y de sus queridos alumnos. Hasta ahora todos los regalos que ha recibido no han sido suficientes, y este artículo no recompensará tampoco todo lo que hizo por nosotros. Pero José María, si queremos decir todo lo que hemos vivido contigo, necesitaríamos reunirnos y volver a disfrutar todo lo que compartimos.
Gracias por todo lo que hemos vivido contigo y las alegrías que nos has dado durante los dos cursos, para nosotros eres como un segundo padre.
Tus ex-alumnos de la generación del 90
domingo, noviembre 02, 2008
Ayer vi Tin Man, una visión nueva del Mago de Oz, aunque como no he visto la película original (está en mi lista) no podré compararlas. La nueva versión es, ante todo, una película de ciencia-ficción, con un marcado corte de aventuras. Se nos cuenta la historia de DG, una chica que vive en un pequeño pueblo y que un día es transportada a Oz a través de una tormenta. A partir de ahí, DG busca a sus padres, aunque pronto descubre que Oz es gobernada por la malvada Azkadellia, y decide combatir contra ella. No sé exactamente qué queda del clásico en esta revisión, pero a primera vista puedo deciros que me recuerda mucho a las historias de fantasía épica, pero esta me ha gustado mucho. En cierta formas recuerda a La historia interminable, por la búsqueda constante de gente que ayuda a la protagonista, pero en este caso hay algo más. No sabría explicarlo, pero hay algo que te atrapa, algo que te seduce. Desde el primer momento, desde el sueño de la protagonista, la serie te engancha, y te gusta. Por eso os recomiendo que la veáis. En cuanto a los actores, están correctos, sin más, pero en ciertos momentos Zooey Deschanel, DG, me encantó. Solo puedo deciros que la veis os gustará, y sentiréis esa magia que tenían todas las películas que veíamos de niños, aunque con una estética más actual y madura (aunque tampoco mucho). Por favor, bajárosla o vedla por internet (no encuentro ninguna página donde esté). Como siempre, recibid un fuerte abrazo.
Reeditado: Leyendo un artículo de Pérez-Reverte he descubierto qué es lo que más me gustó: esa sensación de ser un niño viendo algo que lo sobrepasa. Sientes lo que ocurre como un universo que existe, un universo que tiene sus reglas, reglas que tú asumes porque sientes, en el fondo de tu corazón, que son buenas. Ese es el sentimiento que tuve, recordar cómo veía las películas cuando era pequeño. Por eso os la recomiendo, para ser niños durante más de tres horas.
Reeditado: Leyendo un artículo de Pérez-Reverte he descubierto qué es lo que más me gustó: esa sensación de ser un niño viendo algo que lo sobrepasa. Sientes lo que ocurre como un universo que existe, un universo que tiene sus reglas, reglas que tú asumes porque sientes, en el fondo de tu corazón, que son buenas. Ese es el sentimiento que tuve, recordar cómo veía las películas cuando era pequeño. Por eso os la recomiendo, para ser niños durante más de tres horas.
viernes, octubre 03, 2008
Después de hablar una y otra vez del tema, hoy por fin me he decidido a hablar de la melancolía. Mucho se ha hablado de ella, y desde el primer momento se la ha criticado, diciendo que era lo mismo que la depresión (de hecho así es en la omnisciente Wikipedia) Sin embargo, yo no lo veo así, a pesar de que tienen algunos puntos en común.
Es cierto que la melancolía consiste en tristeza, pero no como la depresión, que hace que todo se torne negro y no haya nada de vida en lo que ve. La melancolía es, desde mi punto de vista, cierta predisposición a la tristeza, pero no una tristeza que asfixia, sino a una que permite ver el mundo desde una óptica diferente, más crítica pero también más llena de matices y colores. El melancólico no ve el mundo como un monstruo que trata de acabar con él, sino como algo ajeno, algo que es bello pero que causa dolor, sufrimiento. La melancolía no trata de ser negativo empedernido, sino evitar ser un optimista que no vive la realidad sino su propio mundo de caramelo. En general, cuando la gente dice que alguien es un melancólico puede decirlo por 2 razones, ambas equivocadas para mí: bien porque no se relaciona y vive en su mundo, o bien porque afirma que el mundo no tiene sentido. En el primer caso puede ser desde un soñador hasta un egocéntrico, mientras que en el segundo es claramente un existencialista. Un melancólico siente el arte, siente la belleza de la vida, si bien esa belleza son precisamente detalles que nadie ve, que pasan escondidos a los ojos de la gente normal, pero que para él (o ella) son esenciales, lo único que vale en la vida. Un buen melancólico ayuda a los demás siempre que puede, porque siente sus problemas, sufre con ellos, los comprende mejor que nadie.
Hace unos años me enseñaron que se suponía que los melancólicos buscaban no buscar, querían no querer, no sentir en definitiva, y si en aquel momento lo pude entender (razones personales) con el tiempo me he dado cuenta de que no es así. El melancólico necesita sentir, porque es lo que le distingue de los demás, aunque nunca quiera expresarlo; son esos sentimientos los que lo motivan a seguir adelante, no quiere recibir nada, sólo sentir. Bien es verdad que el sentimiento que más se repite es el dolor, pero acepta las consecuencias y aún así ama la vida.
Resumiendo, se podría decir que el melancólico huye del ardiente y asfixiante sol de la alegría sin motivo, pero huye del callejón oscuro de la eterna amargura. La línea entre ambos es estrecha, y por eso nadie se toma en serio a los melancólicos, diciendo que son o deprimidos o niños que juegan a estar tristes. Pero la melancolía es mucho más que eso, si bien sólo he sabido explicar una parte de mi borroso punto de vista. Gracias por vuestra paciencia.
Es cierto que la melancolía consiste en tristeza, pero no como la depresión, que hace que todo se torne negro y no haya nada de vida en lo que ve. La melancolía es, desde mi punto de vista, cierta predisposición a la tristeza, pero no una tristeza que asfixia, sino a una que permite ver el mundo desde una óptica diferente, más crítica pero también más llena de matices y colores. El melancólico no ve el mundo como un monstruo que trata de acabar con él, sino como algo ajeno, algo que es bello pero que causa dolor, sufrimiento. La melancolía no trata de ser negativo empedernido, sino evitar ser un optimista que no vive la realidad sino su propio mundo de caramelo. En general, cuando la gente dice que alguien es un melancólico puede decirlo por 2 razones, ambas equivocadas para mí: bien porque no se relaciona y vive en su mundo, o bien porque afirma que el mundo no tiene sentido. En el primer caso puede ser desde un soñador hasta un egocéntrico, mientras que en el segundo es claramente un existencialista. Un melancólico siente el arte, siente la belleza de la vida, si bien esa belleza son precisamente detalles que nadie ve, que pasan escondidos a los ojos de la gente normal, pero que para él (o ella) son esenciales, lo único que vale en la vida. Un buen melancólico ayuda a los demás siempre que puede, porque siente sus problemas, sufre con ellos, los comprende mejor que nadie.
Hace unos años me enseñaron que se suponía que los melancólicos buscaban no buscar, querían no querer, no sentir en definitiva, y si en aquel momento lo pude entender (razones personales) con el tiempo me he dado cuenta de que no es así. El melancólico necesita sentir, porque es lo que le distingue de los demás, aunque nunca quiera expresarlo; son esos sentimientos los que lo motivan a seguir adelante, no quiere recibir nada, sólo sentir. Bien es verdad que el sentimiento que más se repite es el dolor, pero acepta las consecuencias y aún así ama la vida.
Resumiendo, se podría decir que el melancólico huye del ardiente y asfixiante sol de la alegría sin motivo, pero huye del callejón oscuro de la eterna amargura. La línea entre ambos es estrecha, y por eso nadie se toma en serio a los melancólicos, diciendo que son o deprimidos o niños que juegan a estar tristes. Pero la melancolía es mucho más que eso, si bien sólo he sabido explicar una parte de mi borroso punto de vista. Gracias por vuestra paciencia.
lunes, mayo 05, 2008
Como propina por haber tardado tanto en actualizar, hoy os voy a contar la historia de mi diosa favorita: Perséfone. Como no he encontrado ningún lado que la cuenten bien, voy a intentarlo.
Zeus, el gran dios de los dioses, deseaba desde hacía mucho tiempo a su hermana Deméter, diosa de la tierra, pero esta se oponía siempre con algún pretexto, hasta que Zeus la tomó por la fuerza, y de esta unión nació Coré. Era una niña preciosa, de piel blanca y radiante, y con una mirada que conmovía al Apolo. Cuando alcanzó la pubertad, muchos dioses empezaron a mirarla con deseo, y su madre decidió ocultarla. Coré solía coger flores y pasear con las ninfas, pero un día se cortó con un tallo de trigo, y la sangre que brotó de su herida cayó al suelo, filtrándose hasta el mismo inframundo, donde Hades enloquecía debido a su deseo por Coré. Al oler la sangre, Hades subió a la superficie y raptó a Coré. Pronto su inocencia se marchitó, y fue adquiriendo una belleza casi diabólica: una mirada penetrante, una cabellera negra como la noche que se deslizaba por sus hombros; ya no era Coré, sino Perséfone, de triste belleza. En la tierra, mientras tanto, Deméter tenía el corazón roto, y se retiró a una cueva a llorar. Los campos se secaron por su dolor, las flores se marchitaron y cayeron, los frutos se pudrieron en los mismos árboles. Ante la muerte que reinaba en la tierra, Zeus bajó a consolar a su hermana, quien sólo deseaba el regreso de su hija Coré. Zeus llegó al inframundo con la intención de rescatar a Coré, y Hades sólo puso una condición: que no hubiera comido nada en su estancia en el infierno. Perséfone afirmó que así era, y se disponía a partir cuando Ascálafo dijo que la había visto comer tres pepitas de granada. Zeus y Hades discutieron, y acordaron que por cada pepita comida permanecería un mes al año en el inframundo. Ambos aceptaron, y Coré volvió con su madre. Sin embargo, cada año tiene que pasar tres meses con Hades, y entonces es Perséfone. Estos tres meses Deméter se retira a llorar, y las plantas se aletargan; es el invierno. Al reencontrarse con su hija las plantas florecen, los campos reverdecen; es la primavera.
Después del cuento viene la pregunta, ¿a quién preferís, a Coré o a Perséfone? Yo personalmente me quedo con Perséfone. Siempre me ha vuelto loco ese toque de tristeza en una mujer. Un saludo, amigos
Zeus, el gran dios de los dioses, deseaba desde hacía mucho tiempo a su hermana Deméter, diosa de la tierra, pero esta se oponía siempre con algún pretexto, hasta que Zeus la tomó por la fuerza, y de esta unión nació Coré. Era una niña preciosa, de piel blanca y radiante, y con una mirada que conmovía al Apolo. Cuando alcanzó la pubertad, muchos dioses empezaron a mirarla con deseo, y su madre decidió ocultarla. Coré solía coger flores y pasear con las ninfas, pero un día se cortó con un tallo de trigo, y la sangre que brotó de su herida cayó al suelo, filtrándose hasta el mismo inframundo, donde Hades enloquecía debido a su deseo por Coré. Al oler la sangre, Hades subió a la superficie y raptó a Coré. Pronto su inocencia se marchitó, y fue adquiriendo una belleza casi diabólica: una mirada penetrante, una cabellera negra como la noche que se deslizaba por sus hombros; ya no era Coré, sino Perséfone, de triste belleza. En la tierra, mientras tanto, Deméter tenía el corazón roto, y se retiró a una cueva a llorar. Los campos se secaron por su dolor, las flores se marchitaron y cayeron, los frutos se pudrieron en los mismos árboles. Ante la muerte que reinaba en la tierra, Zeus bajó a consolar a su hermana, quien sólo deseaba el regreso de su hija Coré. Zeus llegó al inframundo con la intención de rescatar a Coré, y Hades sólo puso una condición: que no hubiera comido nada en su estancia en el infierno. Perséfone afirmó que así era, y se disponía a partir cuando Ascálafo dijo que la había visto comer tres pepitas de granada. Zeus y Hades discutieron, y acordaron que por cada pepita comida permanecería un mes al año en el inframundo. Ambos aceptaron, y Coré volvió con su madre. Sin embargo, cada año tiene que pasar tres meses con Hades, y entonces es Perséfone. Estos tres meses Deméter se retira a llorar, y las plantas se aletargan; es el invierno. Al reencontrarse con su hija las plantas florecen, los campos reverdecen; es la primavera.
Después del cuento viene la pregunta, ¿a quién preferís, a Coré o a Perséfone? Yo personalmente me quedo con Perséfone. Siempre me ha vuelto loco ese toque de tristeza en una mujer. Un saludo, amigos
Etiquetas:
dolor,
homenaje,
medio ambiente,
mito,
mujer
viernes, agosto 10, 2007
Ya no sé qué pensar. Aquello que amaba por encima de todo lo demás se ha transformado en algo odioso; el unicornio era en realidad un minotauro. Sin embargo, como Minos me resisto a acabar con él, y me conformo con relegarlo a una prisión situada en lo más hondo y oscuro del intrincado laberinto de mi corazón, pero siquiera allí calla. No necesito de ninguna Ariadna que me lleve hasta él, ya que día tras día sus bramidos encuentran la salida sin necesidad de hilos y sus improperios llegan hasta mis oídos; mi corazón se encoge con cada grito, pero no logro hacerlo callar. Sé que su pelo no es blanco, sino que el carbón mancha todo su cuerpo. Sé que nadie desea su cuerno, sino que gritan nada más identificar el ruido de sus pezuñas con el que hace la muerte al afilar su guadaña. Reconozco que no debería acercarme a él, y en cierto modo su solo recuerdo me repele. Aún así, mis sentimientos no están nada claros. He visto las sierras de su boca con serrín de corazones humanos, inclinando su pequeño pero bien aprovechado cuerpo hacia su víctima moribunda, balbuceando palabras sin sentido. Lo he descubierto embriagado de sangre, sin distinguir un corredor de otro, creyendo que delante suyo estaba otro Asterión al que le enseñaba la casa, aunque siquiera acertaba al vaticinar un aljibe o un cadáver. A pesar de todos sus males, de ese castigo demasiado severo de Dios, aún así sigo suspirando por la miel de sus ojos.
P.S: Para saber más:
-Definición muy básica de Minotauro en Wikipedia.
-Jorge Luis Borges: La casa de Asterión (principal inspiración)
-De todas formas, algún día desarrollaré la historia completa, porque no he encontrado una buena versión online.
P.S: Para saber más:
-Definición muy básica de Minotauro en Wikipedia.
-Jorge Luis Borges: La casa de Asterión (principal inspiración)
-De todas formas, algún día desarrollaré la historia completa, porque no he encontrado una buena versión online.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)