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lunes, noviembre 02, 2009

El caminante sobre el mar de nubes - Caspar David Friedrich

jueves, marzo 05, 2009

Te miro, y te odio. Te ríes, y te odio. Vives, y te odio. ¿Te crees mejor? ¿Crees que a tu alrededor el aire es más puro? Ja. Lo único que tienes es una corte que besa donde pisas, que besa donde escupes. La sonrisa de tu boca parece grabada a fuego, es una mueca extraña, carente de vida. Y sin embargo, te revuelves en tu trono, inquieto. Sientes que algo falla, que algo no gira con tus engranajes. Sientes que los tuyos no te pertenecen, no te quieren, solo quieren alejarse de ti. Sientes que fuera hace sol, y la gente corre y salta, mientras tu te eriges señor de la oscuridad. En realidad, lo tienes todo. Dinero, respeto, alguien que te ama cada noche. Pero yo no lo tengo, y soy mejor que tú. No necesito dinero, tengo amigos que me invitan, que me ayudan. No necesito respeto, tengo cariño y amor, sentimientos puros. No tengo nadie que me ame cada noche, pero yo amo, y algún día todo será diferente. Soy tu enemigo, soy tu opuesto, pero me obligo a ser tu amigo, porque solo eso me hará mejor que tú. Pero por muchas monedas que arrojes, nunca seré como tú.

PD: Después de escribir esto, veo el peto de fiestas a mi lado, y solo eso me alegra. Hoy es la Cincomarzada, y es día de fiesta, conque más vale estar alegre, casi eufórico.

lunes, diciembre 22, 2008

Siempre me ha gustado la niebla. Sé que es la responsable de muchos accidentes de tráfico, que no nos deja ver la belleza de los paisajes, pero nos proporciona otra belleza. Cuando miramos a la niebla, no vemos nada, solo es humo. Sin embargo, a través de ese humo podemos percibir retazos de realidad: un árbol, un camino. La gente odia mirar y no ver nada, pero si aceptamos esa condición, si sabemos que no veremos nada, veremos más de lo esperado. Si miramos a la niebla con la mente vacía, sin querer ver más allá, veremos dentro de nosotros, veremos nuestros miedos y esperanzas proyectados en ella. Veremos cómo el humo va tomando forma humana, veremos nuestra infancia, veremos nuestra muerte. La niebla es como el vaho, hace gracia a los pequeños y molesta a los mayores. Tenemos que esforzarnos por ser como niños, ver en la niebla un extraño conjuro, en el vaho nuestra alma que se esfuerza por salir y volar libre. Tenemos que admirar lo que vive a nuestro alrededor, y cambiar lo que nos avergüenza, pero nunca sentarnos y llorar; siempre hay que luchar. Esta lucha es la más dura, porque se produce día tras día, pero los que sobreviven a ella pueden llamarse con orgullo personas. Un abrazo

miércoles, noviembre 05, 2008



Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre. Conspiración, pólvora y traición. No veo la demora y siempre es la hora para evocarla sin dilación



domingo, noviembre 02, 2008

Ayer vi Tin Man, una visión nueva del Mago de Oz, aunque como no he visto la película original (está en mi lista) no podré compararlas. La nueva versión es, ante todo, una película de ciencia-ficción, con un marcado corte de aventuras. Se nos cuenta la historia de DG, una chica que vive en un pequeño pueblo y que un día es transportada a Oz a través de una tormenta. A partir de ahí, DG busca a sus padres, aunque pronto descubre que Oz es gobernada por la malvada Azkadellia, y decide combatir contra ella. No sé exactamente qué queda del clásico en esta revisión, pero a primera vista puedo deciros que me recuerda mucho a las historias de fantasía épica, pero esta me ha gustado mucho. En cierta formas recuerda a La historia interminable, por la búsqueda constante de gente que ayuda a la protagonista, pero en este caso hay algo más. No sabría explicarlo, pero hay algo que te atrapa, algo que te seduce. Desde el primer momento, desde el sueño de la protagonista, la serie te engancha, y te gusta. Por eso os recomiendo que la veáis. En cuanto a los actores, están correctos, sin más, pero en ciertos momentos Zooey Deschanel, DG, me encantó. Solo puedo deciros que la veis os gustará, y sentiréis esa magia que tenían todas las películas que veíamos de niños, aunque con una estética más actual y madura (aunque tampoco mucho). Por favor, bajárosla o vedla por internet (no encuentro ninguna página donde esté). Como siempre, recibid un fuerte abrazo.

Reeditado: Leyendo un artículo de Pérez-Reverte he descubierto qué es lo que más me gustó: esa sensación de ser un niño viendo algo que lo sobrepasa. Sientes lo que ocurre como un universo que existe, un universo que tiene sus reglas, reglas que tú asumes porque sientes, en el fondo de tu corazón, que son buenas. Ese es el sentimiento que tuve, recordar cómo veía las películas cuando era pequeño. Por eso os la recomiendo, para ser niños durante más de tres horas.

sábado, marzo 08, 2008

Aunque parezca una metáfora, es la realidad. Un gato callejero, sin más dueño que él mismo, ha entrado por la ventana y, en vez de buscar un ratón o algo por el estilo, se ha sentado junto a la ventana y se ha puesto a mirar por ella. ¿Es acaso normal que un animal que puede recorrer todo el mundo entre y se limite a ver cómo brilla el sol a través de una ventana? Podría recorrer campos y campos de suave cebada, retozar por donde quisiera, pero ha elegido sentarse junto a la ventana y mirar. A pesar de estar lejos de él (o ella) puedo sentir lo que siente. La luz del exterior le daña, pero cuando mira al interior no encuentra sino oscuridad. Estará cansado de haber huido de cientos de lugares. En sus patas habrá multitud de cicatrices de multitud de peleas con otros gatos, a los que se negó a dar la razón. A pesar del cansancio, mantiene una postura altiva, que refleja su condición interna, el príncipe que nunca quiso ser. El tren pasa, y lo mira con desdén, lamentándose de las personas que viajan a otros mundos sólo para olvidar este, pero que siempre llevan en su interior. Se vuelve hacia donde yo estoy, y puedo leer en sus ojos una eterna moraleja, un consejo que daba sin desearlo. Cansado de tantas rarezas, se acuesta y duerme. En sueños rueda por la mesa. Alza las patas y frunce el ceño ante una visita del pasado, que creía sepultada. Los ojos se agitan bajos los tranquilos párpados, que intenta arropar al gato en su eterno divagar. Sin embargo, el frío está en su interior. El gato sigue ahí, soñando, pero yo me voy. Ya he visto demasiado.
 

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