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domingo, abril 04, 2010

Y ver tus ojos,
y admirarlos.
Mirarlos, y perderme
en ese brillo, en esa vida que es la que
me falta, la que miro por la ventana
cuando nacen los fuegos artificiales
y la que extraño en cada parada del bus,
en cada paso sin dueño
Bueno, tú eres la dueña de todo,
de mis palabras, de mis logros,
pero nunca de mis ojos.
Porque mis ojos nunca brillarán como los tuyos
y no serán más que un quieto reflejo,
un lago al que te asomas y del que te sorprendes.
Un lago cuyo único atractivo son tus ojos, tu mirada.
.

jueves, febrero 25, 2010

Imagina la casa perfecta, hijo mío. Imagina habitaciones amplias, modernas, con muebles de vanguardia, donde celebras fiestas durante un fin de semana perpetuo. Imagina habitaciones pequeñas, de piedra o de madera, con sillones donde hundirse y reposar de los demás, paladear el sabor de cada segundo. Imagina tu propia casa perfecta, que se adecue a tus necesidades. Por eso, debería cambiar a cada momento, pero siempre por ti. Imagina tu cocina, perfecta con sus armarios rojo brillante o su estufilla de carbón. Ahora imagina el grifo. El grifo gotea. Cada segundo se deja resbalar una gota y repica sobre el desagüe. ¿Qué harías? Cambias el grifo, y sigue goteando. Llamas al fontanero, y cambia la tubería, hace rozas por toda la casa, y el grifo sigue goteando. Pasillos llenos de serrín, camas cubiertas de cuadros y muebles retirados. Y el grifo sigue goteando. Es un goteo regular, siempre tic, paladeas el silencio entre goteo, pero sabes que en seguida viene la gota. La esperas, pero nunca llega cuando esperas. Crispas la mano, no parpadeas, abres los tímpanos hasta que te duelen, pero no llega. Respiras, sonríes, y justo entonces cae la gota. Ahora, hijo mío, ¿no querrías coger un martillo y destrozar toda la casa? ¿O serías sensato y simplemente te mudarías?

lunes, noviembre 02, 2009

El caminante sobre el mar de nubes - Caspar David Friedrich

viernes, julio 24, 2009

Los árboles se suceden rápidos, como un trilero engañando a la realidad. La línea discontinúa renuncia a su ser y se emborrona hasta el infinito, una sola raya imposible de dominar. En la radio gente intenta hablar, vocalizar, pero las palabras se pierden en la garganta, la verdad no puede ser nombrada. Mi frente reposa sobre el cristal, mi sudor empavona el cristal, y el cristal me separa del resto del mundo. De ti. No es solo distancia externa, sino también interna. Cada vez te siento más lejos, cada vez tus fotos me recuerdan menos tu perfume, y cada vez menos horas se llenan con tu mirada. La vida pasa, el dolor mitiga (aunque nunca se olvida), pero los sentimientos quedan. No temblaré cuando te vea, pero tampoco esperes que caiga de rodillas y dé gracias al cielo por haberte traído a mi vida. No es resignación, tampoco desilusión, es solo hibernación.

martes, abril 28, 2009

Hace poco acabé de leer Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. Lo que para muchos es un libro más, un libro para niños, para mí es algo más. La primera vez que leí un libro de Harry Potter yo tenía 11 años, los mismo que Harry, y para mí leerlo era como leerme a mí mismo. Conforme Harry crecía, yo también crecía, y en cada aventura teníamos los mismos años.Yo he crecido con Harry, yo he crecido a base de leer libros una y otra vez, de tardes enteras sin moverme del sillón, y esto no me pasaba desde hacía años. Con este libro ha sido como volver atrás, cada página era una página de mi vida, cada recuerdo, cada frase que recordaba al pasado, era mi pasado, era mi vida. Cuando leía los libros, a Ron y a Hermione me los imaginaba como personajes de una serie, pero yo no me imaginaba a Harry. ¡Harry era yo, no tenía que imaginarme su cara, porque era la mía! Yo crecía leyendo sus aventuras, y cada vez más era yo, cada vez me veía más a mí venciendo las dificultades que se me planteaban en el camino. Recuerdo las tardes que he pasado con él, recuerdo cada sol y cada lámpara que han pasado mientras yo seguía metido en ese libro, mientras yo seguía viviendo como Harry Potter. Harry me enseñó, a mí y a muchos, cómo afrontar la vida, y gracias a él hemos seguido. Es imposible decir aquí todo lo que esos libros me dieron, es imposible hablar de todos los momentos que pasamos juntos. Joanne Kate Rowling se ha ganado mi más sincera admiración; ha conseguido que cada lector sienta como suya la vida de Harry Potter. La vida de Harry ha terminado, pero la mía sigue. Y me siento extrañamente solo.

sábado, marzo 28, 2009

Los vasos y las botellas mueren en los rincones. La noche se acaba, todos vuelven a casa. Yo sigo sentado, viendo tus ojos en la luna, en las farolas. La luz me recuerda a ti, bella e intangible. Intento abrazarte, besarte, pero no estás. Visto mi mejor camisa para honrarte en la distancia. Seguirán pasando los coches, los días, y estarás en cada uno de ellos. Todavía te siento a mi lado, mirando lo mismo que yo, pero sin sentir lo mismo. Muevo mi mano, busca la tuya, busca rozarte, busco tu olor, tus rizos, tu sonrisa, pero no te tengo. Siempre me tendrás, aunque no estés.

jueves, marzo 05, 2009

Te miro, y te odio. Te ríes, y te odio. Vives, y te odio. ¿Te crees mejor? ¿Crees que a tu alrededor el aire es más puro? Ja. Lo único que tienes es una corte que besa donde pisas, que besa donde escupes. La sonrisa de tu boca parece grabada a fuego, es una mueca extraña, carente de vida. Y sin embargo, te revuelves en tu trono, inquieto. Sientes que algo falla, que algo no gira con tus engranajes. Sientes que los tuyos no te pertenecen, no te quieren, solo quieren alejarse de ti. Sientes que fuera hace sol, y la gente corre y salta, mientras tu te eriges señor de la oscuridad. En realidad, lo tienes todo. Dinero, respeto, alguien que te ama cada noche. Pero yo no lo tengo, y soy mejor que tú. No necesito dinero, tengo amigos que me invitan, que me ayudan. No necesito respeto, tengo cariño y amor, sentimientos puros. No tengo nadie que me ame cada noche, pero yo amo, y algún día todo será diferente. Soy tu enemigo, soy tu opuesto, pero me obligo a ser tu amigo, porque solo eso me hará mejor que tú. Pero por muchas monedas que arrojes, nunca seré como tú.

PD: Después de escribir esto, veo el peto de fiestas a mi lado, y solo eso me alegra. Hoy es la Cincomarzada, y es día de fiesta, conque más vale estar alegre, casi eufórico.

miércoles, febrero 11, 2009

Y cogerte, y abrazarte con fuerza, respirando tu perfume por cada poro de mi piel. Solo sentirte a mi lado, tenerte, sentir tu calor, sentir tu energía, la que necesito para seguir adelante. Te veo siempre, pero las fotos y los carteles no me traen su esencia, solo el dolor de no tenerte. Necesito besarte, sentir esos labios que veo con los ojos cerrados, enredar mis dedos en tus rizos, dejar que mi mano recorra toda tu geografía. Echo de menos tu voz, tus palabras que sueltas aisladas, como las burbujas del champán, que suben en silencio hasta explotar en el borde de la copa. Veo cada día tus ojos, tu boca, tus orejas, toda tú se me presenta cada día, y si no lo hace voy a buscarla, tecleo nervioso en el ordenador hasta que te encuentro, y entonces respiro, y pienso que solo quiero cogerte, y abrazarte con fuerza.

sábado, enero 10, 2009

El cursor parpadea en la pantalla. Todavía siento tus labios cerca, muy cerca, casi rozando mi oreja. Tus suaves labios, esas almohadas en las que descansé del mundo, esas almohadas que sirvieron para asfixiarme y quitarme la vida. Todavía veo el paseo, cayendo los primeros copos de nieve, la gente corriendo hacia ninguna parte, nosotros quietos, disfrutando de la vida que caía. Miraba uno de ellos que no quería caer, que flotaba retrasando el aterrizaje, cuando te acercaste a mí. Todavía siento tus pechos contra mí, sentí tu corazón palpitando pegado al mío. Todavía veo tu perfume rodeándome, aislándome del mundo, lejos del llanto y del dolor. Todavía siento tus palabras, suaves como siempre, pero venenosas como nunca. Te ibas. Sin dejarme reaccionar te levantaste y te fuiste, dejándome solo, frío. Todavía veo tu cuerpo alejándose de mí. Todavía admiro tus caderas oscilantes. Todavía callo cuando oigo tu nombre. Todavía muero cuando siento tu perfume. Todavía te amo, aunque tú nunca lo supiste. Por eso te escribo esta carta, para sellar mi deuda, sabiendo que mi herida nunca cerrará.

sábado, diciembre 13, 2008

La cara, llena de mugre. Los dedos, rematados por uñas quebradas y amarillentas, golpean el piano con furia. El cuello de la vieja camisa presiona las quebradizas venas, y mi vista se nubla. A través de la neblina de frustración y rencor contra el mundo te veo, y te veo sonreír. Tus blancas y finas manos reposan en el joyero de otro. Siempre pudiste ser una gran pianista, pero nunca te convenció la música, ese estado del alma en el que sacamos nuestros problemas a la luz. ¿Para qué contar nuestros problemas, para qué demoler la alegría de algún joven? No, nada de eso. Es mejor estar radiante, deslumbrar con tu luz la miseria de los demás, en vez de sumergirte en el lodo, dejar que tu corazón se funda con la oscuridad, y llorar. Sólo llorar. No necesitamos que nos describan el brillo del arco iris, ni que nos hablen de lejanas tierras. Sólo queremos llorar, abrir nuestro corazón, y dejar que nos invada la añoranza, el odio, el amor, todo aquello que antaño nos movió, y que ahora yace esparcido por el suelo, cortando nuestros pies. Las teclas sajan mis dedos, y mi sangre desborda el pequeño altar, inundando las copas de los náufragos que me miran embelesados por la oscuridad que desprendo. Si te soy sincero, yo no sufro dolor de ningún tipo. No albergo añoranza de ningún tipo. No hay sitio para penas o envidias en mis alas, ocultas bajo el enmohecido traje. Es más, me alegro por ti; siempre mereciste un mercante que entendiese el valor de ese diamante. Mi camino me lleva lejos de ti, y no quiero que tus suspiros se estrellen contra el frío cristal que separará nuestros mundos. No somos dos piezas de un mismo puzle. Más bien somos desconocidos que comparten un asiento en el metro. Sí, yo soy un vagabundo sin ningún destino, pero camino con paso firme. Todavía no ha salido el sol, y ya estoy cansado. Tú estás radiante, y disfrutas de un néctar que durará toda una vida. En cambio, yo vivo de un sueño que no existe. A veces lo veo delante, pero mi mano dispersa los retazos que crea mi mente para espolearme hacia delante, como una zanahoria siempre delante de un burro, o las uvas sobre Tántalo. Cómo no, sigo caminando, lejos de Ítaca y acercándome cada vez más al canto de las sirenas. No quiero fríos tapones que me aislen de su melodiosa canción, que sabe a derrota y a miel, y que me sustrae de este mundo para llevarme a mi particular infierno, donde por fin descansar en paz, lejos de sentimientos y deseos. Mis manos han seguido tocando todo este tiempo a mis espaldas, y la melodía debe de haber sido única, porque estás de pie, mirando a través de mí, pero comprendiendo todo lo que en su día te prometí. Veo tras de ti un espejo en el que me reflejo, y no me reconozco. Ya no soy un hombre tocando música; soy un hombre interpretado por la música. Por mi sangre late el ritmo, bombeando energía a todo mi alrededor. El humo se disipa. Las voces callan. Nada puede verse. Una inmensa oscuridad, semejante a la que creó el universo, lo inunda todo. Nadie sufre, porque todo el mundo paladea la amarga bilis del odio, el lacerante escozor de la melancolía. Todo el mundo es feliz, aunque nadie lo sepa.


lunes, octubre 20, 2008

Volvimos a la calma, y ahora volvemos al estrés, al no tener tiempo ni para comernos los mocos, al salir de un examen para caer en un trabajo, y así pasa mi vida. Entre una cosa y otra intento dejar huella en los que me rodean, ya que no sé si algún día dejaré huella en el mundo entero (no os creáis que no lo intento) Aunque me esfuerce en negarlo, me encanta que la gente me aplauda, me dé las gracias por haber dado sentido a su vida. Por eso, los egoísmos son lo que más odio en el mundo; no hay nadie más egoísta que yo, pero trato de controlarme y disimularlo. Un profesor que tengo, argentino, dijo el otro día que los argentinos para suicidarse se suben a su ego y se tiran. Pues bien, me merezco ser argentino. No vengo ahora con racismo ni leches en vinagre, solo digo que necesito saberme especial, alguien que el mundo necesita, alguien que será la salvación de algo, aunque todavía no sé el qué. No sé (me estoy dando cuenta de que no sé muchas cosas) a qué viene esta entrada, pero le acabo de encontrar una utilidad: como no me conoceréis, por favor, abrazad a quien tengáis al lado, tratadlo bien, y adoradlo todo lo que el sentido común os permita. Y como regalo, una canción: Guaranteed, de Eddie Vedder (banda sonora de Into the wild). Por supuesto, recibid todos vosotros también un abrazo.


viernes, octubre 03, 2008

Después de hablar una y otra vez del tema, hoy por fin me he decidido a hablar de la melancolía. Mucho se ha hablado de ella, y desde el primer momento se la ha criticado, diciendo que era lo mismo que la depresión (de hecho así es en la omnisciente Wikipedia) Sin embargo, yo no lo veo así, a pesar de que tienen algunos puntos en común.
Es cierto que la melancolía consiste en tristeza, pero no como la depresión, que hace que todo se torne negro y no haya nada de vida en lo que ve. La melancolía es, desde mi punto de vista, cierta predisposición a la tristeza, pero no una tristeza que asfixia, sino a una que permite ver el mundo desde una óptica diferente, más crítica pero también más llena de matices y colores. El melancólico no ve el mundo como un monstruo que trata de acabar con él, sino como algo ajeno, algo que es bello pero que causa dolor, sufrimiento. La melancolía no trata de ser negativo empedernido, sino evitar ser un optimista que no vive la realidad sino su propio mundo de caramelo. En general, cuando la gente dice que alguien es un melancólico puede decirlo por 2 razones, ambas equivocadas para mí: bien porque no se relaciona y vive en su mundo, o bien porque afirma que el mundo no tiene sentido. En el primer caso puede ser desde un soñador hasta un egocéntrico, mientras que en el segundo es claramente un existencialista. Un melancólico siente el arte, siente la belleza de la vida, si bien esa belleza son precisamente detalles que nadie ve, que pasan escondidos a los ojos de la gente normal, pero que para él (o ella) son esenciales, lo único que vale en la vida. Un buen melancólico ayuda a los demás siempre que puede, porque siente sus problemas, sufre con ellos, los comprende mejor que nadie.
Hace unos años me enseñaron que se suponía que los melancólicos buscaban no buscar, querían no querer, no sentir en definitiva, y si en aquel momento lo pude entender (razones personales) con el tiempo me he dado cuenta de que no es así. El melancólico necesita sentir, porque es lo que le distingue de los demás, aunque nunca quiera expresarlo; son esos sentimientos los que lo motivan a seguir adelante, no quiere recibir nada, sólo sentir. Bien es verdad que el sentimiento que más se repite es el dolor, pero acepta las consecuencias y aún así ama la vida.
Resumiendo, se podría decir que el melancólico huye del ardiente y asfixiante sol de la alegría sin motivo, pero huye del callejón oscuro de la eterna amargura. La línea entre ambos es estrecha, y por eso nadie se toma en serio a los melancólicos, diciendo que son o deprimidos o niños que juegan a estar tristes. Pero la melancolía es mucho más que eso, si bien sólo he sabido explicar una parte de mi borroso punto de vista. Gracias por vuestra paciencia.

martes, septiembre 02, 2008

Hoy os dejo con otro poema sobre un tema del que seguro que hablaré tarde o temprano: la melancolía.
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Oda a la melancolía, de John Keats
1
No vayas al Leteo ni exprimas el morado
acónito buscando su vino embriagador;
no dejes que tu pálida frente sea besada
por la noche, violácea uva de Proserpina.
No hagas tu rosario con los frutos del tejo
ni dejes que polilla o escarabajo sean
tu alma plañidera, ni que el búho nocturno
contemple los misterios de tu honda tristeza.
Pues la sombra a la sombra regresa, somnolienta,
y ahoga la vigilia angustiosa del espíritu.

2
Pero cuando el acceso de atroz melancolía
se cierna repentino, cual nube desde el cielo
que cuida de las flores combadas por el sol
y que la verde colina desdibuja en su lluvia,
enjuga tu tristeza en una rosa temprana
o en el salino arco iris de la ola marina
o en la hermosura esférica de las peonías;
o, si tu amada expresa el motivo de su enfado,
toma firme su mano, deja que en tanto truene
y contempla, constante, sus ojos sin igual.
3
Con la Belleza habita, Belleza que es mortal.
También con la alegría, cuya mano en sus labios
siempre esboza un adiós; y con el placer doliente
que en tanto la abeja liba se torna veneno.
Pues en el mismo templo del Placer, con su velo
tiene su soberano numen Melancolía,
aunque lo pueda ver sólo aquel cuya ansiosa
boca muerde la uva fatal de la alegría.
Esa alma probará su tristísimo poder
y entre sus neblinosos trofeos será expuesta.
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PS: Aquí os dejo un artículo con el que estoy de acuerdo, que bien podría ser una explicación del poema.
 

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