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miércoles, febrero 11, 2009

Y cogerte, y abrazarte con fuerza, respirando tu perfume por cada poro de mi piel. Solo sentirte a mi lado, tenerte, sentir tu calor, sentir tu energía, la que necesito para seguir adelante. Te veo siempre, pero las fotos y los carteles no me traen su esencia, solo el dolor de no tenerte. Necesito besarte, sentir esos labios que veo con los ojos cerrados, enredar mis dedos en tus rizos, dejar que mi mano recorra toda tu geografía. Echo de menos tu voz, tus palabras que sueltas aisladas, como las burbujas del champán, que suben en silencio hasta explotar en el borde de la copa. Veo cada día tus ojos, tu boca, tus orejas, toda tú se me presenta cada día, y si no lo hace voy a buscarla, tecleo nervioso en el ordenador hasta que te encuentro, y entonces respiro, y pienso que solo quiero cogerte, y abrazarte con fuerza.

sábado, enero 10, 2009

El cursor parpadea en la pantalla. Todavía siento tus labios cerca, muy cerca, casi rozando mi oreja. Tus suaves labios, esas almohadas en las que descansé del mundo, esas almohadas que sirvieron para asfixiarme y quitarme la vida. Todavía veo el paseo, cayendo los primeros copos de nieve, la gente corriendo hacia ninguna parte, nosotros quietos, disfrutando de la vida que caía. Miraba uno de ellos que no quería caer, que flotaba retrasando el aterrizaje, cuando te acercaste a mí. Todavía siento tus pechos contra mí, sentí tu corazón palpitando pegado al mío. Todavía veo tu perfume rodeándome, aislándome del mundo, lejos del llanto y del dolor. Todavía siento tus palabras, suaves como siempre, pero venenosas como nunca. Te ibas. Sin dejarme reaccionar te levantaste y te fuiste, dejándome solo, frío. Todavía veo tu cuerpo alejándose de mí. Todavía admiro tus caderas oscilantes. Todavía callo cuando oigo tu nombre. Todavía muero cuando siento tu perfume. Todavía te amo, aunque tú nunca lo supiste. Por eso te escribo esta carta, para sellar mi deuda, sabiendo que mi herida nunca cerrará.

viernes, octubre 31, 2008

Camino por el paseo Independencia. He terminado las clases y me voy a casa, pero no puedo evitar observar lo que ocurre a mi alrededor. A esta hora (las 12 o por ahí) la gente camina ocupada, de un lado a otro, intentando encontrar algo que les dé sentido a sus vidas. Ya no hablo sólo del típico ejecutivo con traje, sino también del dueño del pequeño kiosco, del abuelo con sus hijos, de los estudiantes que vuelven a casa. El viento, siempre nuestro viento, está ahí, jugueteando con hojas secas que eleva hasta nuestras caras, pero no nos damos cuenta de ellas. Seguimos caminando, pensando en nosotros hasta que encontremos a alguien que piense en nosotros. Sin embargo, el viento me trae algo más que muerte: música. En un porche, intentando huir del cierzo, reposa sereno un hombre con un acordeón, tocando la que para mí es una de las más exquisitas canciones: el Canon de Pachebel. Toca tranquilo, sin fijarse en la gente que le arroja sus sueldo en una bolsa de plástico. Toca tranquilo, sin convenciones de compás o intensidad. Siente la canción, siente cada corchea, y logra transmitir esos sentimientos a su instrumento, con el que tantas cosas ha vivido. El sonido de su acordeón deja de ser ondas para convertirse en magia, en pequeñas pizcas de vida que nos inundan, nos supera, sólo podemos escuchar la canción, dejarnos llevar por esas notas rápidas y frágiles, por esas notas largas y seguras, por el silencio entre una nota y otra. Sus dedos se separan de la teclas, y por unos segundos todos seguimos callados, mirando cómo suspira al acabar su partitura. Vuelven los coches, las hojas, el ruido, y corro para no perder el autobús.

sábado, febrero 09, 2008

Pobre lobo. Atrás quedan las noches solitarias en el bosque oscuro, corriendo entre árboles y ríos. Sus patas añoran ese suelo húmedo, blandito, en el que se sentaba y respiraba tranquilamente en medio de la nada. Y sobre todo, ella. La luna. Ese disco de promesas, de sueños inalcanzables, pero sueños dulces, a los que cantar y aullar. Sin embargo, ahora ha vuelto al lugar donde nuca tuvo que haber estado, la jungla humana. Allí los sueños son relegados a oscuros callejones, entre jeringuillas y faldas cortas. Los humanos andan nerviosos de un lado a otro, intentando ir rápido sin correr, sin sentir el rítmico latido en su interior. Y en medio de todo eso, el lobo gime, sin atreverse a aullar, a cantar, por miedo a que los demás lo miren. Todo eso, simplemente por ella. Por ver su cara, más cercana que la luna. Por su pelo, acariciado por el viento, mostrando una gama de colores más amplia que el oscuro bosque. Pero sobre todo, por su canto, por esa risa melodiosa, llena de ricos y exuberantes acordes que paran el trotar del mundo. Cada día aparece por su calle, apaleado por el amor, atado a ella por su sensualidad, por el baile de sus andares. Ha dejado atrás todo aquello que amaba, que disfrutaba libremente, para recibir un bozal y una correa, y suspirar por ella en silencio, en sus adentros. Pobre lobo.

jueves, octubre 04, 2007

Perdón por el retraso (esto está empezando a ser habitual), pero he sido raptado por los presocráticos y los sofistas por culpa de un examen de filosofía. Después de mis penurias (el apeiron es lo que tiene) estoy aquí otra vez (las malas hierbas nunca mueren). Me he puesto a leer unos blogs y he encontrado un artículo que realmente me ha impactado. Lo encontré en el blog de sexydaisy (lo tenía que poner, lo siento), y me ha parecido muy interesante. Como ella dice, el silencio puede ser bueno o malo, todo depende del contexto. Lo único peligroso de usar el silencio es que tienes que conocer muy bien con quién hablas puesto que puede ser fácilmente malinterpretado. Sólo mucho años de relación dan lugar a una complicidad en la que el silencio pueda convertirse en una palabra más. Sin embargo, tampoco conviene abusar de él, ya que el interlocutor puede llegar a pensar que no sabes de lo que te está hablando, o que simplemente pasas de él. El silencio puede llegar a ser más poderoso que los gritos, pero como todo lo verdaderamente importante en esta vida solo unos cuantos saben apreciar esa música que se escucha cuando nada suena; esa conversación que ningún labio pronuncia; ese amor que sólo los corazones expresan. Gracias a sexydaisy por ese post, y gracias a todos aquellos que callan para dejar que los demás se equivoquen. Un saludo para todos, y hasta pronto.
 

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