La piel no se agrieta, ni se arruga,
sino que el amor no cabe dentro de uno,
y se deposita en la superficie.
Cuando morimos, la piel arde en la noche de los tiempos,
y el amor se evapora, permanece en el ambiente.
El amor empalaga más que el incienso.
No podemos mirar a través de él.
Si tragamos el humo para ver el suelo, nuestra mente
arde
y caemos.
Pero la luz siempre vuelve. La luz siempre está ahí.
Cuando nos mordemos al comer, brilla.
Cuando lloramos y golpeamos la pared, brilla.
Siempre brillará.
Aunque a veces no seamos capaces de ver que el amor
es la luz.
Solo debemos esperar.
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martes, diciembre 15, 2009
martes, diciembre 30, 2008
Llevaba toda la semana pensando cómo podría acabar el año en mi blog cuando lo vi. En el telediario, primera noticia. Muertos en Palestina. Como siempre, los periodistas buscan las causas, entrevistan a las partes que creen implicadas: los dirigentes de Israel y Palestina. Sin embargo, como la televisión tiene también imágenes, graban cadáveres y manchas de sangre. No es la primera vez que vemos un muerto en la tele, ni por mucho que recemos será la última. Tanta muerte ha inundado nuestros sentidos de forma que ya no sentimos, solo vemos y parpadeamos, pasamos a la siguiente noticia. Olas invaden las calles de una ciudad. Arrastran coches y barcas. La gente no puede permanecer impasible ante semejante tragedia. Hombres y mujeres gritan, y el político pide que se declare zona catastrófica. Más ejemplos.
Crisis. Bancos hundidos, familias al borde de la muerte. Los políticos del mundo no tardan ni una semana en afirmar que hay que hacer algo, que no podemos permanecer expectantes ante semejante tragedia. Una reunión, y se acepta inyectar millones de millones a los bancos y empresas hundidas. No tardaron ni un mes en reaccionar. Casi 100 años hace que familias mueren de hambre a diario. Cada tres segundos un niño muere de hambre. Enfermedades curables son mortales para cerca del 60% del mundo. ¿Algún político ha propuesto destinar millones para estos que sufren?
Siempre recordaré la portada de The Independent a cargo de Bono: No news today. Como todos los que actúan por algo, fue criticado: ¿acaso sirve eso para algo? Sostengo, aun a riesgo de parecer pedante, lo mismo que dije al salir de la Expo 2008. Si esto cambia la opinión de alguien, habrá valido la pena el esfuerzo. Nadie por sí solo puede cambiar el mundo. Todos juntos podemos y debemos cambiarlo. Veamos cómo viene el 2009.
Crisis. Bancos hundidos, familias al borde de la muerte. Los políticos del mundo no tardan ni una semana en afirmar que hay que hacer algo, que no podemos permanecer expectantes ante semejante tragedia. Una reunión, y se acepta inyectar millones de millones a los bancos y empresas hundidas. No tardaron ni un mes en reaccionar. Casi 100 años hace que familias mueren de hambre a diario. Cada tres segundos un niño muere de hambre. Enfermedades curables son mortales para cerca del 60% del mundo. ¿Algún político ha propuesto destinar millones para estos que sufren?
Siempre recordaré la portada de The Independent a cargo de Bono: No news today. Como todos los que actúan por algo, fue criticado: ¿acaso sirve eso para algo? Sostengo, aun a riesgo de parecer pedante, lo mismo que dije al salir de la Expo 2008. Si esto cambia la opinión de alguien, habrá valido la pena el esfuerzo. Nadie por sí solo puede cambiar el mundo. Todos juntos podemos y debemos cambiarlo. Veamos cómo viene el 2009.
miércoles, noviembre 05, 2008
viernes, octubre 31, 2008
Camino por el paseo Independencia. He terminado las clases y me voy a casa, pero no puedo evitar observar lo que ocurre a mi alrededor. A esta hora (las 12 o por ahí) la gente camina ocupada, de un lado a otro, intentando encontrar algo que les dé sentido a sus vidas. Ya no hablo sólo del típico ejecutivo con traje, sino también del dueño del pequeño kiosco, del abuelo con sus hijos, de los estudiantes que vuelven a casa. El viento, siempre nuestro viento, está ahí, jugueteando con hojas secas que eleva hasta nuestras caras, pero no nos damos cuenta de ellas. Seguimos caminando, pensando en nosotros hasta que encontremos a alguien que piense en nosotros. Sin embargo, el viento me trae algo más que muerte: música. En un porche, intentando huir del cierzo, reposa sereno un hombre con un acordeón, tocando la que para mí es una de las más exquisitas canciones: el Canon de Pachebel. Toca tranquilo, sin fijarse en la gente que le arroja sus sueldo en una bolsa de plástico. Toca tranquilo, sin convenciones de compás o intensidad. Siente la canción, siente cada corchea, y logra transmitir esos sentimientos a su instrumento, con el que tantas cosas ha vivido. El sonido de su acordeón deja de ser ondas para convertirse en magia, en pequeñas pizcas de vida que nos inundan, nos supera, sólo podemos escuchar la canción, dejarnos llevar por esas notas rápidas y frágiles, por esas notas largas y seguras, por el silencio entre una nota y otra. Sus dedos se separan de la teclas, y por unos segundos todos seguimos callados, mirando cómo suspira al acabar su partitura. Vuelven los coches, las hojas, el ruido, y corro para no perder el autobús.
jueves, noviembre 15, 2007
Creo en los hombres. Creo que mediante la palabra se pueden conseguir victorias más aplastantes que con las armas. A veces el fragor de la batalla no nos deja oir, pero la voz humana es diferente de otros sonidos. Se alza por encima de otros sonidos, incluso si no grita, incluso si no es sino un susurro. Sólo tiene que decir la verdad. La palabra tenderá puentes más allá del confuso mar de los idiomas; romperá todas las barreras que el hombre pueda crear. La palabra unirá los corazones de los hombres, sin mirar colores, creencias o dinero. Mañana brillará el sol, y lo será gracias al trabajo de todos los hombres y mujeres que han luchado por el bien común, porqué creían en él. Se han esforzado para que los hombres sean verdaderamente hermanos, y para que paz no sea una palabra relegada a un libro de texto, sino el aceite que mueve nuestros engranajes. La palabra irá más allá de prejuicios y tabúes; el fanatismo y las dictaduras acaban en la palabra. Ella será quien derrumbe sus estatuas, y quien haga de su memoria un muñeco de trapo que arda en la hoguera del recuerdo. Da igual cuantas personas anónimas contribuyeron a crear este mundo todavía imperfecto, inacabado; cuantas ramitas forman esa hoguera que día tras día aumenta, hasta que llegue el momento en el que arda. Ese día, los abuelos llamarán dichosos a sus nietos, y las madres llorarán recordando todo lo que sus antepasados hicieron por este mundo, quizá sin saberlo. El mundo gira vada día por el impulso de los pequeños héroes, las pequeñas cosas, que no salen en los periódicos pero se lo merecen. Desde el presidente de la ONU hasta la más simple intérprete merecen la recompensa final, esa por la que trabajan, esa que aparece en los labios de tantos dictadores, en los corazones de tantos muertos: la paz. Gracias a todos los que han dedicado algo de sí mismo a la causa, a todos aquellos que han perdido un ser amado, un hermano. Puede parecer más sencillo abandonar y empuñar un arma, pero sólo será más rápida la caída. La única arma que sobrevive al paso del tiempo es la palabra, ondeando al viento como nuestro sueños, cogidos de la mano, flotando en el cielo. Tantos miedos, tantas desgracias han valido para algo; aunque no se vean los frutos, el árbol crece poco a poco. Sus ramas, cada vez más robustas, albergarán nidos de donde colgarán columpios mecidos por la risa de los niños, pero también por el llanto de los funerales. Cada uno de nosotros estará orgulloso de sus abuelos, que dio su vida por sus ideales. La pluma vence a la espada siempre. Si no ahora, dentro de cien años la espada estará corroída por el óxido, mientras que la pluma habrá creado un nuevo orden mundial. No lo olvides, la palabra se alzará entre el fragor de la batalla.
-A partir de ahora, cuando pueda os dejaré una referencia a lo que me inspira. Esto lo escribí después de ver La intérprete, de Sydney Pollack, con Nicole Kidman y Sean Penn entre otros.
-A partir de ahora, cuando pueda os dejaré una referencia a lo que me inspira. Esto lo escribí después de ver La intérprete, de Sydney Pollack, con Nicole Kidman y Sean Penn entre otros.
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