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viernes, septiembre 18, 2009
Hoy seguimos con conversaciones con amigos. El otro día estaba hablando con unos amigos sobre la palabra bohemio. No sé cómo, salió esa palabra, y se sorprendieron de que la calificara de insulto. Antes, un bohemio era un verdadero artista, despreocupado de la reacción de los demás, solo centrado en su obra. Sin embargo, ahora los que se llaman bohemios son aquellos que solo buscan que la gente les aplaude. Han construido una fachada que "mola", utilizan el arte como una forma de atraer a grupis deseosas. Además, suele pasar que los bohemios se autoproclaman como tales y se adueñan de escenas bucólicas, como tumbarse en la carretera, cuando en realidad el arte no es así. Odio a los bohemios a muerte, son los especímenes que más detesto. Yo no soy nada, pero me gusta el arte, necesito el arte, y odio la gente que utiliza el arte para hacerse notar, para atraer más chicas al asiento de atrás. Odio que muchas personas solo vean las poses al pintar, las camisetas molonas del batería en el concierto, y no vean más allá. Odio que el arte se prostituya y se convierta en luces de neón para moscas indecisas. Odio a los bohemios guays, y amo a los artistas que no se lo creen. Un abrazo.
viernes, septiembre 11, 2009
Hay canciones que son más de lo que dicen, más de lo que cuentan, aunque muchas veces ni siquiera lo sepamos ver. Un ejemplo de esas canciones es With or without you, de la que ya hablé. Hoy voy a hablar de otra gran canción que tiene para mí otro gran significado: Bohemian Rhapsody, de Queen. Evidentemente, no soy tan estúpido como para creer que este es el concepto en el que pensaban los autores, pero es el concepto en el que pienso yo. Bohemian Rhapsody, para mí, trata sobre la vida. Todos los cambios de ritmo, de intensidad, marcan cambios en la vida. La canción arranca con los 4 miembros (Freddie Mercury, Brian May, John Deacon y Roger Taylor) cantando a coro, a capella, muy lentamente. Como el niño que todavía no ha nacido, que vive en sintonía total con su madre, se pregunta sobre lo que ve, lo que siente: ¿Es esta realmente la vida, es pura fantasía? Poco a poco se une un piano, las voces se desdoblan, se contestan: el niño nace. El piano, como una nana que duerme al niño, sirve de acompañamiento a Freddie, que canta suavemente sobre el dolor, sobre la muerte, como la madre que alerte al niño, pero siempre con dulzura. Aparece la batería, el niño crece y sale de casa, tiene amigos. Suenan unas campanillas, el niño quizás se enamora de su amiga, de su vecina. Brian May a la guitarra, la fuerza del niño supera el cariño de la madre, se transforma de repente en un adolescente. Cambia la música, es la parte más caótica, más extraña. El piano, antes suave, ahora es cómico, extraño. El adolescente no tiene a nadie, pero todo el mundo le asombra, le defrauda. Todo el mundo es su guía, durante dos días. Miles de voces, pero sin sentido, necesita un referente. Rayos y truenos, sombras de hombres. No hay luz. Pero el chico es fuerte, y aprende del dolor. La batería, la guitarra, el sufrimiento, todo se convierte en su apoyo, en su fuerza para afrontar el mundo, y madura. Se hace un hombre, se enfrenta a los que le oprimieron. Tiene fuerza, tiene valor para enfrentarse a todos: Así que pensaste que podías apedrearme sin más. Pero el tiempo pasa, las fuerzas se van, y poco a poco envejece, aunque cuando comienza a darse cuenta sus dientes ya duermen en un vaso. La guitarra pierde su fuerza arrebatadora, se acerca a una melodía de misa. Vuelve el piano, pero esta vez como el bastón que acompaña al anciano hasta su tumba. Nada me importa en realidad. Las notas son cada vez más lentas, los latidos son cada vez menos, hasta que desaparecen. Al final, el legado es siempre el mismo. El viento, que aparecía al nacer, vuelve a aparecer al morir. La canción, como la vida, es siempre el último suspiro, el último mensaje: Anyway the wind blows. El viento sopla, se lleva las cenizas del anciano y acaricia el pelo del recién nacido. Un círculo cerrado, que comienza y acaba con la muerte, y que comienza y acaba con Mercury, May, Deacon y Taylor cantando a la vez: el dolor y la alegría unen al hombre y marcan la vida.
jueves, agosto 06, 2009
Es natural en el ser humano asociarse con aquellos que son más similares, con el fin de vencer a los diferentes, que siempre se han considerado los "malos". Sin embargo, esta asociación que en ocasiones puede ser legítima, en el terreno cultural solo conlleva problemas. En la guerra, los soldados no piensan, o al menos no se les paga para que piensen, sino que actúan. En la paz, por el contrario, las personas debemos pensar, y no podemos pensar correctamente si solo nos reunimos con nuestros amiguitos. Lo cómodo es pasar la vida entera con tus amigos de la infancia, cuyos secretos e ideologías conoces, pero no es lo mejor. El ser humano en general solo avanza cuando se encuentra con situaciones diferentes, en lugares distintos, con personas desconocidas. Es entonces cuando la filosofía, el arte, la política o la seducción progresa, y supera el estancamiento inicial. No se trata de abandonar las bases, de olvidarse de nuestros amigos de la guardería, sino de construir sobre esas bases, de enriquecer nuestra relación con las aportaciones de terceros. En el pasado, los emperadores y príncipes solo se casaban con familiares, con ramas dinásticas similares. Esta endogamia produjo una degeneración que condujo al final de muchas familias, como el caso de los Austrias con Carlos II. En el panorama intelectual (palabra pretenciosa pero necesaria) ocurre lo mismo; si escuchamos solo un tipo de música, si leemos solo un tipo de novelas, si frecuentamos solo ciertos bares nos arriesgamos a la muerte, no de una dinastía, sino de nuestra cabeza. Por eso, no debemos encerrarnos en nuestros gustos, sino intentar comprender al otro, no solo en el terreno artístico, sino en todos. Un abrazo.
viernes, julio 31, 2009
Ayer fui a un concierto de Carlos Baute, por motivos laborales, y entre hormonas revolucionadas y movimientos de cadera escuché una cosa que me impactó. Baute, con su cuerpo deseado por muchas, va y se pone a hablar de que se enamoró de una amiga, y de que le hizo mucho daño. Y yo, a partir de ahí, empecé a odiarlo de la peor forma que puedo odiar, bajo una sonrisa. Odio la falsedad, pero la entiendo, sé que el ser humano vive de apariencias, pero hay dos tipos de falsedad que no puedo soportar: la relativa al arte y al amor. Todo aquel que utilice el arte o el amor como mercancía, como quilates para revalorizarse en el mercado, se han ganado de inmediato mi odio. Cuando Baute hablaba de cómo ella lloraba en su hombro, y de cómo él sufría en silencio, me entraban ganas de saltar al escenario y partirle la boca. El amor nunca, nunca, puede ser utilizado como plataforma a la que subirte para dejarte ver. No podemos utilizar el sufrimiento como arma para conquistar, las lágrimas como silbato que llame a los besos. Por eso cada vez que hablo en el blog de algo parecido que me pasa a mí, odio parecer que me vendo. Para mí, el escalón más bajo al que puedo llegar es prostituirme moralmente, no respecto a principios filosóficos, ya que estos cambian y deben cambiar con la edad, sino respecto al arte y al amor. Cuando leo un libro, o cuando comento algún dolor, nunca lo cuento con ricas descripciones, solo para que no sea una mercancía más. El amor es lo más puro que hay, y por extensión el arte también goza de esa pureza privilegiada. Quien la perturbe merece el peor castigo que me atrevo a infligir: la más tibia indiferencia y desprecio.
sábado, julio 18, 2009
Mi madre tiene una frase que siempre me ha fascinado: Si todos vienen a mi casa, por algo será. Lo que quiere decir es que la mejor forma de comprobar si una persona es "buena" es por sus amigos, no por el número, sino por su relación con ellas. No creo que yo sea bueno, pero tengo unos grandes amigos, los mejores que podría imaginar. Hoy, 18 de julio, es mi cumpleaños (sí, ya sé, una mala fecha en la historia de España), pero para mí siempre ha sido un día normal, excepto porque tengo que contestar llamadas de familiares y fingir emoción por hacerme viejo. Sin embargo, este año ha sido totalmente diferente. Ha habido 3 detalles que me han hecho llorar (de momento solo 3, que nadie se sienta ofendido), y han sido 3 muestras del cariño más grande. Dos han sido entradas dedicadas en dos blogs, y otra ha sido de mis amigos de toda la vida. Mi primera lágrima de hoy ha salido en El atascado cajón de sastre, al leer las palabras que Luuu ha sacado desde lo más hondo de su corazón. Solo la conozco de un año, pero es como si la conociera de toda la vida. He llegado a un grado de compenetración casi perfecta, pensamos casi lo mismo casi a la vez, por eso llamamos la atención, por eso y porque somos diferentes, y estamos orgullosos de ello. Otra lágrima ha salido con otro amigo con quien también soy diferente, Gory, en Mi rinconcito musical. Una de las pocas personas que conozco capaces de decir que les gusta Eurovisión sin avergonzarse ni perder un ápice de su dignidad. He compartido muchos momentos con él, buenos y malos, y por eso estoy muy unido a él, a pesar de que lo conozco desde hace un año, y hace poco que intimamos, pero hemos llegado a tener una relación muy estrecha. Por último, mis amigos de toda la vida, que los mataría. Ayer se suponía que iba a ir a la gala de Míster Zaragoza, por motivos laborales, pero no fui. Sin embargo, mis amigos se plantaron allí dos horas esperándome para montarme una fiesta sorpresa, además de un magnífico regalo: una pluma estilográfica. Como no fui, grabaron este vídeo en mitad de la calle, todo para felicitarme. No sé qué puedo decir de ellos, porque a pesar de todo lo vivido, bueno y malo, hemos seguido unidos y hemos seguido siendo amigos, y debemos estar orgullosos de ello, porque hay muy poca gente capaz de decir eso. No creáis que esta entrada es de auto-alabanza, sino de agradecimiento, porque hay veces en la vida que solo se puede sonreír y decir gracias. Mil besos a todos, y gracias, simplemente por existir.
lunes, junio 22, 2009
Esta primavera he descubierto que tengo alergia, o al menos eso creo. Los estornudos y los ojos llorosos, antes ocasionales, se han convertido en compañeros de juego, en otro par de zapatillas. Sin embargo, no estoy tan descontento. He descubierto que me gustan los estornudos. Me gusta cerrar los ojos durante unos segundos, sucumbir al impulso de nuestro cuerpo y ser pequeños por un instante. No podemos permanecer con los ojos abiertos, es imposible. Es como si nuestro propio cuerpo tratara salvarnos del dolor del mundo por unos segundos; que mientras estornudes, no existan las muertes ni el sufrimiento, solo el estornudo. Porque el estornudo también es vida, también somos nosotros mismos quienes ponemos de nuestra parte al estornudar. Cada uno lo hace de distinta forma, gritando, suspirando, rugiendo. Cada uno reacciona de diferente manera: se apartan hacia un lado, agachan la cabeza, siguen como si nada. Además, durante esos segundos la vida nos inunda, somos un cable conductor de electricidad. El cosquilleo comienza, a veces incluso minutos antes, y es una sensación deliciosa, la misma que al acariciar el envoltorio del regalo. Ese cosquilleo va y viene, sube y baja, no permanece constante, no es predecible. Cuando la sensación aumenta hasta explotar, casi podemos respirar más aire, empezando por los pies y subiendo, agitándonos como una cometa hasta que lo soltamos. Durante esos segundos, durante esa explosión, la vida nos inunda, la vida imprime un color especial en nuestras mejillas, la vida nos da fuerzas para rugir al viento, y la vida también mancha el pañuelo. Un abrazo
Etiquetas:
cuerpo,
naturaleza,
opinión,
vida
sábado, abril 18, 2009
Nunca me ha gustado mirar a los ojos de la gente. Cuando lo hago siento como si intentara entrar en su mente, si intentara analizar cada brillo de su pupila para reaccionar en consecuencia, y ganarles. Por eso cuando hablo, siempre miro la mesas, mis manos o el infinito en un servilletero. No me gusta mirar a los ojos porque es nuestra ventana, el conducto por el que percibimos el mundo, y en ese cristal se refleja nuestra actitud ante el mundo. De vez en cuando no puedo resistirme, y miro a los ojos de mi interlocutor, y siempre me sorprendo. Los ojos y la voz son las dos fuentes de información de una persona, aunque no siempre coinciden. Hay voces grandes, voces que se adueñan del auditorio, pero con ojos pequeños, nerviosos, que no huyen de tu mirada, pero desean hacerlo. Hay voces rápidas, eléctricas, que reaccionan en segundos ante el mundo, y sus ojos parecen velados, cubiertos de una fina niebla que impide ser. En parte es por eso por lo que no me gusta mirar a los ojos, porque veo más allá, o al menos creo que veo, sueño que veo, y pocas veces me gusta lo que veo (por supuesto, siempre hay ojos que brillan cuando hablas, o voces que se apoyan en la mirada para convencer). Quizás es por eso por lo que no me gusta ir a la peluquería, porque permanezco callado, inmóvil, atado a una silla cómoda, y mis ojos no pueden parar de moverse, tienen que seguir analizando todo lo que ocurre a mi alrededor. Aunque ni un músculo se mueve, me pongo nervioso, inquieto, y siempre reacciono de la misma manera. Me miro a los ojos, sin ver nada, pero me tranquiliza saber que a pesar del pelo que cae, de los frecuentes pestañeos, detrás de todo, sigue la misma raya marrón, y pienso si algún día alguien escribirá un poema sobre ella, si algún día alguien llorará recordándola, y siempre acabo pensando lo mismo. Tengo que hacer un trabajo de géneros, tengo que ir a ver una obra de teatro, y sonrío, porque detrás del vacío que es mañana, siempre hay algún plan. Porque detrás de todos los párpados, siempre hay alguna mirada. Porque entre todas las personas, siempre hay una que destaca. Un abrazo.
lunes, marzo 09, 2009
Hoy iba a escribir sobre el amor, para convencer a alguien de que el amor es grandioso, de que la vida no merece la pena sin él. Hoy iba a escribir una entrada de las que hacen historia, una entrada que sería recordada más allá de mañana. Pero me he dado cuenta de que no hay sitio, de que se queda corto. El amor no es un sentimiento, sino todos los sentimientos llevados a la perfección, refinados y mejorados. Por eso, no voy a tratar de convencerla en una entrada, sino que le voy a dar un consejo. Lee todas las entradas con la etiqueta "amor", y cuando te canses (porque no te las leerás todas) sal y mira el mundo. Sal y mira a los demás. Sal y mira todos los avances de la ciencia, todas las grandes obras. Todas han sido hechas por amor, todas por querer vivir un minuto más el amor junto a nuestra mitad. Todo es amor. Lee, escucha, mira, todo lo creado, empezando por la tierra y acabando por esta entrada, es amor. Si necesitas una canción, escucha Amie, de Damien Rice (ninguna versión decente en la red; emule). No habla de amor, pero también es de amor. Un abrazo.
jueves, febrero 19, 2009
Hoy iba a escribir sobre algo triste, algún problema que se me cruzara por la cabeza, pero no he podido. Con este sol debería ser un delito ponerse triste. He escrito igual veinte líneas, y las acabo de borrar. No me gustaban, no era yo. A decir verdad, tenía en la cabeza lo que me dirían al día siguiente, cuando me encontrara con los que habitualmente leen este blog. Por favor, si tenéis un blog y queréis escribir sobre vosotros mismos, no se lo digáis a quienes veis a menudo. Gusta que te digan que escriben bien, que tienes un trasfondo oculto, pero solo gusta al principio. Pronto empiezas a escribir condicionado por tus lectores, solo que en este caso los lectores son de carne y hueso, y los ves cada día. No sé si los periodistas o escritores sentirán algo parecido con sus escritos. Quizás esto es aprender día tras día. Yo pienso que es venderse, prostituirse. Yo empecé a escribir con 6 o 7 años, creaba historias para sentirme mejor. No volvía a escribir hasta los 16, cuando emborronaba papel con los típicos comecocos de los adolescentes, solo que entonces ya había leído mucho, y empecé a escribir algo menos visceral y más elaborado. Poco después comencé a escribir relatos que ganaron los premios literarios del instituto, y era feliz. Miraba los escritos de mis 16 años y me ponía colorado, todo era arrebatador, extremo, total. Amor o muerte. Ha pasado el tiempo, tengo un blog y ahora encuentro auténticos esos poemillas, y trato de convencerme de que lo demás no es falso. No puedo leer poesía, porque me parece falsa. No puedo escuchar baladas, porque me parecen falsas. ¿Y qué coño es lo verdadero, lo que solo puedo leer yo? ¿Eso es el arte? No, eso es desahogo, y es algo diferente del arte. Ambos son emociones en estado puro, pero el arte es transmitir esas sensaciones, y el desahogo es escribirlas y tirarlas por el retrete. O al menos eso es lo que quiero pensar. Por mi bien. Un abrazo
miércoles, enero 21, 2009
Hoy por fin voy a hacer algo que deseaba desde hacía tiempo: escribir sobre libros. Claramente influenciado por Lorien Black (un abrazo), aquí va mi repaso a los tres últimos libros que he leído.
Si pensáis en un tocho, ese puede ser el Quijote o Guerra y Paz. Pues bien, empiezo por uno de ellos, Guerra y Paz, que lo acabé estas navidades. Si tuviera que resumir cerca de 1400 páginas, una sola palabra bastaría: vida. Sus páginas derrochan vida, los personajes se mueven de forma natural, llueve como en la realidad. El argumento desarrolla la vida de dos familias, Rostov y Volkonski, cuyos caminos se entrecruzan varias veces durante la invasión de Napoléon de Rusia. Sin duda alguna es uno de mis libros favoritos, aunque la segunda parte del epílogo deja un mal sabor de boca (el primer epílogo que veo que tiene dos partes). Si tuviera que destacar un personaje, dos serían por supuesto Natacha y Pëtr, pero Sonia me caló hondo, sobre todo lo que le ocurre al final
Con semejante empacho, me lancé a la lectura de Al Norte la montana al Sur el lago al Oeste el camino al Este el rio. A pesar de ese título, no pasa de las 150 páginas. Lo compré porque estaba haciendo tiempo en una librería y me llamó, y no me ha defraudado. Narra la historia de un hombre que visita un monasterio en China, aparentemente abandonado. Sin embargo, me encantó su prosa, casi poesía, y la lucha que plantea entre la naturaleza, eterna, y el hombre, débil.
Por último, otro libro que me llamó desde la estantería de la tienda fue El mismo mar de todos los veranos. Con ese título, os imaginaréis por qué. Cuenta la historia de una profesora de universidad que se enamora de una estudiante, pero lo mejor de la novela es el lenguaje, tan suntuoso y sugerente. Sus frases de varias páginas exigen calma (en esto me recordó a Tiempo de silencio), pero merece la pena.
Estos tres libros necesitan más tiempo y dedicación para hacerles justicia, pero creo que esto no está tan mal. Como se dice siempre, vuestros comentarios son bien recibidos. Un abrazo.
Si pensáis en un tocho, ese puede ser el Quijote o Guerra y Paz. Pues bien, empiezo por uno de ellos, Guerra y Paz, que lo acabé estas navidades. Si tuviera que resumir cerca de 1400 páginas, una sola palabra bastaría: vida. Sus páginas derrochan vida, los personajes se mueven de forma natural, llueve como en la realidad. El argumento desarrolla la vida de dos familias, Rostov y Volkonski, cuyos caminos se entrecruzan varias veces durante la invasión de Napoléon de Rusia. Sin duda alguna es uno de mis libros favoritos, aunque la segunda parte del epílogo deja un mal sabor de boca (el primer epílogo que veo que tiene dos partes). Si tuviera que destacar un personaje, dos serían por supuesto Natacha y Pëtr, pero Sonia me caló hondo, sobre todo lo que le ocurre al final
Con semejante empacho, me lancé a la lectura de Al Norte la montana al Sur el lago al Oeste el camino al Este el rio. A pesar de ese título, no pasa de las 150 páginas. Lo compré porque estaba haciendo tiempo en una librería y me llamó, y no me ha defraudado. Narra la historia de un hombre que visita un monasterio en China, aparentemente abandonado. Sin embargo, me encantó su prosa, casi poesía, y la lucha que plantea entre la naturaleza, eterna, y el hombre, débil.
Por último, otro libro que me llamó desde la estantería de la tienda fue El mismo mar de todos los veranos. Con ese título, os imaginaréis por qué. Cuenta la historia de una profesora de universidad que se enamora de una estudiante, pero lo mejor de la novela es el lenguaje, tan suntuoso y sugerente. Sus frases de varias páginas exigen calma (en esto me recordó a Tiempo de silencio), pero merece la pena.
Estos tres libros necesitan más tiempo y dedicación para hacerles justicia, pero creo que esto no está tan mal. Como se dice siempre, vuestros comentarios son bien recibidos. Un abrazo.
domingo, octubre 26, 2008
El tiempo impresiona. No nos damos cuenta de que existe, de que nos devora; solo vemos sus efectos. Más allá de arrugas o estrías, afecta a lo que dijimos que duraría siempre, que siempre estaría allí: las relaciones con los demás. Resulta doloroso ver cómo con el paso del tiempo hay personas que se distancian, que se envuelven en la tibia niebla de la indiferencia, y ya no compartes esos momentos que daban sentido a la vida, sólo hablas. No me refiero a esos amigos que parten hacia tierras lejanas, sino precisamente de los que permanecen a tu lado, de los que viven en la casa de al lado, pero por una razón u otra no ves como antaño. Las promesas arrojadas al viento, los sueños en común, todo desaparece. Crecemos, dicen algunos. Yo digo que perdemos. ¿Hay algo más valioso que un amigo? Puedes perder el trabajo, el coche, pero un amigo... Un amigo no lo encuentras en un concesionario, o echando un currículum. Es más complejo que todo eso.
Pero el tiempo también cambia las relaciones en otro sentido. Resulta gratificante ver cómo gente que no veías desde hace años te recuerda y te quiere como el primer día que os conocisteis. Compartes las mismas bromas, las mismas discusiones. Nada ha cambiado. ¿Por qué? Porque en esa relación el tiempo no ha roído los lazos, ha sido la distancia. Y esa distancia puede recorrerse a la inversa, al contrario que el tiempo. Si fuimos a estudiar a Salamanca, sabemos que un día volveremos a nuestra ciudad, y encontraremos todo lo que añoramos. Sin embargo, el amigo de al lado no añora nada, porque lo tiene. Sin embargo, poco a poco va perdiendo esa conexión con su hermano del alma, sólo porque no lo aprecia (creo yo). Volvemos al viejo dicho de que solo se quiere algo no se tiene. En nuestro pensamiento, las relaciones permanecen igual, pero si vives esas relaciones, estas van cambiando, y generalmente este cambio nos disgusta.
Por todo esto, resulta más fácil tener un amigo en la Cochinchina que al lado, porque el de al lado existe, mientras que del otro solo conoces lo que tú quieres imaginar. Eso sí, los amigos de lejos, igual que los nuevos, pueden ser mejores que los anteriores, pero recordemos que un amigo, aunque no sea un amigo, siempre es alguien importante para ti. Un abrazo.
Pero el tiempo también cambia las relaciones en otro sentido. Resulta gratificante ver cómo gente que no veías desde hace años te recuerda y te quiere como el primer día que os conocisteis. Compartes las mismas bromas, las mismas discusiones. Nada ha cambiado. ¿Por qué? Porque en esa relación el tiempo no ha roído los lazos, ha sido la distancia. Y esa distancia puede recorrerse a la inversa, al contrario que el tiempo. Si fuimos a estudiar a Salamanca, sabemos que un día volveremos a nuestra ciudad, y encontraremos todo lo que añoramos. Sin embargo, el amigo de al lado no añora nada, porque lo tiene. Sin embargo, poco a poco va perdiendo esa conexión con su hermano del alma, sólo porque no lo aprecia (creo yo). Volvemos al viejo dicho de que solo se quiere algo no se tiene. En nuestro pensamiento, las relaciones permanecen igual, pero si vives esas relaciones, estas van cambiando, y generalmente este cambio nos disgusta.
Por todo esto, resulta más fácil tener un amigo en la Cochinchina que al lado, porque el de al lado existe, mientras que del otro solo conoces lo que tú quieres imaginar. Eso sí, los amigos de lejos, igual que los nuevos, pueden ser mejores que los anteriores, pero recordemos que un amigo, aunque no sea un amigo, siempre es alguien importante para ti. Un abrazo.
viernes, octubre 03, 2008
Después de hablar una y otra vez del tema, hoy por fin me he decidido a hablar de la melancolía. Mucho se ha hablado de ella, y desde el primer momento se la ha criticado, diciendo que era lo mismo que la depresión (de hecho así es en la omnisciente Wikipedia) Sin embargo, yo no lo veo así, a pesar de que tienen algunos puntos en común.
Es cierto que la melancolía consiste en tristeza, pero no como la depresión, que hace que todo se torne negro y no haya nada de vida en lo que ve. La melancolía es, desde mi punto de vista, cierta predisposición a la tristeza, pero no una tristeza que asfixia, sino a una que permite ver el mundo desde una óptica diferente, más crítica pero también más llena de matices y colores. El melancólico no ve el mundo como un monstruo que trata de acabar con él, sino como algo ajeno, algo que es bello pero que causa dolor, sufrimiento. La melancolía no trata de ser negativo empedernido, sino evitar ser un optimista que no vive la realidad sino su propio mundo de caramelo. En general, cuando la gente dice que alguien es un melancólico puede decirlo por 2 razones, ambas equivocadas para mí: bien porque no se relaciona y vive en su mundo, o bien porque afirma que el mundo no tiene sentido. En el primer caso puede ser desde un soñador hasta un egocéntrico, mientras que en el segundo es claramente un existencialista. Un melancólico siente el arte, siente la belleza de la vida, si bien esa belleza son precisamente detalles que nadie ve, que pasan escondidos a los ojos de la gente normal, pero que para él (o ella) son esenciales, lo único que vale en la vida. Un buen melancólico ayuda a los demás siempre que puede, porque siente sus problemas, sufre con ellos, los comprende mejor que nadie.
Hace unos años me enseñaron que se suponía que los melancólicos buscaban no buscar, querían no querer, no sentir en definitiva, y si en aquel momento lo pude entender (razones personales) con el tiempo me he dado cuenta de que no es así. El melancólico necesita sentir, porque es lo que le distingue de los demás, aunque nunca quiera expresarlo; son esos sentimientos los que lo motivan a seguir adelante, no quiere recibir nada, sólo sentir. Bien es verdad que el sentimiento que más se repite es el dolor, pero acepta las consecuencias y aún así ama la vida.
Resumiendo, se podría decir que el melancólico huye del ardiente y asfixiante sol de la alegría sin motivo, pero huye del callejón oscuro de la eterna amargura. La línea entre ambos es estrecha, y por eso nadie se toma en serio a los melancólicos, diciendo que son o deprimidos o niños que juegan a estar tristes. Pero la melancolía es mucho más que eso, si bien sólo he sabido explicar una parte de mi borroso punto de vista. Gracias por vuestra paciencia.
Es cierto que la melancolía consiste en tristeza, pero no como la depresión, que hace que todo se torne negro y no haya nada de vida en lo que ve. La melancolía es, desde mi punto de vista, cierta predisposición a la tristeza, pero no una tristeza que asfixia, sino a una que permite ver el mundo desde una óptica diferente, más crítica pero también más llena de matices y colores. El melancólico no ve el mundo como un monstruo que trata de acabar con él, sino como algo ajeno, algo que es bello pero que causa dolor, sufrimiento. La melancolía no trata de ser negativo empedernido, sino evitar ser un optimista que no vive la realidad sino su propio mundo de caramelo. En general, cuando la gente dice que alguien es un melancólico puede decirlo por 2 razones, ambas equivocadas para mí: bien porque no se relaciona y vive en su mundo, o bien porque afirma que el mundo no tiene sentido. En el primer caso puede ser desde un soñador hasta un egocéntrico, mientras que en el segundo es claramente un existencialista. Un melancólico siente el arte, siente la belleza de la vida, si bien esa belleza son precisamente detalles que nadie ve, que pasan escondidos a los ojos de la gente normal, pero que para él (o ella) son esenciales, lo único que vale en la vida. Un buen melancólico ayuda a los demás siempre que puede, porque siente sus problemas, sufre con ellos, los comprende mejor que nadie.
Hace unos años me enseñaron que se suponía que los melancólicos buscaban no buscar, querían no querer, no sentir en definitiva, y si en aquel momento lo pude entender (razones personales) con el tiempo me he dado cuenta de que no es así. El melancólico necesita sentir, porque es lo que le distingue de los demás, aunque nunca quiera expresarlo; son esos sentimientos los que lo motivan a seguir adelante, no quiere recibir nada, sólo sentir. Bien es verdad que el sentimiento que más se repite es el dolor, pero acepta las consecuencias y aún así ama la vida.
Resumiendo, se podría decir que el melancólico huye del ardiente y asfixiante sol de la alegría sin motivo, pero huye del callejón oscuro de la eterna amargura. La línea entre ambos es estrecha, y por eso nadie se toma en serio a los melancólicos, diciendo que son o deprimidos o niños que juegan a estar tristes. Pero la melancolía es mucho más que eso, si bien sólo he sabido explicar una parte de mi borroso punto de vista. Gracias por vuestra paciencia.
miércoles, septiembre 10, 2008
El pasado domingo (sí, ya sé que estamos a miércoles, estoy ocupadete) fui a la Expo de mi ciudad, Zaragoza, y aparte de pasarme el día entero haciendo cola hasta para ir al baño (si puedo el lunes os hablaré de la Expo), fui a ver un concierto de Loquillo, que si miráis el archivo podréis ver una canción suya. Pues bien, fue algo impresionante. Aunque pueda sonar pretencioso, el Loco dijo una frase al comienzo del concierto que lo resume todo: No vais a ver un concierto de rock al uso; vais a ver las señas de identidad del rock español. Y así fue. Fue un continuo manantial de talento, de música buena, de una voz impresionante. Más de una vez he dicho que para que un cantante sea bueno tiene que ser un egocéntrico, casi megalómano. No he tenido el placer de hablar con Loquillo, pero en el escenario derrocha carisma, fuerza, ironía, pasión. El final fue parecido al del vídeo, gritando desgarrado por los suelos, pero me atrevería a decir que incluso mejor. Loquillo lo dio todo, pero también sus músicos, fueras de serie (destaco al guitarrista, que no paró quieto en todo el concierto), e incluso los invitados, porque al ser un concierto homenaje por los 30 años de carrera, hubo invitados, y qué invitados. Jaime Urrutia, Sabino Méndez (compositor de las grandes canciones de Loquillo), Gabriel Sopeña (de la tierra, gran apoyo del Loco), Pereza y El columpio asesino (no preguntéis) Un concierto mítico, que ha marcado historia por lo menos para mí; hacía mucho tiempo que no iba a un concierto tan bueno. Si tenéis la ocasión, no os lo perdáis.
domingo, agosto 17, 2008
Acabo de ver Mensajero del futuro, en inglés The Postman, y me ha dejado una gran huella. Todos los que conozco la detestan, porque les parece simplona o pretenciosa, y que tratan un tema ya muy usado: la libertad. No voy a hablar de ella, porque ya lo he hecho y lo volveré a hacer, sino de algo también muy visto: la bandera de los Estados Unidos. No voy a hablar de historia, sino de los sentimientos que provoca entre los que la enarbolan. Todos los americanos sienten (creo) ese trozo de tela como algo suyo, algo que los representa y que los une por encima de colores o propiedades; se podría decir que los estados Unidos de América son esa bandera, y por tanto recibe el trato que se merece. Sin embargo, en España ocurre algo totalmente diferente: nos avergonzamos de nuestra propia bandera. Cuando alguien la ondea, cuando alguien trata de defenderla, solo obtiene una respuesta: facha. Esa bandera la puso Franco, la que mola es la de la República. Franco fue un dictador que dio un golpe de estado y fue el amo del país durante 35 años, pero ya murió, y esa época es solo un mal sueño, algo pasado. Llegó la democracia, y con ella la estabilidad. Hemos tenido nuestros más y nuestros menos, pero nos podemos quejar, podemos gritar lo que pensamos, y podemos comer y vivir. Esa bandera no es la bandera de Franco, es la bandera de esta España, la España en la que hoy vivimos. Esa bandera se adoptó en 1785, y desde entonces ha habido variaciones, como la famosa bandera de la II República, pero eso es historia. Esa es la bandera de todos los españoles, de la que no debemos avergonzarnos, sino estar orgullosos. Sé que todavía convive el odio entre las dos españas, pero espero que con el tiempo, cuando alguien diga viva España, no se le mirará con temor o repulsa, sino que se volverá a oír, bien alto y bien orgulloso, ese mismo grito de unidad y fraternidad. Espero poder gritar algún día.
jueves, octubre 04, 2007
Perdón por el retraso (esto está empezando a ser habitual), pero he sido raptado por los presocráticos y los sofistas por culpa de un examen de filosofía. Después de mis penurias (el apeiron es lo que tiene) estoy aquí otra vez (las malas hierbas nunca mueren). Me he puesto a leer unos blogs y he encontrado un artículo que realmente me ha impactado. Lo encontré en el blog de sexydaisy (lo tenía que poner, lo siento), y me ha parecido muy interesante. Como ella dice, el silencio puede ser bueno o malo, todo depende del contexto. Lo único peligroso de usar el silencio es que tienes que conocer muy bien con quién hablas puesto que puede ser fácilmente malinterpretado. Sólo mucho años de relación dan lugar a una complicidad en la que el silencio pueda convertirse en una palabra más. Sin embargo, tampoco conviene abusar de él, ya que el interlocutor puede llegar a pensar que no sabes de lo que te está hablando, o que simplemente pasas de él. El silencio puede llegar a ser más poderoso que los gritos, pero como todo lo verdaderamente importante en esta vida solo unos cuantos saben apreciar esa música que se escucha cuando nada suena; esa conversación que ningún labio pronuncia; ese amor que sólo los corazones expresan. Gracias a sexydaisy por ese post, y gracias a todos aquellos que callan para dejar que los demás se equivoquen. Un saludo para todos, y hasta pronto.
lunes, septiembre 24, 2007
Antes de decir nada quiero pediros perdón por haberos dejado casi una semana sin disfrutar de mi grata compañía (ni siquiera yo me lo trago, pero qué le vamos a hacer) Dicho esto, ya podemos proseguir con nuestro tema. Como decíamos ayer, la vuelta al cole es más estresante que nunca si clase tras clase todos y cada uno de los profesores te recuerdan que el fin de este curso no es aprender, como se supone ha sido hasta ahora (mal que les pese a los que creen que lo importante son los resultados), sino que estamos en clase para preparar los contenidos de un solo examen. No se si también hay gente de otros países que se mete aquí por error, pero les voy a explicar que la selectividad, el dichoso examen, es un conjunto de pruebas de 6 asignaturas a realizar en 2 días. Teniendo a cuenta que el temario que se maneja ya es bastante completo, se decidió que el alumno tuviera 2 horas y 3 folios para realizar cada prueba, ya que si no se extendería demasiado. Ahora bien, el problema es, y me temo que soy el único alumno que piensa esto, el miedo que se le mete al alumno. Sé que quizá lo hacen para motivarnos a estudiar, pero desde mi punto de vista lo único que se consigue con esto es que el alumno esté al borde del colapso nervioso, y si a esto le unimos el uso abusivo del café que hacen tres cuartas partes, tenemos desmayos y crisis de nervios a tutiplé. Nadie me ha tenido que decir que el examen es fácil; simplemente he hojeado tranquilamente algunos examenes de convocatorias pasadas, y creo que no necesitaré más drogas que mi tableta de chocolate (sí, lo sé). Os vuelvo a mandar el saludo que ya ha recorrido medio mundo, y prometo escribir con más frecuencia.
viernes, agosto 24, 2007
Sé que con este blog quizás pierda a mi lector (pobre, se equivocó de blog y ya fue demasiado tarde), pero es mi blog, al fin y al cabo. Ayer leí mientras esperaba en la peluquería (rectifico: mientras esperaba al asesino del buen gusto) un artículo del siempre recomendable Juan Manuel de Prada : Originalidad. En mi familia (esa hermosa institución que tanto intentan destruir) siempre hemos considerado ciertas obras como basura. Ahora bien, es innegable que este nuevo arte tan moderno tiene su origen a finales del siglo XIX, ya que con la aparición de la fotografía no se busca imitar la realidad sino aportar una nueva visión. Ahora bien, el respetable señor de Prada afirma que el germen de esta nueva forma de entender el arte reside en el Romanticismo, período que me encanta. El autor cree que al desaparecer la imitación cada uno habría barrido para su casa diciendo que lo suyo era lo mejor, pero no es así. Durante el Romanticismo, lo que desapareció fue la idea del maestro como ideal a seguir, intentando seguir su camino. Esta idea se sustituye por la creencia en el genio; se exalta la idea del yo, la importancia de lo personal y por extensión de lo único. De Prada puede extraer de esto su idea, pero desde mi punto de vista (¡viva el yo!) se equivoca. Es verdad que en el Romanticismo ya no se busca la imitación, pero aun así nadie se atrevía a escribir un solo verso sin haber leído la Odisea, o dar una pincelada sin haber visto esa polémica Última cena de Leonardo da Vinci. No por haber dejado de imitar se tiene que haber perdido la noción de lo que está bien y lo que está mal; en esa época lo que creían bueno era original, sí, pero también era bueno. Ahora (sí, ahora empieza lo bueno) sí que ha pasado lo que dice el señor de Prada: cualquier patán puede colar sus obras alegando que son originales. Si alguna vez habláis con algún crítico moderno os dirá que es trasgresor, que rompe las reglas, y que provoca una reacción en el público, aunque en mi caso sean arcadas. Sin embargo, NO ES BUENO. Es sólo pura bazofia, destinada a cuatro esgarramantas que afirmarán que es soberbia la metáfora de la muerte o del sufrimiento humano. Hala, ya me he desahogado. Si a alguien le ha interesado esta chorrada, que diga algo INTERESANTE.
PS:Gracias a esas clases de Literatura de Charo, auque me mataría si se enterase de que no me gusta el arte moderno.
PS:Gracias a esas clases de Literatura de Charo, auque me mataría si se enterase de que no me gusta el arte moderno.
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