viernes, septiembre 11, 2009
Hay canciones que son más de lo que dicen, más de lo que cuentan, aunque muchas veces ni siquiera lo sepamos ver. Un ejemplo de esas canciones es With or without you, de la que ya hablé. Hoy voy a hablar de otra gran canción que tiene para mí otro gran significado: Bohemian Rhapsody, de Queen. Evidentemente, no soy tan estúpido como para creer que este es el concepto en el que pensaban los autores, pero es el concepto en el que pienso yo. Bohemian Rhapsody, para mí, trata sobre la vida. Todos los cambios de ritmo, de intensidad, marcan cambios en la vida. La canción arranca con los 4 miembros (Freddie Mercury, Brian May, John Deacon y Roger Taylor) cantando a coro, a capella, muy lentamente. Como el niño que todavía no ha nacido, que vive en sintonía total con su madre, se pregunta sobre lo que ve, lo que siente: ¿Es esta realmente la vida, es pura fantasía? Poco a poco se une un piano, las voces se desdoblan, se contestan: el niño nace. El piano, como una nana que duerme al niño, sirve de acompañamiento a Freddie, que canta suavemente sobre el dolor, sobre la muerte, como la madre que alerte al niño, pero siempre con dulzura. Aparece la batería, el niño crece y sale de casa, tiene amigos. Suenan unas campanillas, el niño quizás se enamora de su amiga, de su vecina. Brian May a la guitarra, la fuerza del niño supera el cariño de la madre, se transforma de repente en un adolescente. Cambia la música, es la parte más caótica, más extraña. El piano, antes suave, ahora es cómico, extraño. El adolescente no tiene a nadie, pero todo el mundo le asombra, le defrauda. Todo el mundo es su guía, durante dos días. Miles de voces, pero sin sentido, necesita un referente. Rayos y truenos, sombras de hombres. No hay luz. Pero el chico es fuerte, y aprende del dolor. La batería, la guitarra, el sufrimiento, todo se convierte en su apoyo, en su fuerza para afrontar el mundo, y madura. Se hace un hombre, se enfrenta a los que le oprimieron. Tiene fuerza, tiene valor para enfrentarse a todos: Así que pensaste que podías apedrearme sin más. Pero el tiempo pasa, las fuerzas se van, y poco a poco envejece, aunque cuando comienza a darse cuenta sus dientes ya duermen en un vaso. La guitarra pierde su fuerza arrebatadora, se acerca a una melodía de misa. Vuelve el piano, pero esta vez como el bastón que acompaña al anciano hasta su tumba. Nada me importa en realidad. Las notas son cada vez más lentas, los latidos son cada vez menos, hasta que desaparecen. Al final, el legado es siempre el mismo. El viento, que aparecía al nacer, vuelve a aparecer al morir. La canción, como la vida, es siempre el último suspiro, el último mensaje: Anyway the wind blows. El viento sopla, se lleva las cenizas del anciano y acaricia el pelo del recién nacido. Un círculo cerrado, que comienza y acaba con la muerte, y que comienza y acaba con Mercury, May, Deacon y Taylor cantando a la vez: el dolor y la alegría unen al hombre y marcan la vida.
miércoles, septiembre 02, 2009
miércoles, agosto 19, 2009
Las bombillas se reflejan en tu pelo, en tus ojos, en tu cuello. Sentado en la cama te observo y disfruto de la vida, porque verte es mi vida. Las manos, expertas, van del cepillo a la sombra de ojos, todo el tocador es un altar construido en tu honor. El móvil vibra, y sonríes, y yo sonrío. Te acercas a la cama y te sientas a mi lado. No me miras, pero me da igual. Me pierdo en tu perfume, floto en la felicidad que se derrama sobre tu cuello. Te vuelves hacia mí, me miras pero no me ves, y tratas de espantarme. Me alejo un poco, y sigo disfrutando. Mi pequeño cuello se balancea de un lado a otro, siguiendo tus caderas, tu sagrada tripa, donde bebería mil rones o cien cavas. No puedo evitarlo, salgo volando hacia esa peca que me vuelve loco, quiero acariciarla, quiero sentirla parte de mí. Me acerco, me da miedo tocarla, me da miedo ser parte de ti, pero al final lo hago. Te vuelves y me descubres, intentas cazarme. Intento huir, pero eres más rápida. Mis pequeñas alas no pueden huir del matamoscas, y al final acabo en tu tocador, al lado del pintalabios. Sangro, lloro, pero me enternece pensar que soy parte de tu altar, que estoy justo al lado del objeto que cada noche besa tus labios. Poco a poco me muevo, yo también quiero probar esa miel, pero me ves, y no me dejas huir al cielo. Me arrojas al suelo. Tu zapatilla, ese perrito marrón con ojos saltones que me cautivó, se cierne sobre mí. Cierro los ojos, siento tu perfume, y soy la mosca más feliz del mundo.
miércoles, agosto 12, 2009
Francis Bacon: Study after Velazquez's Portrait of Pope Innocent XPD: Como esto es algo nuevo, explico el funcionamiento. A partir de ahora, junto a las típicas idas de olla y vídeos de youtube (los dos pilares de mi blog, como ya he dicho alguna vez), también publicaré cuadros y fotografías que me llamen la atención. Como siempre, un abrazo.
jueves, agosto 06, 2009
Es natural en el ser humano asociarse con aquellos que son más similares, con el fin de vencer a los diferentes, que siempre se han considerado los "malos". Sin embargo, esta asociación que en ocasiones puede ser legítima, en el terreno cultural solo conlleva problemas. En la guerra, los soldados no piensan, o al menos no se les paga para que piensen, sino que actúan. En la paz, por el contrario, las personas debemos pensar, y no podemos pensar correctamente si solo nos reunimos con nuestros amiguitos. Lo cómodo es pasar la vida entera con tus amigos de la infancia, cuyos secretos e ideologías conoces, pero no es lo mejor. El ser humano en general solo avanza cuando se encuentra con situaciones diferentes, en lugares distintos, con personas desconocidas. Es entonces cuando la filosofía, el arte, la política o la seducción progresa, y supera el estancamiento inicial. No se trata de abandonar las bases, de olvidarse de nuestros amigos de la guardería, sino de construir sobre esas bases, de enriquecer nuestra relación con las aportaciones de terceros. En el pasado, los emperadores y príncipes solo se casaban con familiares, con ramas dinásticas similares. Esta endogamia produjo una degeneración que condujo al final de muchas familias, como el caso de los Austrias con Carlos II. En el panorama intelectual (palabra pretenciosa pero necesaria) ocurre lo mismo; si escuchamos solo un tipo de música, si leemos solo un tipo de novelas, si frecuentamos solo ciertos bares nos arriesgamos a la muerte, no de una dinastía, sino de nuestra cabeza. Por eso, no debemos encerrarnos en nuestros gustos, sino intentar comprender al otro, no solo en el terreno artístico, sino en todos. Un abrazo.
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