y admirarlos.
Mirarlos, y perderme
en ese brillo, en esa vida que es la que
me falta, la que miro por la ventana
cuando nacen los fuegos artificiales
y la que extraño en cada parada del bus,
en cada paso sin dueño
Bueno, tú eres la dueña de todo,
de mis palabras, de mis logros,
pero nunca de mis ojos.
Porque mis ojos nunca brillarán como los tuyos
y no serán más que un quieto reflejo,
un lago al que te asomas y del que te sorprendes.
Un lago cuyo único atractivo son tus ojos, tu mirada.
Tú.