Mi madre tiene una frase que siempre me ha fascinado: Si todos vienen a mi casa, por algo será. Lo que quiere decir es que la mejor forma de comprobar si una persona es "buena" es por sus amigos, no por el número, sino por su relación con ellas. No creo que yo sea bueno, pero tengo unos grandes amigos, los mejores que podría imaginar. Hoy, 18 de julio, es mi cumpleaños (sí, ya sé, una mala fecha en la historia de España), pero para mí siempre ha sido un día normal, excepto porque tengo que contestar llamadas de familiares y fingir emoción por hacerme viejo. Sin embargo, este año ha sido totalmente diferente. Ha habido 3 detalles que me han hecho llorar (de momento solo 3, que nadie se sienta ofendido), y han sido 3 muestras del cariño más grande. Dos han sido entradas dedicadas en dos blogs, y otra ha sido de mis amigos de toda la vida. Mi primera lágrima de hoy ha salido en El atascado cajón de sastre, al leer las palabras que Luuu ha sacado desde lo más hondo de su corazón. Solo la conozco de un año, pero es como si la conociera de toda la vida. He llegado a un grado de compenetración casi perfecta, pensamos casi lo mismo casi a la vez, por eso llamamos la atención, por eso y porque somos diferentes, y estamos orgullosos de ello. Otra lágrima ha salido con otro amigo con quien también soy diferente, Gory, en Mi rinconcito musical. Una de las pocas personas que conozco capaces de decir que les gusta Eurovisión sin avergonzarse ni perder un ápice de su dignidad. He compartido muchos momentos con él, buenos y malos, y por eso estoy muy unido a él, a pesar de que lo conozco desde hace un año, y hace poco que intimamos, pero hemos llegado a tener una relación muy estrecha. Por último, mis amigos de toda la vida, que los mataría. Ayer se suponía que iba a ir a la gala de Míster Zaragoza, por motivos laborales, pero no fui. Sin embargo, mis amigos se plantaron allí dos horas esperándome para montarme una fiesta sorpresa, además de un magnífico regalo: una pluma estilográfica. Como no fui, grabaron este vídeo en mitad de la calle, todo para felicitarme. No sé qué puedo decir de ellos, porque a pesar de todo lo vivido, bueno y malo, hemos seguido unidos y hemos seguido siendo amigos, y debemos estar orgullosos de ello, porque hay muy poca gente capaz de decir eso. No creáis que esta entrada es de auto-alabanza, sino de agradecimiento, porque hay veces en la vida que solo se puede sonreír y decir gracias. Mil besos a todos, y gracias, simplemente por existir.
Llegaron las vacaciones
Esta es la primera entrada de Julio, después de bastante tiempo, y quizás pase bastante tiempo hasta que vuelva a actualizar. Mañana me voy a la playa, aunque seguro que entre arena y fiesta pensaré en vosotros. Como regalo, una de las mejores escenas de los últimos años, de la película ¿En qué piensan las mujeres?: Mel Gibson bailando I won´t dance, de Sinatra. Un abrazo veraniego, y que lo paséis muy bien.
Realidad
Hablaba con un amigo sobre los blogs, sobre cómo nos atan y cómo nos cambian, pero comentamos un asunto de pasada que me parece demasiado importante como para olvidarlo: la realidad. Parece sensato preguntarse qué hay de realidad en los escritos de los locos, que eso son precisamente los blogs. En mi caso, bastante, pero no todo. Me han preguntado miles de veces de dónde saco la inspiración para escribir, y mi respuesta es siempre la misma: de la vida. Sin embargo, el problema surge al escribir, y es que los sentimientos aparecen desbordantes, arrebatadores, totales. Cuando hablo de una mujer, no puedo decir que es guapa, tengo que decir que es la más guapa. Cuando hablo de una mujer, no puedo decir que me gusta, no puedo decir que quiero estar con ella; no. Tengo que afirmar que la quiero, aunque solo me guste. En el blog, creo una realidad a partir de un detalle, de un sentimiento, que igualmente está ahí, pero no tan exhuberante. La realidad está ahí, pero con tacones y peluca, aunque sus ojos siguen brillando igual.
Antes, Ahora, Contigo
Me sudan las manos. Acabo todas las palabras en "ao" y cuando hablo suelto tres o cuatro "digo". No sé andar el línea recta. No soporto dejar los brazos colgando, sin hacer nada, por eso siempre los pongo en jarras. Mi mano derecha es más grande que la izquierda. No puedo estar mucho pendiente del mundo, siempre acabo con los ojos clavados en el infinito. Odio el agua, odio las piscinas. No sé jugar a fútbol ni a baloncesto, ni puedo correr más de tres minutos. No puedo quedarme tres minutos quieto, siempre voy con el que está solo. Y sin embargo, te quiero. Cuando entras en la habitación, no puedo dejar de mirarte, aunque mi vista se clave en el cuaderno. Cuando bromeo contigo, caería de rodillas solo por el brillo de tus ojos, esos ojos que llevo grabados a fuego y a caramelo. Cuando me hablas, quiero que me abraces, y nos quedemos así para siempre, sin importar el frío o las personas. Te quiero, y por eso estaré siempre ahí, siempre esperando que me cantes una canción mirándome a los ojos, que discutas conmigo sobre el escaparate más tonto, o que simplemente me digas que soy bueno, no el mejor, solo bueno. Cada noche, cada día, pienso en ti, y me consuela imaginar que tú piensas en mí. Por eso te dedico estas palabras, porque si salen de mí, ya sabes que son tuyas.
Pequeñas cosas
Hay momentos en la vida en los que hay que pararse, y respirar. Cada día giramos más y más rápido, hasta que los días pierden su valor, y el tiempo es solo un concepto filosófico. Por eso hay que parar y mirar lo que hemos hecho, y lo que vamos a hacer, porque generalmente es en estos momentos en los que nos jugamos todo. Hemos ido jugando a vivir, creando proyectos y alianzas, como si fuera la vida un videojuego, pero aquí no existe el botón de pausa, ni la opción de cargar otra partida. Ahora estoy en uno de estos momentos. Termina el curso (aunque todavía queda un examen) y comienzan las vacaciones, y debo pensar. El año ha pasado demasiado rápido, han pasado demasiadas cosas, y todavía han de pasar muchas más. He cambiado mucho, y más que he de cambiar. Y, sin embargo, siempre hay puntos que permanecen, estelas que perduran tras el más furioso maremoto. En mí, estos puntos son los demás. En mí, estos puntos se han convertido en camino, piedras y bastón. Pero por fin me he dado cuenta de que eso es algo realmente mío. Si de algo ha servido este curso, ha sido para comprobar que mi vida son los demás, que mi felicidad es la de los demás, así como su tristeza. Sin embargo, esto que puede quedar muy bonito, tiene su contrapartida: si tu vida son los demás, ¿quién eres tú? Pues bien, todavía no he resuelto (o resolvido, que diría el moderador) ese interrogante, y algo me dice que me queda un largo camino por delante. Un abrazo.
PD: No viene mal insistir sobre el aspecto personal de este blog; no trato de molar a la gente, sino de escribir sobre lo que quiero. Que por algo es mío.






