domingo, 26 de octubre de 2008

El tiempo impresiona. No nos damos cuenta de que existe, de que nos devora; solo vemos sus efectos. Más allá de arrugas o estrías, afecta a lo que dijimos que duraría siempre, que siempre estaría allí: las relaciones con los demás. Resulta doloroso ver cómo con el paso del tiempo hay personas que se distancian, que se envuelven en la tibia niebla de la indiferencia, y ya no compartes esos momentos que daban sentido a la vida, sólo hablas. No me refiero a esos amigos que parten hacia tierras lejanas, sino precisamente de los que permanecen a tu lado, de los que viven en la casa de al lado, pero por una razón u otra no ves como antaño. Las promesas arrojadas al viento, los sueños en común, todo desaparece. Crecemos, dicen algunos. Yo digo que perdemos. ¿Hay algo más valioso que un amigo? Puedes perder el trabajo, el coche, pero un amigo... Un amigo no lo encuentras en un concesionario, o echando un currículum. Es más complejo que todo eso.
Pero el tiempo también cambia las relaciones en otro sentido. Resulta gratificante ver cómo gente que no veías desde hace años te recuerda y te quiere como el primer día que os conocisteis. Compartes las mismas bromas, las mismas discusiones. Nada ha cambiado. ¿Por qué? Porque en esa relación el tiempo no ha roído los lazos, ha sido la distancia. Y esa distancia puede recorrerse a la inversa, al contrario que el tiempo. Si fuimos a estudiar a Salamanca, sabemos que un día volveremos a nuestra ciudad, y encontraremos todo lo que añoramos. Sin embargo, el amigo de al lado no añora nada, porque lo tiene. Sin embargo, poco a poco va perdiendo esa conexión con su hermano del alma, sólo porque no lo aprecia (creo yo). Volvemos al viejo dicho de que solo se quiere algo no se tiene. En nuestro pensamiento, las relaciones permanecen igual, pero si vives esas relaciones, estas van cambiando, y generalmente este cambio nos disgusta.
Por todo esto, resulta más fácil tener un amigo en la Cochinchina que al lado, porque el de al lado existe, mientras que del otro solo conoces lo que tú quieres imaginar. Eso sí, los amigos de lejos, igual que los nuevos, pueden ser mejores que los anteriores, pero recordemos que un amigo, aunque no sea un amigo, siempre es alguien importante para ti. Un abrazo.

4 burradas:

Lorien Black dijo...

Hola! como siempre, qué razón tienes, yo no lo podría haber descrito mejor.
Cada vez que leo las entradas que publicas siento que es posible que haya personas que piensen igual que yo, y eso me alegra enormemente.

Un saludo muy grande :)

P.D: jej yo también he adoptado una mascota xD

Carlos dijo...

Jo, escribes cosas que a mi me resulta muy difícil (por no decir imposible) poner en palabras.

Cada vez me gusta más leerte, en serio.

Un abrazo!

[por cierto, qué tal la uni??]

Tatiana dijo...

"Cerrar circulos" de eso habla mucha gente. Lo que no entiendo tal vez como tu es porque hay que dejar ir lo que uno quiere, porque intentar llenar el vacio de esos sentimientos con otros sentimientos mas volubles. Miro al ser humano de ahora y me parece increible que seamos los mismos en carnes y espiritud que fuimos hace 10 años, nos volvemos frios, insencibles al amor del projimos. nos hemos convencidos que los arboles, animales y todas las especies terrestres somos iguales es tan comun sentirse tan solo en medio de una multitud porque ya nadie emana ese calor humano que deceas abrazar. un abrazo amigo, aqui estamos siempre.

camdem dijo...

En primer lugar, gracias pelotilleros. Aunque empecé escribiendo para mí mismo, en cierta forma ahora escribo para vosotros. Segundo punto, la uni va tirando, con sus más y sus menos (hoy hemos salido en la contraportada del Heraldo, lo que hace un profe que trabaja allí...) Y tercer punto, es una gran alegria tenerte otra vez aquí, tatiana (o Daisy, como te he estado llamando tanto tiempo, lo que me recuerda algo que tengo que hacer...)
En definitiva, gracias, es un placer teneros.

 

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