viernes, 3 de octubre de 2008

Después de hablar una y otra vez del tema, hoy por fin me he decidido a hablar de la melancolía. Mucho se ha hablado de ella, y desde el primer momento se la ha criticado, diciendo que era lo mismo que la depresión (de hecho así es en la omnisciente Wikipedia) Sin embargo, yo no lo veo así, a pesar de que tienen algunos puntos en común.
Es cierto que la melancolía consiste en tristeza, pero no como la depresión, que hace que todo se torne negro y no haya nada de vida en lo que ve. La melancolía es, desde mi punto de vista, cierta predisposición a la tristeza, pero no una tristeza que asfixia, sino a una que permite ver el mundo desde una óptica diferente, más crítica pero también más llena de matices y colores. El melancólico no ve el mundo como un monstruo que trata de acabar con él, sino como algo ajeno, algo que es bello pero que causa dolor, sufrimiento. La melancolía no trata de ser negativo empedernido, sino evitar ser un optimista que no vive la realidad sino su propio mundo de caramelo. En general, cuando la gente dice que alguien es un melancólico puede decirlo por 2 razones, ambas equivocadas para mí: bien porque no se relaciona y vive en su mundo, o bien porque afirma que el mundo no tiene sentido. En el primer caso puede ser desde un soñador hasta un egocéntrico, mientras que en el segundo es claramente un existencialista. Un melancólico siente el arte, siente la belleza de la vida, si bien esa belleza son precisamente detalles que nadie ve, que pasan escondidos a los ojos de la gente normal, pero que para él (o ella) son esenciales, lo único que vale en la vida. Un buen melancólico ayuda a los demás siempre que puede, porque siente sus problemas, sufre con ellos, los comprende mejor que nadie.
Hace unos años me enseñaron que se suponía que los melancólicos buscaban no buscar, querían no querer, no sentir en definitiva, y si en aquel momento lo pude entender (razones personales) con el tiempo me he dado cuenta de que no es así. El melancólico necesita sentir, porque es lo que le distingue de los demás, aunque nunca quiera expresarlo; son esos sentimientos los que lo motivan a seguir adelante, no quiere recibir nada, sólo sentir. Bien es verdad que el sentimiento que más se repite es el dolor, pero acepta las consecuencias y aún así ama la vida.
Resumiendo, se podría decir que el melancólico huye del ardiente y asfixiante sol de la alegría sin motivo, pero huye del callejón oscuro de la eterna amargura. La línea entre ambos es estrecha, y por eso nadie se toma en serio a los melancólicos, diciendo que son o deprimidos o niños que juegan a estar tristes. Pero la melancolía es mucho más que eso, si bien sólo he sabido explicar una parte de mi borroso punto de vista. Gracias por vuestra paciencia.

3 burradas:

Lorien Black dijo...

Hola! hey, lo de la prensa fue cierto, nadie había dicho que podía ser la tumba de Alejandro y van ellos y lo ponen! y eso que yo respeto mucho a los periodistas (serios)
jaja mira que a mi tambien me llama la profesión!

Con respecto al texto, qué decir, me has dejado totalmente sorprendida, porque yo pienso exactamente lo mismo. De hecho hay frases que me sonaron muy familiares porque yo también las uso, y hay cosas que yo también siento.

En serio, estoy gratamente sorprendida.

Como siempre, es un placer leerte.

Un abrazo muy grande :D

iván dijo...

Quien añora el pasado seguramente sepa encauzar el presente. Por que sabe los errores que puede cometer o por que volverá a cometerlos con tal de recuperar sensaciones perdidas. Ambas otorgan experiencia y sin ella es imposible seguir adelante.
Melancólicos hemos sido todos en algún momento. Depresivos no tantos. Afortunadamente.
Un abrazo!

Ladynere dijo...

[Si no recuerdo mal:] Melancolía proviene del griego y su etimología es melos-colos, o lo que es lo mismo, negras-entrañas.

¿No es una manera preciosa de nombrar lo que nos recorre el cuerpo cuando estamos meláncolicos?

;)
Un saludo!

 

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