sábado, 9 de mayo de 2009

Salimos afuera, dejamos atrás el adormilante calor para enfrentarnos al frío. La miro, siento cómo sus pasos son titubeantes, dudosos, hasta que empieza a hablar. Nos sentamos en un banco, la gente pasa a nuestro alrededor, y nosotros seguimos quietos. La gente ríe, canta, se arroja confeti. Dos lágrimas adornan sus ojos, nadie se ha molestado en escucharlas, en abrazarlas. Dos cristales rotos hablan de sus aristas cortantes, dos niños hablan de sus sueños. La miro, y me doy cuenta de que nunca encontraré otra amiga así, otro roto en un vestido, como yo. La abrazo, y entre el fango y la mierda siento que son cosas como esta la que me hacen sentirme vivo, y feliz. La miro, tiene frío, volvemos al calor. Volvemos a ponernos las máscaras.

2 burradas:

Mermeladademoras dijo...

Hay pocos amigos así, y son esos momentos de calor los que hacen que una sonrisa nos demuestre lo importante que es tenerlos cerca. Me ha gustado el texto, y he vuelto, espero que para no irme ya ;) un beso

Laura dijo...

Cuando hay una conexión especial con una persona, en este caso un amigo, puedes ver más allá de la máscara que nos ponemos todos frente al mundo, puedes conocer su vulnerabilidad sin necesidad de que te lo diga y aún así protegerlo y cuidarlo y sentirte dichoso de haber encontrado a alguine así en la inmensidad del globo.

Para mí es muy importante que un amigo te cuide, así que me ha encantado esta entrada en la que el yo queda muy lejos y sólo se siente el privilegio de la compañía de la otra persona.

Suertudos son los que también disfruten contigo este tiempo que te ha tocado vivir.
Un gran saludo :D

 

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