martes, 9 de junio de 2009

Mis manos sujetan con fuerza la pala. Los callos acomodan la madera, alguna madera se engancha en mi piel pero nada se clava. La cuchilla de metal se hunde en la tierra, en el cráneo de nuestra madre, y separa granos de granos, granos que irán a una avenida o a una pared. El sudor recorre mi espalda como una anguila eléctrica, que me obliga a cavar más rápido, antes de que el Sol se ponga. La tierra se va amontonando a mi alrededor, ¿cuándo he sacado tanta?, el agujero parece más una escalera al infierno, a mi infierno, que un simple vacío de contenido. Quizá el averno es eso, solo un vacío de algo que no sabemos si existió. Si fuera así, por fin he hallado el lecho para tu retrato, para mi calma. La gente pasa andando por la acera, niños con globos, abuelos con bastones. Esta es una calle más, este es un obrero más, pero en el montón de tierra que voy sacando puedo encontrar mechones de tu pelo, en ese volcán late en silencio tu mirada. Y yo sigo cavando, quebrando raíces para la vida, construyendo una tumba, no sé si para tu sonrisa o para mí.

2 burradas:

aqua dijo...

tú sigue cavando, yo seguiré cayendome para levantarme.

Laura dijo...

No sabría cómo interpretar esta entrada, supongo que es algo personal, pero como siempre haces de lo personal algo excepcional.

Significativa y ambigua, me fascina. Gracias por compartir estos fragmentos con el mundo, y gracias por tus comentarios, se aprecian mucho.

Espero que te vaya todo bien, un gran saludo ^^

 

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