domingo, octubre 11, 2009
Como muchos de vosotros sabéis, ayer empezaron las fiestas del Pilar con el tradicional pregón de fiestas, este año a cargo de José Antonio Labordeta. El día del pregón siempre ha sido mi favorito, porque la fiesta comienza en el autobús hasta la plaza, cantando, y sigue en la plaza del Pilar, cantando. Pero lo mejor, lo que más me gusta de las fiestas en general, viene a continuación, y son los fuegos artificiales. Cuando los miro, me veo como un niño pequeño que se aferra a un globo y suspira con cada explosión. Los fuegos artificiales me apasionan, porque creo que representan al ser humano en general, es una lucha del hombre por desafiar a la naturaleza y a Dios. Al lanzar un cohete, buscamos que llene la noche con su luz y su ruido. Buscamos crear nuevas estrellas, iluminar la oscuridad nocturna, y lanzar truenos que resuenen más que los del mismo Zeus. El hombre busca elevarse, abandonar la tierra y escribir su nombre en el cielo, equipararse a su creador, permanecer por encima de la mediocridad. Pero como somos hombres, somos mortales. Las luces se desvanecen poco a poco, el ruido pasa y la noche impone su velo. Pero lo que más me gusta, lo que no se puede copiar de quienes imitan a Dios, es la emoción, los cabellos que se erizan con cada detonación, la lengua que chasquea impaciente con cada estela que surca el cielo hasta que explota en miles de colores. El hombre nunca podrá escribir su nombre en la noche, pero siempre dejará un reguero de emoción, lágrimas y bocas abiertas en los niños que se aferran a su globo, ya les falten dientes o pelo.
miércoles, octubre 07, 2009
Pude equivocarme, pero no en esto. Dispara otra vez, clava más hondo el cuchillo, pero me da igual, porque tengo sus ojos aquí mismo, y lloran por mí. La sangre corre por mi sien, se mezcla con el sudor y el miedo, pero aun así sonrío, porque siento sus finas manos levantando, sus cabellos lavando mi cara. No soy Dios, pero no me podría sentir mejor. No sonríes cuando me ves, no saltas sobre el césped para que todos te vean, y por eso te quiero. Cuando sostienes tu carpeta, cuando simplemente estás de pie a mi lado, puedo ver la pauta del mundo, la razón del dolor, todo ha pasado para que tú llegues aquí, para que me mires, y suspires. No utilizaré condicionales, no voy a contar lo que te haría, porque no necesito más sueños: ya te tengo a ti. No quiero releer lo que escribo: no tiene sentido, y lo sé. No necesito que me lean, no necesito que me aplaudan, que me coronen; solo te necesito a ti y a tus abrazos. Solo busco un beso de tus labios, que me saque del pantano y me permita respirar. No vengas si no quieres, iré yo. Cortaré árboles, derribaré edificios, sembraré el caos y el fuego solo para tenerte. Pude equivocarme, pero no en esto.
domingo, octubre 04, 2009
Abel y Caín se detuvieron junto a la orilla del inmenso lago. Jamás habían visto nada semejante. –Ahí dentro hay alguien –dijo Abel, sin entender que lo que veía no era más que su reflejo en el agua. Caín reparó en lo mismo y levantó su bastón. La imagen hizo lo propio. Caín se preparó para el golpe; su imagen, también. Abel contemplaba la superficie del agua. Sonrió, y la imagen sonrió. Soltó una buena carcajada, y vio que el otro lo imitaba. Cuando se fueron de allí, Caín pensaba: «Qué agresivos son los que viven en ese lugar». Y Abel se decía para sus adentros: «Quiero volver allí, porque he encontrado a alguien hermoso y con sentido del humor».
domingo, septiembre 27, 2009
Te quiero. No sonrías así, no me gusta, me hace daño. La desidia hiere más que el acero. Mil veces. Vine solo a decirte que eres el nudo en mi garganta, las mariposas en mi estómago, el sombrero de paja. Cada metáfora eres tú. Cada nota, cada adoquín, ahí estás tú. Y por eso doy gracias al cielo, porque estás. Me da igual ser la mosca que un rapero, porque tú estás. Cuando tomo apuntes, debo controlar la mano para que no dibuje tus ojos. Cuando respiro, debo tener cuidado para no gritar tu nombre. Cada paso que me ha traído aquí, hasta la habitación 502, ha sido una palabra tuya. 502 palabras, no todas dichas, ni siquiera todas reales, pero tuyas. Por mi camino he recogido mechones de pelo, labios resecos y escamas. Ahora muero en el marco de la puerta; deseo decirte que el sol brilla para que tus ojos reluzcan, que el viento silba para despeinarte, pero solo me observas por la mirilla. Esto es un juego sin final, pero tampoco tiene principio. Todo es un flujo de vainilla y hielo, un río de cerezas. Todo viene y va, todo gira y vuelve a comenzar, pero hay cosas que permanecen enarboladas por algunos locos. Como por ejemplo, un te quiero.
viernes, septiembre 18, 2009
Hoy seguimos con conversaciones con amigos. El otro día estaba hablando con unos amigos sobre la palabra bohemio. No sé cómo, salió esa palabra, y se sorprendieron de que la calificara de insulto. Antes, un bohemio era un verdadero artista, despreocupado de la reacción de los demás, solo centrado en su obra. Sin embargo, ahora los que se llaman bohemios son aquellos que solo buscan que la gente les aplaude. Han construido una fachada que "mola", utilizan el arte como una forma de atraer a grupis deseosas. Además, suele pasar que los bohemios se autoproclaman como tales y se adueñan de escenas bucólicas, como tumbarse en la carretera, cuando en realidad el arte no es así. Odio a los bohemios a muerte, son los especímenes que más detesto. Yo no soy nada, pero me gusta el arte, necesito el arte, y odio la gente que utiliza el arte para hacerse notar, para atraer más chicas al asiento de atrás. Odio que muchas personas solo vean las poses al pintar, las camisetas molonas del batería en el concierto, y no vean más allá. Odio que el arte se prostituya y se convierta en luces de neón para moscas indecisas. Odio a los bohemios guays, y amo a los artistas que no se lo creen. Un abrazo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


